Miedo a las redes sociales

Papelería y tienda de prensa de Ceclavín. :: A. T./
Papelería y tienda de prensa de Ceclavín. :: A. T.

En Semana Santa, el HOY se agotaba en los pueblos y la gente leía

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

No me puedo quejar del tiempo que me ha tocado vivir. Al menos en la primera parte de mi vida. Nací cuando España empezaba a desarrollarse y tuve una juventud plena de emociones y de esperanzas con la llegada de la democracia, cuando creíamos que casi todo era posible, los 80, los 90, décadas abiertas a los proyectos y a los sueños, tiempos estimulantes y divertidos.

Extremadura vivió entonces una etapa de desarrollo como nunca había tenido desde el siglo XVI. La entrada en la Unión Europea y la desaparición de las fronteras nos situaron en otra etapa histórica de unión con Portugal, como cuando la Lusitania romana, el reino moro de Badajoz o el reinado de Felipe II, Extremadura y el Alentejo sin fronteras, guerras ni desconfianzas. La autovía Madrid-Lisboa nos colocó en una posición estratégica y el AVE entre las dos ciudades iba a ser la guinda del nuevo tiempo.

Pero llegó la crisis y todo se torció. Para empezar, el AVE se frenó y después, llegó el tiempo viejo de la desconfianza, el miedo y la mordaza... No entre España y Portugal, sino entre nosotros. Lo que parecía ser un aire de libertad y conocimiento, es decir, las redes sociales, ha acabado colocándonos en una posición de autocontrol por miedo a la violencia verbal y al linchamiento social. Las gentes no se expresan con total libertad, y no me refiero a los casos extremos de barbaridades y locuras como desear la muerte y cosas así, sino a pensamientos sencillos, a ilusiones y sueños como los de los 80 o los 90, que ahora, si se expresaran, serían destrozados por la jauría acechante.

Hay mucha red social y mucha aplicación, pero también mucha autocensura y demasiado miedo a decir lo que se piensa, a ser heterodoxo, original, diferente... ¡creativo! Ya no me gusta el tiempo en que vivo.

A Pío Baroja tampoco le gustó el tiempo histórico que le tocó vivir. Nació en 1872 y murió en 1956, pero añoraba la parte del siglo XIX que no vivió: hasta 1850, cuando el romanticismo insufló libertad, afirmación individual, sueños revolucionarios, proyectos y posibilidades. Pero Baroja nació después y, en su juventud, sufrió una época de instintos domesticados, de corrección política, de hipocresía, de intereses garbanceros, miedo social y moralidad vigilante y asfixiante. ¿Les suena?

En el tiempo que le tocó vivir a Pío Baroja, también hubo grandes avances mecánicos, pero, aunque hicieron la vida más cómoda, también la hicieron más aburrida. A Baroja, le parecía mucho más excitante leer una novela a la luz de una lámpara de aceite y abrigado con una manta que leerla en una casa con calefacción y luz eléctrica. Pensaba el escritor vasco que a los lectores modernos de su época, los libros les parecían pesados y preferían leer periódicos ligeros, oír la radio y pensar en vulgaridades. Además, tanta comodidad impedía, según Baroja, la aventura individual porque todo el mundo estaba fichado y todo estaba reglamentado y controlado. ¿Les sigue sonando?

En nuestro tiempo, ha desaparecido el estímulo de buscar y comprar un libro, hacer una foto y revelarla, leer un periódico demoradamente en un café, encontrar un disco o ver una película. Todo es tan fácil y tan cómodo que aburre y la falta de tiempo, la inmediatez, la prisa y la hiperabundancia de mensajes e informaciones nos han apartado de la lectura sosegada y del placer del conocimiento analítico, profundo y crítico.

Esta Semana Santa, en Ceclavín (1.871 habitantes), me sucedió algo curioso. A las nueve de la mañana, me acercaba al pueblo a comprar el pan, comprar el HOY y tomar café. Pues nada, imposible, a esa hora tan temprana ya se había agotado el HOY. Había una razón: Ceclavín estaba lleno de forasteros descansando, gente con tiempo para leer y recuperar las costumbres de los 80 y los 90: la charla, el paseo, la lectura, los sueños y hasta el tren Madrid-Lisboa. Baroja no conoció buenos tiempos. Yo sí y estoy seguro de que volverán. Espero.

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