Lecciones para Extremadura

EDITORIAL

La diferente gestión de los bosques en el país vecino debe empujar a las administraciones españolas a redoblar esfuerzos en concienciación

El pavoroso incendio forestal iniciado el pasado sábado en la localidad portuguesa de Pedrogão Grande, a 50 kilómetros de Coimbra, que ha causado al menos 63 muertos, constituye en sí mismo una tragedia de tal dimensión que obliga a reflexionar acerca de varias cuestiones. La primera de ellas, desde nuestra perspectiva de región próxima al país, sería plantearnos si una catástrofe así (un «cataclismo», por utilizar un término habitual ahora en la prensa portuguesa) podría suceder en Extremadura. La respuesta probablemente, aunque no con seguridad, es ‘No’. A pesar de que las áreas forestales existentes en esa zona portuguesa y en algunas comarcas extremeñas son muy similares (básicamente pinares y eucaliptales) así como las condiciones meteorológicas sufridas estos días, deben tenerse en cuenta un conjunto de diferencias. Por ejemplo, mientras España y Extremadura en su conjunto cuentan con servicio de bomberos forestales profesionales y con mandos técnicos muy cualificados, en Portugal todo el servicio de bomberos es voluntario, aunque sus miembros están remunerados. En el caso de Extremadura tampoco son tan frecuentes como en Portugal esos minifundios con pequeñas aldeas rodeadas de vegetación y sin ninguna zona de seguridad que actúe de ‘cortafuego’ o facilite el acceso de camiones y vehículos pesados. Y quizás la diferencia más relevante, en Portugal la mayoría de los montes forestales son de gestión privada y no se caracterizan, precisamente, por un trabajo continuo durante todo el año en tareas de prevención y saneamiento. En ese sentido hay que reconocer la labor de las distintas administraciones en Extremadura cuando contribuyen de manera efectiva en labores de concienciación a la población y promueven y subrayan la necesidad de que las fincas y montes forestales cuenten de manera regular con una gestión activa, con gente en el campo que gestione esa riqueza de forma permanente, profesional y responsable. El monte si no se cuida acaba acumulando toneladas de masa vegetal que terminarán quemándose, tarde o temprano. No se trata solo de elaborar los correspondientes planes de evacuación que coordina Protección Civil, sino de que a nivel particular exista una conciencia generalizada del peligro potencial de los incendios forestales y de los importantes intereses económicos y humanos que se ponen en juego si no se produce una correcta gestión de todos nuestros bosques. Es un tema serio, tanto que ayer mismo se declararon tres incendios en Villanueva de la Sierra, Trujillo y Cañaveral.

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