La UEx prepara cada vez más profesores y menos ingenieros

Las preferencias están cambiando: en siete cursos, la Escuela Politécnica ha perdido dos mil alumnos, y Económicas, mil

Una alumna repasa sus apuntes en el pasillo de una facultad.:: HOY/Gráfico
Una alumna repasa sus apuntes en el pasillo de una facultad.:: HOY
Antonio J. Armero
ANTONIO J. ARMEROCáceres

Quién no recuerda al doctor Vilches. Y sus borderías. Gracias a 'Hospital Central' (Tele5, 19 temporadas entre los años 2000 y 2012), en España aumentó el número de jóvenes interesados en carreras universitarias de la rama sanitaria, que les permitieran trabajar en un hospital tan divertido como el de la serie. En una época anterior, cuando empezó a haber un ordenador en cada casa, lo que primaba era hacer algo relacionado con la informática. Y antes aún, cuando en la tele había muchos menos canales que ahora, lo que se llevaba eran las ingenierías. La universidad no es ajena a las modas. El interés por unas y otras titulaciones va y viene, y este y otros motivos explican por qué en la UEx hay una carrera con 120 plazas y 2.215 aspirantes a empezar a estudiarla, y otra que en primer curso oferta cuarenta pupitres y solo se ocupan tres.

Esos dos extremos los marcan Medicina e Ingeniería civil en transportes y servicios urbanos. Y no es casualidad que la lista de las titulaciones más demandadas la lidere una de la familia sanitaria y la cierre una ingeniería. Ese orden en la clasificación es el resultado de lo que ha sucedido en los últimos años.

En siete cursos, la Escuela Politécnica ha perdido casi dos mil alumnos (tenía 3.271 en el 2010/11 y en el actual suma 1.291), y mil la facultad de Económicas y Empresariales (de 3.025 a 1.940). Y más de cuatrocientos la Escuela de Ingenierías Industriales (de 1.258 a 835). Y más de 200 la de Ingenierías Agrarias (de 856 a 647), según los datos de la propia universidad. En el mismo periodo, el número de matriculados en la facultad de Educación creció un diez por ciento. Y en la de Formación del Profesorado, un cuatro. Un seis en la de Ciencias, en Medicina también un seis...

Estas subidas y bajadas han motivado que la tarta del alumnado de la universidad extremeña haya cambiado. Tiene los mismos ingredientes que antes, pero en diferentes cantidades. Ahora, la facultad con más inscritos es la de Educación, y la Escuela Politécnica, que en el curso 2010/11 era la primera de la clasificación, hoy en día es la séptima. Queda claro, pues, que las preferencias a la hora de elegir una carrera universitaria están cambiando. Influye, claro está, la entrada en vigor del plan Bolonia, que implicó algunos cambios en las titulaciones. Pero también la crisis económica, entre otros factores.

«Sí, las modas influyen», ratifica Marisol Ferrera, que lleva 18 años trabajando en el SIAA (Servicio de Información y Atención Administrativa) de la UEx. Este departamento organiza cada año la feria educativa, a la que acuden jóvenes de los institutos, y también las jornadas de puertas abiertas, que les permiten conocer de primera mano las que unos meses después serán sus aulas. El SIAA organiza igualmente charlas en ciudades y pueblos, para aclarar a los padres las dudas que tengan sobre titulaciones, becas, trámites de inscripción... «El año pasado, a la sesión informativa en la biblioteca de Mérida fueron trescientas personas», detalla Marisol Ferrera para certificar que el asunto despierta interés lo mismo entre los adultos que entre los menores que apuran el Bachillerato. Estos últimos «están en una edad complicada, en la que aquellos que sienten vocación por una profesión concreta, lo tienen claro, pero en la que hay una mayoría que está preocupada principalmente por acabar el Bachillerato y que sobre la elección de carrera, piensa 'ya veré'». «Es relativamente frecuente –añade Ferrera– encontrarse con jóvenes que están pensando en una titulación y resulta que no se les dan bien asignaturas que son básicas para esos estudios». «Y también es más o menos habitual –añade– que tengan el sentimiento de 'Y si me equivoco al elegir...'. Ante esto, les trasladamos el mensaje de que efectivamente, eso puede pasar, pero que es peor quedarse con la duda de no haber dado el paso. Les decimos que tienen que perder el miedo, y que esto se consigue informándose».

Responsables de la UEx llevan todo el curso analizando fórmulas para adecuar su oferta a la demanda actual

«La crisis ha influido en la caída de matrícula en algunas titulaciones», explica Agustín Vivas, portavoz universitario

Otro de los temores, que suele afectar más a los progenitores que a los estudiantes, son las posibilidades de encontrar trabajo una vez que se gradúen. Solo hay seis titulaciones en la UEx con un cien por cien de empleabilidad a los tres años de haber acabado los estudios. De esa media docena, cinco son ingenierías, un tipo de carrera asociada a la dificultad. Y a la vista de los datos de la propia universidad, con razón. Seis de las diez carreras con mayor tasa de abandono son ingenierías. Y también seis de las diez con mayores tasas de rendimiento (créditos aprobados en relación a los matriculados).

