En furgoneta por la Rusia más salvaje

Esta pareja de extremeños abandonó temporalmente su trabajo para cumplir su sueño
Esta pareja de extremeños abandonó temporalmente su trabajo para cumplir su sueño

Una pareja de Cabeza del Buey atraviesa estos días la Siberia «para salir de la zona de confort»

J. López-Lago
J. LÓPEZ-LAGO

María del Campo y José Antonio Donoso son de Cabeza del Buey. Se conocen de toda la vida pero fue hace cinco años cuando se hicieron pareja. Consiguieron trabajo en Toulouse (Francia) y parecía que no les podía ir mejor. Ella como ingeniera industrial especialista en diseño de estructuras de Aviones en la multinacional Airbus con 32 años. Él, tres años más joven, como oficial de máquinas de la marina mercante. Sin embargo, sentían que no eran felices.

«Siempre nos ha gustado viajar y descubrir países, con lo cual la idea de un viaje por el mundo era un sueño que se convirtió en un tema recurrente del que hablábamos al irnos a la cama después de un día duro de trabajo. Sobre todo en nuestras conversaciones telefónicas, ya que por el trabajo de José Antonio (embarcado en alta mar), pasábamos mucho tiempo separados».

Estas reflexiones ocurrían a principios del año pasado, cuando decidieron romper con su estabilidad profesional. A estas alturas de 2017 llevan ya tres meses viajando en furgoneta. Han atravesado los Pirineos, Los Alpes, Polonia, los países bálticos y se han adentrado en la Siberia rusa conduciendo con Mongolia al sur. Dicen que están punto de pasar a Corea para enfilar el hemisferio sur antes de que bajen demasiado las temperaturas. Si al principio admiten que se sentían como turistas, en estos momentos creen que ya se acercan más a la figura de viajeros, que es lo que pretendían tras haber dejado a atrás lo que ellos llaman ‘zona de confort’.

El día que María comunicó a su madre que se iba de viaje por un tiempo indefinido ésta le dijo, «cuando hayas dormido bien y lo consultes con la almohada se te pasará». En general, otros allegados les dieron ánimos, pero no fue hasta que lo comunicaron a sus respectivos jefes cuando ellos mismos se lo creyeron. En el fondo, dicen, se sintieron liberados.

Ahora que habían decidido romper su rutina, había que preparar muchas cosas. Buscaron una furgoneta de segunda mano por toda España y al final la hallaron precisamente en Olivenza, una Hyundai todoterreno con quince años y 140.000 kilómetros que adaptaron ellos mismos a sus necesidades para poder dormir y cocinar dentro. «Apenas tiene electrónica, ya que esto la hace mucho más fiable y fácil de reparar a pesar de sus años», explica José Antonio a través del correo electrónico durante una parada para atender a este periódico y remitir algunas fotos.

Problemas

Cuentan que, con un plan no demasiado definido, el 14 de junio salieron de Cabeza del Buey. Al repasar los tres últimos meses citan como uno de los momentos más críticos cuando, nada más cruzar la frontera de Rusia, a ella le sobrevinieron unos calambres en las piernas y tuvieron que visitar un médico. «En un principio nos dijo que seguramente se debía al estrés provocado por el viaje o a un cambio de rutinas. Nos dijo que debíamos replantearnos el viaje y tomárnoslo con más calma. Esto supuso un bajón, pues pensamos que nos habíamos puesto metas demasiado altas», rememora José Antonio. Al final, dos análisis después que indicaban que no había nada que temer, prosiguieron el viaje.

Adaptaron una furgoneta para dormir y cocinar en ella. En la foto, durante una parada en Rusia

Por las fotos y por el tono de sus relatos, parece que no les puede ir mejor en su peripecia viajera. Pero desde la distancia confiesan que antes de empezar su aventura se sentían inquietos. «Tras romper con el trabajo vinieron otros miedos, como el tema de la seguridad en el viaje. Empezamos a temer estar haciendo una locura, no sabíamos qué peligros había por ahí. En una furgoneta y recorriendo zonas donde el turismo no es algo habitual, estábamos muy expuestos a que nos pasase algo sobre todo porque no conseguimos hablar con nadie que hubiese hecho la misma ruta que nosotros. Sin embargo, encontramos historias de otros ‘overlanders’ por otras rutas y nuestra sorpresa fue que muchos comparten este miedo, pero a la vez te dicen que no te preocupes, que es normal tener miedo, pero que el mundo es más seguro de lo que todos pensamos».

En viajes así ocurre que las situaciones se vuelven inesperadas y todo puede ocurrir. «Una vez –relatan desde Rusia como anécdota– cuando volvimos a nuestra furgoneta se nos habían puesto a nuestro lado unos rusos muy ruidosos que habían bebido mucho. Era muy tarde para cambiar de sitio, ya que por la noche no se ve el relieve del terreno y en una ocasión metimos una rueda en un pozo, así que no queríamos arriesgarnos. En definitiva, no íbamos a pasar una buena noche. Entonces apareció una familia que habíamos conocido por la mañana y al ver la situación, nos invitó a su casa a cenar. Fue una cena divertidísima a pesar de que para comunicarnos necesitábamos el traductor del teléfono todo el rato. Al final, resultó una grandísima experiencia poder compartir una cena con una verdadera familia rusa. Esto cambió nuestra imagen de los rusos como gente fría y distante, también saben ser divertidos, simpáticos y los mejores anfitriones».

En un blog

Tanto a José Antonio como María les gusta comunicar sus andanzas, por eso cada vez que tienen wifi actualizan su blog en Internet. Lo han bautizado ‘Viajando a Itaca’, de ahí que el nombre con el que han bautizado su furgoneta sea Ulises.

Según cuentan, ahora empieza el verdadero viaje, cuando se han alejado de Moscú y avanzan por la Siberia rusa. De esto dan fe en su blog: «Ya llevamos tres semanas viajando por Rusia desde que salimos de Moscú y es aquí donde el viaje ha dado un giro de ¡180 grados! Se podría decir que hasta ahora hemos estado haciendo turismo viajando por carretera, pero ahora estamos trotando por el mundo sin saber qué es lo próximo que nos vamos a encontrar», reflexionan estos viajeros extremeños.

De momento se han puesto un año del límite y son muy conscientes de que su presupuesto es limitado. Según han estimado, en ese periodo quizás sean capaces de darle la vuelta al mundo. Cuando regresen a su hogar, de nuevo al trabajo, ambos saben que ya no serán las mismas personas.

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