Los integradores sociales reclaman su sitio

Clase del grado superior de FP en Integración Social en el IES Al-Qázeres, en Cáceres. :: /lorenzo cordero
Clase del grado superior de FP en Integración Social en el IES Al-Qázeres, en Cáceres. :: / lorenzo cordero

Alumnos del grado superior de FP alzan la voz para pedir a las administraciones que cuente con ellos para sus plantillas

Antonio J. Armero
ANTONIO J. ARMEROCáceres

Hace unas semanas, un grupo de jóvenes de Cáceres se echó a la calle armado con una lista de sitios que visitar, unos trípticos informativos elaborados por ellos y unas galletas caseras bastante buenas para un goloso a la hora del almuerzo. Si Mahoma no va a la montaña... Eso hicieron ellos. Animados por sus profesores, los alumnos del grado superior de FP en Integración Social del Instituto de Enseñanza Secundaria Al-Qázeres, en Cáceres, decidieron iniciar una campaña puerta a puerta para dar cuenta de que ahí están ellos y sus estudios. De que además de los trabajadores sociales y los educadores sociales, también están los integradores sociales.

Por ejemplo: Chari Sánchez García, placentina de 36 años que terminó este ciclo de Formación Profesional el curso pasado. «Me encantó, me aportó una formación súper útil, aprendí mucho -dice a modo de balance-, pero creo que para poder trabajar voy a tener que hacer la carrera de Trabajo Social». Su testimonio resume sin necesidad de puntos y aparte una parte esencial del problema que refieren los integradores sociales. Quince años después de que estos estudios empezaran a impartirse en la región, titulados, alumnos y profesores aún lidian con dos evidencias: una parte importante de la población desconoce su existencia y para las administraciones, en plural, son casi invisibles. No hay oposiciones específicamente para la categoría de integrador social. O sea, a efectos prácticos, casi que no existe tal categoría profesional.

La profesión está recogida en el catálogo estatal de ocupaciones y reconocida por el Sexpe (Servicio Extremeño Público de Empleo), pero más allá del papel, su reconocimiento es limitado. A efectos prácticos, la categoría profesional es casi como si no existiera. De hecho, no hay en Extremadura oposiciones específicamente para ellos. «No pedimos la exclusividad, sino únicamente que se tenga en cuenta a la titulación», resume María José Galán Gamonales, profesora en el IES Al-Qázeres, el primer centro en el que empezó a impartirse esta formación junto al IES Bembézar de Azuaga. En la actualidad, se ofrece también en centros de Fuente del Maestre (IES Fuente Roniel), Caminomorisco (IES Gregorio Marañón), Cabeza del Buey (IES Muñoz Torrero) y Alcuéscar (IES Santa Lucía del Trampal).

30 plazas, 125 solicitudes

«En el caso del IES Al-Qázeres, son treinta plazas y cada año recibimos entre 120 y 130 solicitudes», detalla Ana Amigo Navarro, profesora en este centro de la capital cacereña. «Los menores, las familias, y sobre todo, las personas con algún tipo de discapacidad -amplía la docente- son los principales ámbitos de trabajo de los integradores sociales, aunque el abanico de tareas que pueden desarrollar es muy amplio».

Según el real decreto que regula el título de técnico superior en Integración Social (el 1074/2012), son 26 las ocupaciones principales a las que pueden acceder. Entre ellas: educador familiar, educador de personas con discapacidad o de educación especial, preparador laboral, auxiliar de tutela, monitor en centros abiertos, mediador comunitario, intercultural o vecinal, monitor de rehabilitación psicosocial, técnico de acompañamiento laboral o educador de base.

«Los integradores sociales tienen bastante prestigio entre las empresas y organizaciones de servicios sociales, porque la formación que reciben tienen un componente práctico muy importante», apunta María José Galán. Esos conocimientos teóricos y prácticos los reciben a lo largo de dos cursos académicos, que suman dos mil horas de clases. El currículum incluye prácticas, que en algunos casos pueden hacerse en el extranjero, en concreto en Inglaterra o Portugal.

Aunque la casuística es variada, es común que los alumnos accedan a estos estudios tras haber completado el grado medio de FP de Atención a personas en situación de dependencia. Y es habitual también que una vez que han logrado el título de técnico superior en Integración Social, sigan estudiando en la universidad, en la mayoría de los casos Trabajo Social o Educación Social, pero también Psicología.

«Los estudios de Integración Social -explica Ana Amigo- tratan de proporcionar a los alumnos las habilidades para trabajar en la mejora de la autonomía personal y social, y también en la inserción laboral, de los colectivos en riesgo de exclusión». Es decir: minorías étnicas, refugiados, inmigrantes, personas mayores, familias en riesgo de exclusión social, personas con discapacidad... Dadas las características sociales y económicas de Extremadura, buena parte de los integradores sociales que trabajan en la comunidad autónoma lo hacen en pisos tutelados, en talleres ocupaciones, coordinando servicios de ayuda a domicilio, en residencias para personas con algún tipo de discapacidad mental o con oenegés y entidades del ámbito social.

Chari Sánchez, la placentina que estos días hace sus prácticas en el Al-Qázeres tras hacer un curso de Docencia para la Formación, estuvo tres meses en la Casa de la Mujer de Cáceres. Allí hizo sus prácticas como integradora social. «Al principio -recuerda- fue duro, porque hay casos que te impactan, pero me ha gustado mucho la experiencia». «En mi día a día -explica-, acompañaba a mujeres al juzgado, al hospital o adonde necesitaran, les ayudaba a mejorar su autoestima y sus habilidades sociales, o a hacer trámites burocráticos; en definitiva, intentaba echarles una mano a empezar una vida nueva casi desde cero». O sea, hizo de integradora social, esa titulación que existe, que se ejerce y que estudian cientos de extremeños, aunque no aparezca en las oposiciones.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos