Fruta de Valdelacalzada con destino a medio mundo

La cooperativa supera el estigma de Caval, funciona a pleno rendimiento y manipulará ocho millones de kilos esta campaña

Los trabajadores manipulan ciruela en Explum./Leticia Gallego
Los trabajadores manipulan ciruela en Explum. / Leticia Gallego
LETICIA GALLEGO

Los agricultores de Valdelacalzada buscan cada día mano de obra para la campaña de la fruta. En este municipio extremeño, uno en los que se produce más y mejor fruta de hueso, se trabaja sin descanso en estas fechas. El motivo es que Explum –junto a las otras cinco centrales que existen en la localidad– ya funciona a pleno rendimiento.

La producción de fruta para este ejercicio será menor en esta zona, a pesar de que a nivel regional se sitúa dentro de unos valores medios con respecto a otros ejercicios. Alrededor de unas 200 personas trabajan actualmente en Explum y la mayoría son vecinos del municipio. La principal cooperativa frutícola de la localidad recibe cada día miles de kilos de ciruelas, nectarinas y melocotones para ser manipulados y empaquetados con destino al mercado internacional.

El fruto estrella en esta fábrica es la ciruela, que acapara el 80% de la producción que entregan los socios. Por su parte, la nectarina y el melocotón se reparten el 20% restante.

La campaña de la fruta supone una bombona de oxígeno para la vida de muchos pueblos como Valdelacalzada

El gerente de la cooperativa, José Aurelio García, cuenta que esta merma en la producción se debe -en gran medida- a la polinización. «La agricultura está siempre a expensas de las condiciones climatológicas y este año no han sido muy favorables. En invierno ha llovido poco y el excesivo calor de la primavera ha repercutido en el fruto», explica el gerente.

García calcula que los socios recogerán un 30% menos de fruta que el año pasado, cuando se llegó a manipular en la central más de once millones de kilos. «Después de todos los contratiempos, me conformo con que entren en la fábrica ocho millones de kilos», cuenta resignado.

Esta cooperativa cuenta con 60 agricultores que son socios y con 12 agricultores asociados. Los primeros son partícipes de las distintas decisiones que se toman, mientras que los segundos tan solo llevan la fruta para que se comercialice con el sello de Explum. Aunque la mayoría de los socios proceden de la localidad, también entregan su producto agricultores de Guadiana del Caudillo, Puebla de la Calzada, Pueblonuevo del Guadiana, Montijo y Novelda del Guadiana.

La fruta que estos profesionales entregan en Explum termina en países de todo el mundo, entre los que destacan Brasil, Canadá, Emiratos Árabes, Colombia, Ecuador, Uruguay, Sudáfrica y China.

El producto que llega a esta cooperativa también se queda dentro de España -aunque en menor medida- y toda Europa.

Perfil diferente

Cuando la crisis acechaba de lleno en nuestro país fueron muchos los jóvenes que encontraron una oportunidad en el campo. La labor que ha estado ligada tradicionalmente a padres y abuelos va cambiando ahora poco a poco de manos. Muchos agricultores jóvenes se han unido en los últimos años a Explum, cambiando así el perfil de socio de hace diez o veinte años. «La gente joven tiene más inquietudes y más ganas de sentirse partícipe del proyecto, y eso facilita el trabajo», cuenta el gerente de Explum.

Precisamente uno de los últimos agricultores que se ha sumado a este proyecto ha sido Javier Ramos, un joven de 28 años que se dedica a esta profesión desde hace cinco. Se licenció en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad de Extremadura y más tarde cursó un máster de Comercio Internacional, pero finalmente terminó trabajando en el campo. Más tarde se formó como joven agricultor y, un año después, empezó a trabajar en sus tierras.

Ramos tenía entonces dos opciones: pertener a una central o crear la suya propia. Se decantó entonces por la primera y ahora entrega su producto en Explum. «Cuando manejas cierto volumen de producción te ves casi en la obligación de pertenecer a una central porque tener tu propia fábrica supone disponer de grandes superficies de tierra y muchísima inversión añadida», explica.

Actualmente trabaja con una plantación que solo tienes dos años, por lo que entregará unos 60.000 kilos –entre ciruela, nectarina y melocotón– en esta campaña. El joven calcula que en tres años podrá entregar en Explum unos 180.000 kilos por campaña.

«Cuando manejas cierto volumen de producción te ves casi en la obligación de pertenecer a una central»

Ramos forma parte de esos 60 socios de Explum que ya ha empezado a entregar la fruta y prevé seguir haciéndolo hasta septiembre, que será cuando recoja la última variedad de ciruela. «Después solo queda conocer las liquidaciones, pero como recogeré la mitad de kilos que otros años supongo que el precio será bueno», concluye Ramos.

Fruta de hueso

Aunque Explum solo lleva funcionando cinco años, deja atrás una larga historia ligada al nombre de Caval. Esta cooperativa llegó a estar considerada una de las punteras de Extremadura, pero a finales de 2009 se conoció que tenía un agujero cercano a los treinta millones de euros. Los cerca de 80 socios con los que contaba por esas fechas, lejos de tirar la toalla, decidieron continuar aunque eso suponía partir desde cero. «La situación era complicada porque no teníamos nada, pero afortunadamente hemos conseguido poco a poco salir a flote», cuenta el gerente.

«Mi empleo como maestra finaliza en mayo y Explum me permite ganar un dinero extra«

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«Durante el invierno trabajo en el campo y en estas fechas en esta cooperativa, que me da para tirar unos meses»

«Durante el invierno trabajo en el campo y en estas fechas en esta cooperativa, que me da para tirar unos meses» juan francisco méndez

«Trabajo aquí estos meses porque supone una buena ayuda económica para continuar con los estudios»

«Trabajo aquí estos meses porque supone una buena ayuda económica para continuar con los estudios» esther mañas gil

García hace ahora balance de los cinco años de trayectoria que lleva la cooperativa desde el final de Caval y se muestra satisfecho. «Los agricultores confían en nosotros y tenemos claro cuál es nuestro mercado. El hecho de estar reconocidos en muchos países del mundo como una empresa especializada en fruta de hueso significa que vamos por el buen camino», revela.

El futuro de Explum pasa por disponer de unas instalaciones propias y dejar el régimen de alquiler actual. Tras la ruina que dejó la anterior cooperativa, los socios no han podido contemplar la posibilidad de tener que hacer una inversión de esas características. Pero la realidad es que, tras seis campañas funcionando, Explum debe continuar y debe hacerlo en las mejores condiciones posibles.

«Después de estos años el plan de negocio está consolidado y el proyecto de futuro está bastante claro. Tener algo que sea de nuestra propiedad es lo único que nos hace falta para que Explum pueda tener, como mínimo, el tiempo de recorrido de Caval», relata el gerente.

Aunque se encuentran inmersos en mucho trabajo, los socios de Explum miran a diciembre con incertidumbre porque será entonces cuando podrán conocer el precio de su producto.

Llega el momento más complicado para ellos: hacer cálculos y valoraciones. El gerente cuenta que desde la cooperativa trabajan para que los socios obtengan siempre el precio más justo por su producto, aunque a veces no todo salga como a ellos les gustaría.

Los socios confían en que se unan nuevos cooperativistas para que no se pierda esta actividad cuando ellos falten. Así que los jóvenes agricultores tienen ahora en sus manos el futuro de Valdelacalzada.

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