Los extremeños llenan el carro pensando más en el precio que en el boicot

Antonio Corrales: «Esto será una moda que subirá unos días y luego se desinflará»/
Antonio Corrales: «Esto será una moda que subirá unos días y luego se desinflará»

El rechazo a lo catalán existe como rumor, pero luego no se aplica al carro de la compra

J. López-Lago
J. LÓPEZ-LAGO

Badajoz, pasillo de Carrefour, miércoles a mediodía: una señora pide ayuda porque no ve bien la fecha de caducidad de un producto fresco. «Pensaba que quería usted saber si era de origen catalán», le suelta su improvisado ayudante. La señora se pone en alerta. «Pues ya que lo dice míreme eso también». La lata expuesta viene de Málaga y es apta para consumir. «Gracias. Si pudiera saber siempre si las cosas son de Cataluña no compraba nada de allí. A veces lo hago, pero es que cuando voy a comprar el gel es complicadísimo, casi todos los hacen allí», se despide la mujer.

Es evidente que desde hace semanas hay un runrún sobre el boicot a los productos catalanes. Lo confirma el cajero de este supermercado de manera coloquial, lógicamente sin una estadística en la mano. Este empleado dice que él sí lo nota. «Desde hace días las señoras comentan que han tardado más en hacer la compra porque han estado mirando si los productos son catalanes».

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Sin embargo, a la salida no hay más que analizar tres carros al azar para concluir que, ya sea por pereza, por precio o por convicción, el boicot a las marcas catalanas no está teniendo lugar. Al menos con la misma intensidad con la que se pide practicarlo en las redes sociales. En cualquier caso, a todos los consultados les ha llegado esa lista de productos a evitar y además afirman conocer a alguien cercano que practica esa ‘guerra a todo lo catalán’.

Este miércoles decía Juan Barrero, que llena las despensas de muchas casas pacenses, que no es para tanto. «Lo del boicot es mucho ruido y pocas nueces», resume. Este empresario pacense es gerente de Grupo Barrero S. L., una veterana empresa de distribución de alimentos y vinos. Mueve más de sesenta empresas con sus respectivas marcas de alimentación. El diez por ciento de las firmas con las que trabaja son catalanas.

«Si el ama de casa quiere un producto lo compra. Esto del boicot es más de las redes sociales que otra cosa y muchas listas las hacen marcas de la competencia. Es una minoría la que se apunta. Yo al menos no lo estoy notando, aunque sí reconozco que en las empresas hay inquietud porque nunca sabes cómo van a acabar las cosas».

Según Barrero, hasta ahora las marcas siguen ejerciendo su liderazgo. «No digo que no haya alguien que de repente quiera buscar una marca propia, pero esto no siempre ocurre»

Raúl Velo, que estaba llenando el maletero a la salida de un supermercado era claro: «Yo lo que busco es el precio, no miro si es catalán o no. Además, si las empresas se están fugando ya no sabes qué marcas pertenecen a Cataluña y cuáles no. A mí esto del boicot no me da de comer, me lo da el precio y yo voy a por las cosas que están en oferta. Si es catalán y está a un euro y el otro a 1,25 yo voy al más barato», decía contundente este pacense que trabaja precisamente en un supermercado. «Te aseguro que en el mío no se nota el boicot y ni mucho menos se toman decisiones sobre esto, como bajar los precios o cambiar las cosas de sitio, al menos por ahora».

No muy lejos, Fernanda Herrero, gallega afincada en Olivenza, empujaba su carro. Explicaba que ella de boicot no quiere saber nada. Su discurso no se basa en el precio sino en la convicción de que la medida de ignorar productos por su procedencia es absurda. «Yo ni me fijo ni los evitaría. No los descartaría por ser de ninguna nacionalidad especial, aunque he escuchado a gente hablando del tema cuando estaba dentro». Según su análisis, si todos los consumidores se unieran al boicot este tendría éxito, pero duda de que tengan tantos apoyos.

Fernanda Herrero: «Yo ni me fijo ni evitaría productos por su procedencia»
Fernanda Herrero: «Yo ni me fijo ni evitaría productos por su procedencia»

Para Antonio Corrales, de Badajoz, despreciar lo catalán «será una moda que subirá unos días y luego se desinflará». Él tampoco evitó los productos catalanes al llenar su carro de la compra. Pero dice que en su familia hay algunas personas que practican este boicot «de manera obsesiva». Le han llegado listas de marcas a ignorar, pero apenas ha logrado memorizar un par de ellas: Font Vella y Casa Tarradellas, cuyas pizzas decía haber leído que incluye ingredientes de Extremadura. «Sería como tirarnos piedras sobre nuestro tejado», señala antes de decir que él cava catalán no consume. «Pero no por hacer boicot, es que a mí el extremeño me parece mejor».

El cava como producto simbólico de Cataluña es una excepción, coinciden los consultados. Incluso otro cajero, en este caso de la cadena Día, manifestaba que no aprecia boicot ninguno desde su posición. «Salvo en el caso del cava catalán desde hace unos años, ahí sí»

En cuanto a la marca Tarradellas, cuyo nombre evoca a Cataluña (aunque en su etiquetado no se den pistas sobre su origen), una empleada admitía ayer que se siguen vendiendo igual. Su explicación era simple: «Es que si al niño la pizza que le gusta es esa no es tan fácil cambiar de un día para otro».

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