UEx: la Fiscalía no basta

La repetición de los exámenes, por mucho que duela, es la única manera de restituir el principio de igualdad de oportunidades

La Universidad de Extremadura ha ordenado que 4.594 estudiantes repitan el examen de varias materias de la selectividad ante la certeza de que se ha accedido a ellas a través de descargas de la página web en la que estaban alojadas. Se trata de un asunto lo suficientemente grave como para que haga todos los esfuerzos que sean necesarios para aclarar cómo ha ocurrido, y lo haga con la mayor celeridad posible. La UEx, que ha sufrido episodios preocupantes como el de la falsificación del título del marido de la exsecretaria general, no puede dar la menor oportunidad a que se deteriore su imagen y su prestigio ante la sociedad extremeña y ante la comunidad universitaria nacional.

Porque no cabe mayor desprestigio que el de una institución incapaz de proteger sus propios documentos, máxime cuando los documentos cuya custodia ha fallado afectan al futuro educativo de miles de estudiantes. El rector Segundo Píriz ha dicho que pone el asunto en manos de la Fiscalía. No hacía falta que lo dijera: ya se sabe que la Fiscalía está actuando. Píriz tiene que ir más lejos porque los tiempos de la Justicia no son los que la sociedad exige: ni en la comparecencia primera del vicerrector de estudiantes ni en la posterior del rector se ha aclarado mínimamente qué ha ocurrido. Esa es la obligación que le toca en estos momentos. Sea por una imprudencia o por una filtración interesada (parece que el ataque externo está descartado), no puede ser tan difícil hacer la investigación correspondiente y depurar responsabilidades. En 1984, la UEx tuvo que suspender los exámenes de selectividad. Lo hizo, como ahora, ante la evidencia de que se habían filtrado exámenes. Los responsables universitarios de entonces prometieron la depuración de responsabilidades, que nunca tuvieron lugar. Hoy no puede ocurrir lo mismo.

La indignación de los estudiantes y sus familias, damnificados todos por la filtración de las pruebas, es comprensible. Los inconvenientes de todo tipo que les va a traer este grave suceso justifican sus movilizaciones y sus quejas. Su petición de que los exámenes no se repitan puede entenderse por los trastornos, de toda índole, no solo materiales, que esta situación les causa. Pero la repetición de los mismos, por mucho que duela, es la única manera de restituir el principio de igualdad de oportunidades en unas pruebas cuyo valor se cimenta precisamente en él. No repetirlas supondría, además, contaminar la convocatoria de acceso a la universidad en todo el territorio nacional, puesto que las notas que obtienen los estudiantes tienen validez en toda España.

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