Con el litio no se juega

Porque al final, la pregunta siempre es la misma: ¿está Extremadura –y Cáceres más concretamente– en condiciones de dar carpetazo a un proyecto industrial importante, sin estudiarlo a fondo, incluyendo si es preciso como obligación primera e incluso simultánea la recuperación medioambiental de la zona afectada?

TERESIANO RODRÍGUEZ NÚÑEZ

El periódico económico ‘Cinco Días’ publicaba el pasado 18 de enero los resultados de un estudio elaborado por el Colegio de Economistas de Murcia y el Consejo Económico-Social de la Región. El estudio refleja las variaciones económicas que se han producido en las Comunidades Autónomas españolas entre 2013 y 2016. Los mejores índices económicos corresponden a Madrid, País Vasco, Navarra y Cataluña; las mayores variaciones en tantos por ciento se han dado en Baleares (27,9), Andalucía (27,4) y País Vasco (18,7). ¿Dónde queda Extremadura en estos listados? Desgraciadamente, en el último lugar. Pero no es sólo eso, que no nos cogerá de nuevas: es que es la única región de España que presenta un saldo negativo entre las fechas de referencia nada menos que del -6,9 por ciento.

Los datos no son para sacar pecho y deberían preocuparnos a todos, comenzando –naturalmente– por los que han asumido responsabilidades de gobierno a nivel nacional y de ahí para abajo. Tanto la situación actual de Extremadura como el futuro que se entrevé partiendo de estos datos son para quitar el sueño a todos, especialmente a quienes tienen responsabilidades de gobierno y a quienes ostentan la representación de los ciudadanos desde la oposición. Pero las responsabilidades son de todos. De un tiempo acá está sobre la mesa un tema importante y complejo, que viene dando mucho que hablar: la posibilidad de explotar una mina de litio en la zona de La Montaña de Cáceres. Que a Cáceres, igual que a cualquier otra ciudad o pueblo de Extremadura, no le vienen mal industrias que generen empleo y riqueza, parece evidente. Cáceres tiene en su carácter monumental su principal activo, el turismo. Como capital de la provincia es también un centro administrativo importante; como lo es la Universidad. Pero su tejido productivo presenta un desequilibrio evidente por lo endeble y escaso de su sector industrial.

En estas circunstancias llega la noticia de la existencia de un gran yacimiento de litio en las inmediaciones de La Montaña y la voluntad de una empresa de explotarlo. La Montaña es un lugar casi totémico para cualquier cacereño que se precie. Por una parte, su zona más alta está coronada por el Santuario de la Virgen de la Montaña, patrona de la ciudad, lo que convierte el lugar en centro de devoción para gran número de cacereños. Además de eso, la Montaña es el elemento diferenciador y casi sustantivo en el paisaje cacereño. Esta doble circunstancia es más que suficiente para que se produzca la división de pareceres entre el vecindario, que acaba decantándose, no sé si de forma mayoritaria aunque sí de manera explícita, por la negativa a la explotación de una mina en su entorno.

No sé si están claras todas las circunstancias que concurren o pueden concurrir en una explotación minera de esta naturaleza. Se ha hablado tanto de explotación en galería como de explotación a cielo abierto. En este último supuesto, el destrozo paisajístico sería mayor, bien que dependiendo siempre del tratamiento posterior que se diera a los terrenos afectados. A este respecto me parecen del máximo interés varios artículos publicados días pasados en estas páginas, tanto por el tema en sí como por la categoría científica que cabe suponer en sus autores. El primero, aparecido el pasado 25 de enero, lleva por título «¿Economía ‘verde y circular’ para Extremadura?» y lo firma J. Mora Aliseda, profesor de Ordenación del Territorio en nuestra Universidad. Defensor desde hace años de los valores ecológicos de esta tierra, entiende sin embargo que se impongan dietas de adelgazamiento para regiones industriales «gordas en economía y polución»; pero aplicarlas a una región como Extremadura, carente de tejido industrial, con una población en regresión, con la tasa más alta de paro y los niveles más bajos de renta, «sólo conseguirá que ingrese definitivamente en la UCI para enfermos terminales». Unos días después era el catedrático de Física Aplicada, F. Cuadros Blázquez, quien volvía sobre el tema con un artículo titulado «Sobre la Economía Verde y Circular», para alinearse en la preservación del medio ambiente mediante la utilización de energías renovables, la no contaminación, la reutilización de residuos… en suma, preservando «el Medio Ambiente y entregarlo en el mejor estado posible a las generaciones futuras».

Metido ya en harina, tendría que referirme a otro artículo, éste de mi antiguo compañero y siempre amigo J. J. González, titulado «El litio: cerca y lejos», en el que apunta la escasa información de los promotores, la desconfianza de los políticos y lo fácil que es decir no, a pesar de lo que puede representar para Cáceres. Por supuesto que no podía escapar tema de tanto interés al análisis siempre agudo y crítico de la también amiga y compañera de tantos años Manuela Martín. Pero en esta referencia a opiniones cualificadas sobre la mina de litio no puedo pasar por alto el artículo del ingeniero de Caminos y profesor de la Uex, Santiago Hernández, publicado en esta misma página el pasado 1 de febrero: «Hay que tomarse en serio los EIA» era su título. Y ese era también su final, añadiendo la razón: porque «son nuestro seguro frente a las ocurrencias y seguir hasta el final, caiga quien caiga». Lo que el autor plantea es la necesidad de que el obligatorio Estudio de Impacto Ambiental considere el desarrollo del proyecto, con todas las acciones a ejecutar, así como las contingencias que se pueden producir y las soluciones a adoptar en cada caso. En suma, que con un EIA riguroso en su redacción y ejecución no debería haber lugar para las sorpresas. Entiende el doctor ingeniero que hoy día el desarrollo técnico permite acometer obras sin causar los destrozos medioambientales del pasado.

El pasado jueves, el proyecto de la mina estuvo en la Asamblea. El consejero de Economía e Infraestructuras, J. L. Navarro, aseguró que el EIA preceptivo se hará con todas las de la ley; ello no fue óbice para que el PP ejerciera por boca de J. A. Monago la oposición más contundente. Lo de siempre. Mala cosa cuando en proyectos en los que deben primar los aspectos técnicos y económicos se entrecruzan intereses político-partidistas. Porque al final, la pregunta siempre es la misma: ¿está Extremadura –y Cáceres más concretamente– en condiciones de dar carpetazo a un proyecto industrial importante, sin estudiarlo a fondo, incluyendo si es preciso como obligación primera e incluso simultánea la recuperación medioambiental de la zona afectada? Eso es lo que planteaba el profesor Santiago Hernández sobre el EIA en el artículo citado más arriba. Y lo que este escribidor ha escrito en el titular: «Con el litio no se juega». Y con los ciudadanos, menos.

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