Ganadera por vocación

«En mi casa, el jamón lo compramos para las fechas señaladas», cuenta Lucía Maesso. / HOY

Lucía Maesso Corral Presidenta de Aeceriber

Antonio J. Armero
ANTONIO J. ARMEROCáceres

Cuando tenía 17 años, Lucía Maesso Corral (Badajoz, 1970) le dijo a su padre que quería dejar los estudios para trabajar con él, en el campo. Con los animales, los cultivos, los olivos... Seguramente, a esas alturas ella no sabía que aquella decisión de adolescente acabaría por suponer un punto de inflexión en su vida. Y en cierto modo, también en la de su familia, que así se aseguró la continuidad de un negocio familiar que hoy, transcurridas tres décadas, pasa por sus manos.

El destino de la ganadería Maesso lo gestiona la pequeña de una saga claramente femenina: son tres hermanas que han tenido seis hijas. En lo profesional, sin embargo, es una mujer en un mundo de hombres. «Es verdad -confirma ella- que en mi trabajo hay muchos más hombres que mujeres, pero tengo que decir que nunca he sentido que se me tratara de forma diferente por el hecho de ser mujer». Bueno, sí, una vez. Pero ella despachó aquel gesto machista por la vía rápida. «'Que se ponga su marido', me dijo una vez un ganadero por teléfono, y le contesté que con mi marido no tenía nada que hablar», recuerda.

Dedicada al ibérico puro

«Nunca he querido salir de Extremadura; me falta el oxígeno en cuanto estoy una semana o diez días sin pasear entre encinas»

Ese ámbito en el que Lucía Maesso se gana la vida es la ganadería porcina. Y en particular, la selección genética de cerdos ibéricos puros. De hecho, preside desde hace once años Aeceriber (Asociación Española de Criadores de Ganado Porcino Selecto Ibérico Puro y Tronco Ibérico). Antes hizo lo propio en la Asociación Extremeña de Ganaderos del Reino, que también llegó a presidir su padre, el hombre que marcó su vida desde que era una niña. «Siempre estuve muy unida a él. Fue mi mecenas. Era un hombre adelantado a su tiempo, que miraba siempre hacia el futuro, que a mí me concedió muchísima libertad para que fuera aprendiendo y que siempre me daba una palmada en la espalda», rememora ella, justo diez años después de que él falleciera.

Aquel 2007 fue un año duro. Fundamentalmente por esa pérdida, claro está. Pero también se juntaron otras circunstancias. «A finales de ese año -rebobina en su memoria la ganadera extremeña- se nos murieron trescientas ovejas por un brote de lengua azul, que se unió a una situación ya de por sí muy negativa en lo económico, porque estábamos quizás en el peor momento de la crisis». En esos años de recesión, con las cifras de paro desatadas y el consumo familiar por los suelos, costó sudores mantener la empresa. Porque al problema general (la crisis) había que añadir el particular, uno del que el sector aún no se ha despojado del todo: el intrusismo y la oscuridad en lo que a la etiqueta 'ibérico' se refiere. «Ha sido una proeza mantener la explotación, y lo digo tanto por nosotros como por otros muchos ganaderos que han logrado sobrevivir. Porque encadenamos varios años perdiendo dinero, reduciendo la cabaña para poder seguir». «Era un contexto difícil -continúa-, estamos hablando de que el ibérico puro, que es con el que nosotros trabajamos, llegó a venderse más barato que el cruzado, y sin embargo, nosotros decidimos seguir criando el puro».

Y así ha sido hasta el día de hoy. O sea, quince años dedicados a seleccionar los cerdos de raza ibérica pura. Los que dan los mejores jamones, una delicia que en su casa no tiene un sitio fijo. «Un buen lomo o un buen salchichón sí que solemos tener en casa, pero jamón no, el jamón lo compramos, porque nosotros no los producimos, en fechas señaladas», cuenta Lucía, que es hermana de Beatriz Maesso, exdirectora de la Cexma (Corporación Extremeña de Medios Audiovisuales, la empresa a la que pertenecen Canal Extremadura Radio y Televisión).

Su otra hermana, María, es profesora de Económicas. Lucía, sin embargo, eligió dedicarse al campo. «Cuando tomé la decisión de dejar los estudios y ponerme a trabajar con mi padre, él me animó», cuenta la pequeña de la casa, que hizo el COU (Curso de Orientación Universitaria, que hoy equivaldría al último año del Bachillerato) a distancia. Poco después, se decidió a volver a los libros y los apuntes. «Me di cuenta de que si quería seguir con los negocios familiares, que eran de agricultura y ganadería, debía formarme», explica. Y su elección fue estudiar lo mismo que su padre: perito agrícola. Él cursó estos estudios en Pamplona, de donde es su madre. De hecho, el matrimonio se conoció en la capital navarra, desde donde se trasladaron a Badajoz.

Perito agrícola

En la capital pacense se formó Lucía, que siempre compaginó los estudios con un trabajo en el que, como es sabido, el concepto de fin de semana está muy matizado. «En los primeros años con mi padre yo pasaba mucho tiempo en el campo, pero luego empecé a ocuparme también de la parcela económica, y a los 26 años ya gestionaba las explotaciones, lógicamente no yo sola, sino con él, los dos juntos». Así fue como descubrió la Feria Internacional Ganadera (FIG), una cita de referencia para los ganaderos españoles y a la que Lucía Maesso no ha faltado desde la primera vez que asistió. «Me encanta la Feria de Zafra -comenta-. Allí me encuentro con ganaderos a los que no veo en todo el año, y además, es una cita que en su día me ayudó a darme cuenta del enorme potencial del porcino ibérico».

Ese sector al que ha dedicado su vida le ha permitido cumplir no ya uno de sus deseos, sino una de sus necesidades vitales: pasar el día en el campo. La presidenta de Aeceriber vive a caballo entre su casa de Badajoz y la finca de Fuente del Arco, a la que necesita volver cada poco. «Nunca he querido salir de Extremadura -admite-, de hecho es que me falta el oxígeno en cuanto estoy una semana o diez días sin pasear entre las encinas». Nada extraño para alguien que lleva el campo en la genética. Lucía Maesso es hija, nieta, bisnieta y tataranieta de ganaderos. Y probablemente, esto ayuda a explicar por qué con 17 años eligió una vida en la que cada día, el despertador suena a las seis de la mañana.

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