El fuego arrasa 500 hectáreas

Estado en el que se encuentran los terrenos, mientras un helicóptero enfría la zona. :: BRÍGIDO
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Estado en el que se encuentran los terrenos, mientras un helicóptero enfría la zona. :: BRÍGIDO

Más de 140 efectivos entre bomberos, maquinaria pesada, técnicos del Infoex, helicópteros y agentes de medio natural han trabajado para acabar con las llamas El incendio en la Sierra de Arroyo continúa activo y sin estar controlado, aunque los vecinos ya han podido acercarse a sus viviendas para comprobar los daños

MARTA P. GUILLÉN/ MARIO MORENO

Los avisos empezaron a llegar a los teléfonos del diario HOY sobre las ocho de la tarde del viernes. Primero fueron vídeos en los que se apreciaba una espesa nube de humo que provenía de la Sierra de Arroyo de San Serván y que se llegaba a ver a más de cincuenta kilómetros a la redonda. Hasta en Don Benito se vislumbraba la humareda, mientras también hacía de fondo de escenario para el grupo Scorpions que actuaba en la capital autonómica. Después llegaron las preguntas sobre lo que allí estaba pasando.

Lo que en principio parecía ser el repetitivo incendio en esa zona coincidiendo con la época estival (ya son tres contando con el de este fin de semana) que terminaría controlado por los servicios de extinción de incendios, a las 9 de la noche fue catalogado nivel 1 de peligrosidad por la proximidad del fuego a las viviendas que se ubican entre el término de Calamonte y Mérida. O como se le conoce en la localidad afectada, entre Las Cabrerizas y La Rinconada. Peligrosidad que se mantuvo incluso ayer, después de una noche, la del viernes, complicada para los retenes terrestres en los que participaron más de 120 efectivos para sofocar los ocho focos detectados, haciendo especial hincapié en la zona de chalés.

Aun así, las llamas devoraron más de 500 hectáreas de sierra, entre matorrales y encinas, y obligó a desalojar a unas cuarenta viviendas, que se encontraban ocupadas en su mayoría al coincidir con el inicio del fin de semana.

El Puesto de Mando Avanzado se ubicó en la ermita de San Isidro de Calamonte

La última información facilitada en la tarde de ayer por parte de la Consejería de Medio Ambiente y Rural, Políticas Agrarias y Territorio, apuntaba a que el fuego, que se inició próximo a Fuente Santa, en la sierra de Arroyo, todavía continuaba activo y evolucionando de forma favorable, aunque seguía sin estar controlado. En el lugar continuaban trabajando ayer por la tarde siete helicópteros y un hidroavión, apoyados por diez retenes terrestres, ocho camiones, dos bulldozer, técnicos, coordinadores, capataces y agentes del medio natural, apoyados por la labor logística de Cruz Roja Extremadura.

Desde la Junta esperaban estabilizarlo antes de que la noche les alcanzara y tuvieran que prescindir de los equipos aéreos. También explicaron que se apagaría totalmente dentro de unos días, al haber un gran número de puntos calientes. Afortunadamente, no ha habido que lamentar víctimas mortales ni daños en las viviendas.

Treinta minutos antes de que los servicios del Infoex enviaran un comunicado en la tarde del viernes, varios profesionales de este medio se personaron a las inmediaciones del incendio, a la altura de Fuente Santa, junto a la A-5, para ofrecer a los lectores la máxima información del desastre natural del que todo el mundo se estaba haciendo eco, pero del que poco se sabía. Solo que, al igual que en años anteriores, se había iniciado en la sierra de Arroyo, con la diferencia de que los efectivos no fueron capaces de controlar el fuego, alentado por un fuerte viento del suroeste.

En las inmediaciones se agolpaban los testigos directos de la evolución del incendio, en su mayoría familias que se encontraban disfrutando del comienzo del fin de semana en sus segundas viviendas. Los primeros testimonios comenzaban a aportar luz al asunto. Entre ellos se encontraba Francisco Villar, de Mérida, que fue de los primeros en advertir la presencia de fuego en la falda sur del monte y alertar al 112. «Yo llamé sobre las 7 de la tarde, pero el primer helicóptero tardó en llegar una hora y diez minutos. Después comenzaron a llegar los bomberos y el resto de fuerzas de seguridad», destacó.

Y aunque los helicópteros consiguieron sofocar las llamas en la zona en la que se ubicaba el primer foco, junto a Fuente Santa, la retirada del refuerzo aéreo por la llegada de la noche, el fuerte viento y la gran cantidad de matorrales y encinas, provocaron que el fuego avanzara de forma incontrolada.

Hasta el punto de que a las 10 de la noche del viernes, la Policía Local de Calamonte alertó a los vecinos que se encontraban en las viviendas de Las Cabrerizas y La Rinconada para que desalojaran sus casas, por la proximidad de las llamas, que a esa hora cogieron un ritmo imparable, devorando todo lo que se encontraban a su paso entre las más de cuarenta viviendas que se ubican en la zona, y así continuó hasta las cinco de la madrugada.

La inquietud y el no saber nada de lo que estaba sucediendo en sus casas y fincas les impedía quedarse dentro. Muchos vecinos de Calamonte no dudaron en acercarse a la zona incendiada a través de los caminos rurales.

