Gaza nos avergüenza

Si Gaza tampoco nos despierta, corremos el riesgode seguir siendo sociedades cómpices, y lo peorserá nuestro silencio, que no podrá ser comprendidopor las generaciones que ya vienen

JOSÉ ÁNGEL CALLE SUÁREZDirector de la Agencia Extremeña de Cooperación para el Desarrollo

La reciente situación que se está repitiendo en Gaza tampoco nos hará despertar. Perdón si me pongo trágico o pesimista, cosa extraña en los que nos dedicamos a la cooperación pero la experiencia de trabajar en realidades difíciles, en distintas partes del planeta, nos ha enseñado algo que no termina de cambiar: analizamos el mundo con ojos del siglo XXI y empleamos todavía medicinas caducas del siglo XX.

Podría explicarlo de otra manera, y voy a intentar hacerlo. Dos elementos, que en realidad se han convertido en el mismo, han desestabilizado nuestra 'comodidad' en el mundo en el que parece que ya no sabemos situarnos: la globalización deshumanizada y el capitalismo financiero están liderando el motor del cambio histórico sin que seamos capaces de evitarlo, parece que la sana dialéctica ha terminado.

Y Gaza es la última situación que nos desconcierta. Masacre, asesinatos, verdaderas atrocidades cometidas por un Estado impune, amparado por el presidente Trump que comunica su perversa política mediante tuits de absoluta simpleza.

Y quizás aquí hay otra clave. En un contexto mundial de enormes cambios profundos, en una situación que se mueve hacia un destino que no controlamos, y en un tiempo de enormes desafíos, preferimos lo simple, lo rápidamente digerible, lo emocional, y como consecuencia, somos incapaces de plantear alternativas viables.

A lo largo de esta legislatura el cambio de actitud ante la realidad Palestina desde la Aexcid (Agencia Extremeña de Cooperación Internacional para el Desarrollo) de la Junta de Extremadura ha girado 180 grados. Modificamos nuestras preferencias geográficas para que nuestras ongds (organización no gubernamental para el desarrollo) pudieran trabajar allí.

Hemos realizado dos visitas institucionales, una a Gaza para valorar nuestras intervenciones con la ONU, y otro con los grupos parlamentarios de la Asamblea para que fueran conscientes de que solo con soluciones políticas, esa realidad podría tener solución. La inversión humanitaria de la Junta se ha multiplicado en Palestina. Estamos haciendo un esfuerzo sin precedentes.

Pero la semana pasada se nos despertaba la rabia y la indignación ante probablemente la mayor provocación que Estados Unidos podría realizar en ese territorio. Mientras Netanyahu vivía «el día más feliz», su ejército machacaba a población palestina desarmada, incluyendo bebes y mujeres en la frontera de Gaza.

Es un territorio 60 veces más pequeño que la provincia de Badajoz donde viven encerradas desde hace una década 1,8 millones de personas que están llegando al colapso sistémico. No es comprensible que la ONU acuse al Estado de Israel de «matar de manera indiscriminada» y no pase nada.

No es comprensible que la Unión Europea haya pasado tan de soslayo en su pronunciamiento. Ante la frustración y fractura que esto genera, y si no hay una reacción que conlleve el reciclaje definitivo de nuestros organismos internacionales, la ciudadanía optará por lo sencillo, por lo fácil.

Ya lo hemos visto ya realidad: Amanecer Dorado en Grecia, el Brexit, 92 neonazis en el Parlamento Alemán, el triunfo del ultra Orbán en Hungría, Lepen como segunda fuerza política en la República Francesa, la Liga Norte y 5Stelle apunto de gobernar Italia, y un poco más cerca un verdadero xenófobo en la presidencia de la Generalitat.

E iniciaba el texto con «La reciente situación que se está repitiendo en Gaza tampoco nos hará despertar» porque, fundamentalmente, para despertar hay que saber reaccionar, y no hay soluciones simplificadas para este desastre y desconcierto global.

De eso va Gaza, de eso va esto. De la urgencia de establecer mecanismos de gobernanza global, de la necesidad de los que «son menos» de volver a verse reflejados en sus propias administraciones viendo cómo le dan respuestas a sus problemas, del fin de la impunidad global antes masacres como esta en el otro extremo de nuestro mar, ese que está llevo de cadáveres que flotan perdidos al huir de una región devastada.

Urge poner en marcha un proyecto común para el planeta. Un proyecto que nunca será perfecto, pero que tiene que ser nuestro, como barrera rápida al fascismo que retorna triunfante a nuestra sociedad que pensábamos estaba vacunadas.

Desde la cooperación llevamos varios años intentando mostrar nuestra propuesta. Pero no esperen que sea explicada en un tuit, no es tan simple porque los desafíos ante los que nos enfrentamos no son fáciles.

La Agenda de los Objetivos de Desarrollo Sostenible fue apoyada por 193 países, un hito en la historia. Estos 17 Objetivos mundiales nos hacen responsables a todas las sociedades, a todas las administraciones para aportar la luz de la coherencia a la política que rige nuestras vidas en común.

Es un «nuevo derecho romano», es una hoja de ruta a las que el progresismo se debe agarrar para que volvamos a redistribuir oportunidades y riquezas en toda la ciudadanía garantizando la sostenibilidad de este planeta. Ya lo dijo el ex Secretario general de la ONU: «esta es la única hoja ruta global que tenemos. No hay plan B porque no hay planeta B».

Permitidme que insista, pero si Gaza tampoco nos despierta, corremos el serio riesgo de seguir siendo sociedades cómplices, y lo peor no será lo hacen nuestros enemigos, los de la democracia, sino nuestro silencio, que no podrá ser comprendido por las generaciones que ya vienen.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos