«La gente vuelve al olivar»

De izquierda a derecha, Leandro, José, Justo, Félix, Abdón, Eulalio, Rogelio, Jesús y Juan C. :: E.R./
De izquierda a derecha, Leandro, José, Justo, Félix, Abdón, Eulalio, Rogelio, Jesús y Juan C. :: E.R.

La Inmaculada: 310 socios elaborando el mejor aceite en Torrejoncillo

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

El 11 de noviembre empezó a recogerse la aceituna en Torrejoncillo y hasta mediados de enero estarán llegando los remolques con olivas a la cooperativa La Inmaculada. «Este año viene mejor que el pasado. La temporada 2016-17 sacamos unos 13.000 kilos de aceite, pero en 2017-18 esperamos llegar a los 20.000», calcula Rogelio Llanos (Torrejoncillo, 1948), secretario de esta cooperativa de Torrejoncillo creada en 1956 y formada por 310 socios de Coria, Calzadilla, Portaje, Cachorrilla, Portezuelo, Holguera, Riolobos, Madrid, Bilbao y Torrejoncillo.

En La Inmaculada no venden aceite a particulares ni a distribuidores, toda la aceituna que entra se convierte en aceite que reciben los socios embotelladas, un aceite natural de primera calidad que este año, a pesar de la sequía, promete ser magnífica, mejor que en otras temporadas.

Visitamos la cooperativa un sábado por la mañana y la actividad es incesante. Los pequeños olivareros llegan con su carga de aceitunas y la dejan en la cooperativa para que el moderno módulo la pese, la lave, la limpie, la molture y la convierta en aceite para embotellar y en alpechín, que se llevará a Galisteo para que sirva como combustible o abono. La cooperativa de Torrejoncillo es un ejemplo de lo que sucede estos meses en cientos de pueblos extremeños: la recogida de la aceituna.

«La gente está volviendo al olivar. Hasta hace unos años, muchos vecinos del pueblo trabajaban en Madrid, ganando muy buenos sueldos y dejaban la aceituna en el árbol. Con la crisis, han vuelto al pueblo, vuelven a recoger la aceituna y eso se nota en que ahora llega a la cooperativa el doble de aceitunas que antes de la crisis», explica Rogelio.

En Torrejoncillo, llegó a haber tres almazaras, una de ellas tenía 10 prensas y trabajaba con cinco millones de kilos de aceitunas y tres turnos de trabajo. Los montones ingentes de aceitunas estaban al aire libre, se exprimían y salían regueros de aceite que la gente recogía. Hoy, solo queda la cooperativa La Inmaculada, aunque no ha sido fácil sacarla adelante.

El caso de esta cooperativa popular de Torrejoncillo, única en su género en los contornos, es muy particular. En la directiva están siete hombres y una mujer elegidos por votación. Ninguno cobra. Cuando Rogelio entró formando parte de un equipo, el aceite no era apto para el consumo y el inspector de Sanidad le dijo que la podían tirar. La razón era que la prensa y las instalaciones no servían. Enviaron entonces la aceituna a una almazara de Jaén, que se quedaba con el 17% del aceite. Eso era en 2002, pero se pusieron manos a la obra y revolucionaron la cooperativa. Vendieron unos terrenos colindantes, que Rogelio, topógrafo de profesión con mucha experiencia laboral en los Emiratos Árabes y en varios países de África, urbanizó. Con lo que sacaron, cambiaron en 2004 toda la instalación pagando 200.000 euros, pero sin pedir un duro a los socios. Instalaron molino, batidora, decatador, centrifugadora, depósitos con calefacción para que no se congele el aceite porque no quieren añadir ningún producto anticongelante. Todo nuevo. Ahora, acaban de instalar un módulo automático de lavadora, limpiadora y secadora (25.000 euros de subvención y casi 60.000 puestos por los socios).

A pesar de este esfuerzo, hay torrejoncillanos que llevan el aceite a almazaras de otros pueblos porque les entregan el aceite en el momento y en La Inmaculada han de esperar a que termine la cosecha. «No valoran lo que tienen en su pueblo», se lamenta Rogelio, ejemplo del extremeño luchador capaz de sacar adelante lo que se proponga.

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