De Las Hurdes a Illinois

Jonathan vive en un municipio llamado Harvard (unos 9.000 habitantes) y que pese al nombre, no está relacionado con la afamada universidad :: hoy/
Jonathan vive en un municipio llamado Harvard (unos 9.000 habitantes) y que pese al nombre, no está relacionado con la afamada universidad :: hoy

Jonathan Bravo, que reside en Pinofranqueado, es profesor visitante en Estados Unidos | Su gran pasión es el deporte y recorre cientos de kilómetros con hospedaje gratis gracias a la comunidad Warmshowers

María Fernández
MARÍA FERNÁNDEZCáceres

Hace una década se compró un remolque para la bicicleta y con él, comenzó su periplo viajero. Jonathan Bravo Díaz (nacido en Plasencia en 1981 y residente en Pinofranqueado) es un hurdano de los que hacen tierra allá donde van. En Londres descubrió el programa de profesores visitantes en Estados Unidos y Canadá y desde entonces, se comenzó a preparar desde su pueblo para integrarse en un proyecto que por entonces le era lejano pero que ya es una realidad. Vive en la ciudad americana de Harvard (más de 9.000 residentes), situada en el condado de McHenry, en el estado de Illinois, y que pese al nombre no tiene nada que ver con la afamada universidad. Allí trabaja como profesor de matemáticas y compagina su profesión con su gran pasión, el deporte, a través del que recorre kilómetros de geografía gracias a la comunidad Warmshowers, un intercambio a nivel mundial gratuito de hospitalidad para cicloturistas.

Después de licenciarse en Física por la Universidad de Salamanca, preparó las oposiciones para Educación Secundaria en Madrid, donde empezó a trabajar como profesor interino. En un parón, y tras conocer a una canadiense, su interés por el inglés crece y decide irse a Londres para estudiar el idioma. Allí descubre el programa de profesores visitantes, de tres cursos de duración y en el que colaboran los ministerios de educación de Estados Unidos y Canadá. Al cuarto intento, en 2015, es seleccionado por el distrito 50, donde continúa y donde espera que le concedan una extensión del programa por dos años más. Así fue el comienzo de su aventura americana, hace ya tres años.

«El comienzo fue difícil y estar lejos de mi familia y de mi perra, Libra, lo hizo más duro aún. Durante el primer curso, no tenía mi propia clase, hecho que me hacía sentir inferior al resto de profesores del centro. Además tenía que enseñar exclusivamente español para los hijos de los inmigrantes mexicanos que viven en la ciudad. Pero el curso pasado me dieron mi propia clase. Fue un gran reto empezar a dar clase en inglés, pero a la vez me ha hecho mejorar mi nivel de manera exponencial», explica el joven.

«Estados Unidos cuenta con bibliotecas públicas muy buenas»

«En todo momento me he sentido como en casa, cómodo en todo lugar»

Los dos primeros años dio clases en Woodstock (como curiosidad, cuenta, en ella se rodó la película 'Atrapado en el tiempo') y este tercer año, con aula propia, imparte enseñanza en Harvard. Cada distrito educativo les asigna un mentor a los profesores visitantes que les hace la transición lo más llevadera posible. A Jonathan le guió Armando Valdés, un cubano que trabaja en Harvard High School desde 2001 y que ahora es un gran amigo.

Vive en la ciudad, donde comparte apartamento con otro español que llegó el mismo año que él. La comunidad le ha abierto sus brazos y él se ha dejado querer. «Uno de los aspectos que me gusta de esta cultura es que el deporte ocupa un lugar privilegiado, y son muchos los recursos disponibles. Además cuentan con bibliotecas públicas muy buenas, y esa es otra de mis pasiones, cuenta».

Siempre le gustó probar sus límites físicos, y lo demuestra en cada uno de sus viajes en solitario. Este pasado verano, planeó uno a la costa este de Estados Unidos como entrenamiento para el Ironman (exigente prueba que combina kilómetros de natación, de ciclismo y de carrera a pie) de Madison -en Wisconsin-. Así, su ruta debía pasar por lugares con lagos donde pudiera nadar.«Y gracias a la comunidad Warmshowers -indica- formada por personas apasionadas por los viajes en bicicleta dispuestas a alojar de manera desinteresada a ciclistas, he conocido a muchísimas personas maravillosas, y he conocido con mayor profundidad este país». Entre otros sitios, pasó por las Cataratas del Niágara, Nueva York, Boston y Washington.

El Ironman se celebró el pasado 10 de septiembre. Este año, se 'conformó' con terminar la carrera, pero para el próximo, su objetivo será clasificarse para el Ironman de Hawaii. Sus padres presumen en Pinofranqueado. Hijo de Vicente Bravo, guarda forestal jubilado, y la peluquera Modesta Díaz, tiene una hermana, Bianca, que es maestra de audición y lenguaje en Torrecilla de los Ángeles.

«Tremendamente acogido»

Jonathan cuenta su experiencia en su página de Facebook, donde nombra a cada una de las personas que le acogen mientras está de viaje. «Desde el primer día, cuando conocí a Nick y su mujer en el camping de Indiana Dunes State Park, pasando por Canadá donde tuve la suerte de convivir con Bobby y Margaret, o en Worcester, Massachussets donde disfruté del Día de la Independencia con Dale y Susan, hasta mi vuelta en tren desde Washington sentado junto a Beckie por más de 17 horas, me he sentido tremendamente acogido en todos los lugares. En todo momento me he sentido como en casa, cómodo en todo lugar, con escasa necesidad de volver, si acaso para ver a mis amigos en Illinois, que ahora se han convertido en una parte fundamental en mi vida», escribe en una de sus publicaciones en la red social.

Así, Bravo ha encontrado en el deporte una manera de ir conociendo no sólo el país, sino también, a sus residentes. El verano anterior voló hasta Los Ángeles, desde donde arrancó la vuelta a Woodstock a lo largo de la mítica Ruta 66. «Con el desvío al Cañón del Colorado creo que fueron unos 4500 kilómetros en cosa de 36 días. Fue agotador, porque sólo descansé un día, pero mereció la pena», resume. A medida que pasa el tiempo se siente más cómodo en su día a día en Estados Unidos. La población en Harvard es predominantemente de origen mexicano, explica, «pero la cultura es similar a la de cualquier ciudad del Medio Oeste americano, lo que quiere decir que el carácter de las personas es más distante y formal».

Él se siente como en casa y de hecho, no descarta quedarse allí. Lo único que lleva peor es el frío en invierno, con temperaturas muy bajas y nevadas habituales. «Estos dos inviernos que he pasado aquí han sido cálidos, y apenas hemos tenido nieve comparado a lo que es normal aquí. Pero la temperatura es tan extrema que no hay vida en la calle y echo de menos correr y montar en bicicleta en esta época del año». Con objeto de aprovechar al máximo la experiencia sólo ha venido a España en dos ocasiones. En su maleta de vuelta a Harvard, higos extremeños y muchas ganas de seguir superándose.

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