«En esta compleja cuestión de las titulaciones con más y menos demanda, uno de los factores que hay que tener muy en cuenta es la coyuntura económica», apunta Agustín Vivas, que durante casi una década fue decano en la facultad de Ciencias de la Documentación y la Comunicación y que ahora ejerce como portavoz de la Universidad extremeña. «Somos conscientes de que la Escuela Politécnica y las de ingenierías han perdido alumnado en los últimos años, y estamos analizando la situación, pero creemos que uno de los motivos principales que explican este cambio es precisamente la situación económica que hemos vivido recientemente».

Los efectos de la crisis

Se refiere a la crisis, que como es sabido alcanzó tal dimensión que acabó salpicando a casi todos los ámbitos de la sociedad. También a la universidad. Un ejemplo paradigmático lo representa el grado en Edificación, impartido en la Escuela Politécnica y que ha sido víctima del derrumbe del sector de la construcción. En el curso 2009/10 lo eligieron como primera opción para iniciar sus estudios superiores 253 jóvenes, esto es, 97 más que las plazas que se ofertaban. Un año después, 221. Al siguiente, 161. Y en los cursos siguientes, el declive se acentuó: 99, 76, 61... Así hasta los 31 que lo han solicitado en el presente curso académico, el primero en el que no hay 160 plazas sino 40. Y aún así siguen sobrando.

Esta reacción ante la realidad, la de amoldar la oferta a la demanda, se ha hecho otras veces y se seguirá haciendo. Suprimir titulaciones es una opción, pero conlleva un proceso complejo, que no depende solo de la universidad. Es la Junta de Extremadura quien tiene la última palabra. La adaptación a las circunstancias del momento se puede hacer también de forma menos drástica, modificando los planes de estudios, algo que debaten continuamente las comisiones de calidad de los centros, pero que no es tarea sencilla. «Requiere un trámite complejo, que incluye el visto bueno de la Aneca (Agencia Nacional de Evaluación de la Calidad y Acreditación)», advierte Agustín Vivas.

Él explica también que durante el presente curso, el vicerrector de Planificación académica se ha reunido varias veces con los decanos de las facultades y los directores de los centros para tratar precisamente sobre este asunto: adecuar lo que la UEx ofrece a lo que la sociedad demanda. «Hay carreras con más mercado y otras con menos, es una evidencia», constata Vivas. «La demanda en las titulaciones evoluciona al ritmo en que lo hace la sociedad –amplía–, por eso la robótica, los drones, la sociedad de la información o la inteligencia artificial son ámbitos que ahora mismo atraen mucho a los jóvenes».

¿Y cómo trasladar eso a la cartera de titulaciones que ofrece la universidad? Creando titulaciones, claro, pero también a través de las denominadas intensificaciones. Consiste en reunir varias carreras de la misma rama, con contenidos similares, y juntarlas en una única titulación. Con un matiz: encontrar la fórmula que permite a los estudiantes que una vez que han completado una parte de sus estudios por ese camino común, puedan luego desviarse hacia la especialización que más les gusta, a la que dedicarían sus dos últimos años de estudios. «En cierto modo, es volver a la estructura que había en los años ochenta», ilustra el portavoz de la UEx, que cita otra evidencia a tener en cuenta: el hecho de que cada vez hay más carreras.

Para comprobarlo, basta echar un vistazo a la lista de ingenierías que se imparten en la región en este curso. Hay veinte: industrias agrarias y alimentarias, de explotaciones agropecuarias, hortofrutícola y jardinería, forestal y del medio natural, de materiales, eléctrica, electrónica y automática, mecánica, construcciones civiles, hidrología, transportes y servicios urbanos, de sonido e imagen en telecomunicación, tres informáticas (en ingeniería de computadores, en ingeniería de software y en tecnologías de la información), química, química industrial, telemática, geometría y topografía y por último, ingeniería en diseño industrial y desarrollo de productos. Y hay también un doble grado.

Los cambios

Tal variedad permite a los alumnos trazar sus estrategias a la hora de matricularse. Pueden preinscribirse en una teniendo claro que acabarán cambiándose a otra, algo que sirve no solo para las ingenierías, sino para cualesquiera otras titulaciones de la misma familia profesional. De hecho, es una práctica usual y legítima, que se vale también de la convalidación de asignaturas, más aún en el caso de las ingenierías, que tienen materias comunes en el primer curso. «Incluso hay quien se presenta a Selectividad una segunda vez, para intentar mejorar la nota de acceso y entrar en la titulación que verdaderamente le gusta», amplía Agustín Vivas, que hace una última reflexión, relacionada con eso que tanto preocupa a muchos padres: que sus hijos estudien algo que tenga salidas laborales.

«El empleo es, por supuesto, algo que nos preocupa mucho en la UEx, que de hecho tiene un departamento de orientación laboral y otro de emprendimiento, además de un parque científico y tecnológico, pero yo diría –argumenta– que la función de cualquier universidad es formar a los jóvenes, proporcionarles un bagaje cultural, ayudarles a que tenga espíritu reflexivo y sentido crítico, a que sepan interpretar la realidad».

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