Con el susto aún en el cuerpo, algunos incluso con lágrimas en los ojos, observaban como el fuego imparable destrozaba todo lo que se interponía a su paso. La tristeza se reflejaba en sus rostros, no solo porque podían ver a escasos metros como sus segundas viviendas, muchas de herencia familiar, se encontraban rodeadas por el fuego, sin poder hacer nada. Para la mayoría resultaba inevitable recordar todos los momentos que habían disfrutado entre la arboleda que alimentaba con brío las llamas.

Algunos incluso no dudaron en montarse en los camiones cisterna, que iban de un lado a otro evitando que el fuego penetrara en los chalés, para ayudar y orientar a los efectivos en un auténtico laberinto de casas, alambradas, caminos estrechos y encinas ardiendo.

Aunque en la mayoría de los accesos se ubicaron fuerzas de seguridad ciudadana, como la Policía Local de Calamonte, para impedir que los propietarios regresaran a las casas, los hubo que consiguieron sortear los puestos de control.

Y si los vecinos se encontraban agolpados en las inmediaciones de Las Cabrerizas, el Puesto de Mando Avanzado (PMA) escogió el parque de San Isidro para la organización del dispositivo. Desde allí, se comenzaron a coordinar de inmediato los trabajos de retenes, bomberos del Parque de la Puebla de la Calzada y la Diputación de Badajoz, así como la maquinaria pesada.

En el PMA estaba situado además una dotación de varios vehículos de la Cruz Roja para atender las necesidades de los operarios. En total, la entidad atendió a dos operarios de extinción de incendios con patologías habituales, como las molestias en los ojos por el humo, y fueron dados de alta de inmediato. También fue clave la participación de la Guardia Civil, que estuvo pendiente en todo momento de facilitar las tareas de transporte terrestres y de acordonamiento de la zona.

Así mismo, el alcalde de Calamonte, Eugenio Álvarez, estuvo presente desde el momento que se puso en funcionamiento el operativo desde el PMA, ya que se encontraba en su residencia ubicada a escasos kilómetros del fuego. Durante la noche, Álvarez y la consejera de Medio Ambiente, Begoña García Bernal, contactaron vía telefónica en varias ocasiones para conocer el avance del operativo desplegado en la zona. A varios metros del asentamiento, la Guardia Civil puso un cerco para evitar que algunos curiosos y, sobre todo, propietarios acudieran para ayudar en la extinción o para recuperar algunos bienes materiales de valor sentimental. Algunos incluso indicaron a la Guardia Civil que los bomberos tenían permiso para hacer uso del agua de sus piscinas o aljibes.

No fue hasta bien entrada la madrugada, cuando el duro trabajo de los efectivos parecía que comenzaba a dar sus frutos, calmando el espíritu y la desazón de un pueblo que esperó paciente a que su sierra de nuevo respirara.

Si brillante fue la actuación vecinal, mucho más lo fue la del equipo que luchó contra el fuego hasta el día siguiente. Con el amanecer, el aspecto de la sierra que se había convertido en un infierno, resultaba más calmada. Reinaba el silencio, acompañado de los tonos grises y negros de una vegetación que sirvió de combustión perfecta a las llamas. El humo, protagonista indiscutible de la tarde del día anterior, también había desaparecido con el inicio de la nueva jornada.

Con ella llegaron de nuevo las informaciones oficiales y los datos provisionales, mientras los bomberos continuaban con su labor. La extinción tomó de nuevo un impulso cuando a primera hora de la mañana siete helicópteros y un hidroavión se sumaron a los trabajos. Al mediodía, el fuego ya se encontraba perimetrado, pero no controlado, y establecían como franja horaria clave a partir de las tres de la tarde de ayer, cuando las temperaturas comienzan a alcanzar sus máximos, por si las llaman comenzaban a reavivarse. Por suerte no fue así.

El alcalde de Calamonte quiso reconocer la labor de los que trabajaron y todavía trabajan a destajo para aplacar las llamas de una vez por todas. También destacó que una de las primeras personas que se pusieron en contacto con él fue el presidente de la Junta, Guillermo Fernández Vara, mostrando todo su apoyo a la localidad e iniciando las gestiones para conseguir atraer al lugar al máximo número de efectivos. Por su parte, la portavoz del equipo de Gobierno local de la capital autonómica, Carmen Yáñez, indicó que Mérida apoyará a la localidad con los recursos que sean necesarios. «Somos vecinos y estaremos a su disposición», destacó la edil.

Eugenio Moreno, alcalde de Arroyo de San Serván, afirmó que se vivieron horas muy tensas y, al igual que Eugenio Álvarez, valoró la labor de los efectivos de seguridad y extinción. «Han sido momentos muy duros y todos hemos estado muy nerviosos», afirmó a Efe Moreno. Tanto él como Álvarez se desplazaron desde primera hora de la mañana de ayer al centro de coordinación instalado junto a la ermita de San Isidro. Moreno aseguró que el término municipal de Arroyo de San Serván, donde se inició el fuego, «viene sufriendo este proceso de quemar la sierra» desde hace varios años.

En cuanto a la causa que pudo provocar el incendio, todavía se desconoce. La Guardia Civil ha comenzado la investigación, aunque el sentir del pueblo de Calamonte es que fue intencionado. Como decía su alcalde: «Resulta sospechoso que sea en el mismo sitio que en los últimos años». Sea como fuere, lo importante es que se pongan los medios necesarios para que lo vivido en estos últimos dos días no se vuelva a repetir.

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