«Extremadura puede tener un incendio como el de Portugal, pero la reacción sería otra»

Vista aérea de una parte del incendio en Pedrógão Grande. :: / REUTERS

Expertos en la materia advierten de que en esta temporada el riesgo es mayor de lo habitual

Antonio J. Armero
ANTONIO J. ARMEROCáceres

El pasado viernes, día 16, la cuenta de Twitter del Infoex (el plan de lucha contra los incendios forestales en Extremadura) publicó sus previsiones meteorológicas para el periodo del 16 al 19 de junio. «La situación –especificaba– es muy propicia para el desarrollo de incendios convectivos en zonas con el combustible leñoso disponible». Y esa posibilidad se hizo realidad, y de qué forma, no ese día ni en Extremadura, pero sí a la tarde siguiente en Pedrógão Grande (Leiria), en Portugal, a menos de cien kilómetros en línea recta de Cedillo, que está en esa esquina del mapa autonómico que pincha al país vecino. De hecho, uno de los tres distritos afectados por ese incendio convectivo –están asociados a conceptos complejos como la inversión térmica o la inestabilidad atmosférica y son los más incontrolables y dañinos– es el de Castelo Branco, limítrofe con la región.

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Ese fuego del peor tipo sobre el que alertaba el Infoex y al que tres días antes ya se había referido Aeefor (Asociación Extremeña de Empresas Forestales y de Medio Ambiente) ha matado a 63 personas. Y sigue activo. Las llamas han quemado ya más de treinta mil hectáreas, un dato irrelevante ante la excepcionalidad de una tragedia humana que ha movilizado a Extremadura en distintos frentes. El domingo, la Junta puso a disposición de las autoridades lusas todos los medios del Infoex (lo mismo hizo la Diputación de Cáceres), si bien hasta ayer tarde, el Ministerio de Medio Ambiente –es quien coordina la ayuda española–, no había requerido medios de la región. Además, la Mesa de la Asamblea se reunirá hoy para estudiar medidas de apoyo a Portugal.

Devolverles el gesto

Lo anunció ayer la presidenta del Parlamento regional, la socialista Blanca Martín, quien recordó que los bomberos del país vecino ya echaron una mano a Extremadura en el verano del año 2015, cuando el fuego se llevó por delante casi ocho mil hectáreas en la Sierra de Gata, en un suceso que tiene sus paralelismos con el de Pedrógão Grande.

«Si quitamos los coches quemados, las fotos que estamos viendo se parecen bastante a las del incendio de la Sierra de Gata, con el añadido de que en el de Portugal, además de pinos también hay eucaliptos, que tienen aceites esenciales altísimamente inflamables», constata Francisco Castañares, presidente de Aeefor. «Aquí tenemos sitios con una orografía y una vegetación parecidas a las de la zona que está ardiendo en Portugal», apunta un experto en incendios que prefiere no ser citado. Y la meteorología es parecida, más allá de la influencia que pueda suponer para una parte de Portugal su mayor cercanía al océano Atlántico. «Y sí –abunda el experto–, aquí podríamos tener un incendio como el de Pedrógrão, pero nuestra respuesta sería diferente». En esta misma línea, el decano del Colegio de Ingeniero de Montes, Eduardo Rojas Briales, advirtió ayer que aunque las posibilidades son menores que en Portugal, España «sí podría sufrir un fuego tan devastador como el de Pedrógão», informa Efe.

Principalmente, explica, porque el servicio de bomberos forestales extremeños es mejor que el portugués, que está formado mayoritariamente por personal voluntario, pobremente remunerado y no profesional. Y que apenas incluye técnicos formados, como sí hay en el organigrama del Infoex. Una realidad que choca con la paradoja de que algunos de los investigadores en materia de incendios forestales más prestigiosos de Europa son lusos.

En cuanto a los medios materiales, en Portugal son estatales, mientras que en España, cada comunidad autónoma tiene los suyos, a los que se añaden los del Ministerio a modo de refuerzo. En el caso extremeño, entre los estatales ubicados figuran la BRIF (Brigada de Refuerzo en Incendios Forestales) de Pinofranqueado o el Kamov (helicóptero llamado bombardero por la mayor capacidad de su helibalde o ‘bambi’) de Plasencia.

Tanto uno como otro suelen vivir su época de más trabajo en julio y agosto. Pero este año es distinto, por una razón principal: el combustible forestal grueso (árboles y ramas gruesas, básicamente), que es el alimento de todo GIF (Gran Incendio Forestal, aquel que quema más de 500 hectáreas) presenta unas condiciones para arder propias de finales de julio o inicios de agosto.

Ya se refirió a esta realidad Pedro Muñoz, director general de Medio Ambiente, en un reportaje sobre la campaña de alto riesgo de incendios que HOY publicó el 23 de abril. Entonces, él y otros expertos en la materia comentaban que para tener un diagnóstico más certero de cara al verano había que esperar a ver cuánto llovía en mayo y junio. Y lo que ha ocurrido es que ha caído muy poca agua. O sea, que el panorama es tan preocupante o peor que el que se anticipaba hace dos meses.

«Las condiciones que tenemos a día de hoy son las peores que yo recuerdo en mucho tiempo», comenta un especialista en la materia. Castañares lo confirma sin dudar. De hecho, entre quienes acumulan experiencia luchando contra el fuego en Extremadura hay a quienes el escenario actual les recuerda al del verano de 2003, el peor que ha sufrido la región en este ámbito desde que existen datos. Entre el 28 de julio y el 14 de agosto de aquel año se registraron 254 incendios forestales. Sólo el 2 de agosto hubo treinta. Ardieron mil hectáreas en Jerez de los Caballeros, tres mil en Cañaveral, otras tres mil en Carmonita, diez mil en Las Hurdes y 9.750 en Valencia de Alcántara.

Este último fuego empezó en Portugal. «El fuego no entiende de fronteras», resume Castañares. «Un incendio como el de Pedrógão, que está fuera de toda capacidad de extinción –añade un experto en la materia– va leyendo el paisaje, y entre Portugal y Extremadura hay una continuidad de paisaje evidente». En este sentido, la zona limítrofe de mayor riqueza forestal, y por tanto la más peligrosa, coincide con la vertiente cacereña de La Raya en general, y en particular con el paisaje al norte del río Tajo. Una vez en el interior de la región, entre las masas arbóreas más propicias para un gran incendio, por sus continuidades –extensiones arbóreas sin claros o parcelas cultivadas que lo rompan– y la suciedad de sus bosques, figuran el valle del Árrago en la sierra de Gata y el de los Ángeles en Las Hurdes.

En este sentido, Aeefor ya advirtió en enero que hay ochenta pueblos (55 en Las Hurdes y el resto entre Sierra de Gata, Las Villuercas, Ibores y La Siberia) que están desprotegidos en caso de incendios, al carecer de perímetros de seguridad, es decir, de terreno sin combustible en el contorno del casco urbano.

Quizás conscientes del riesgo que afecta a gran parte de la frontera, los incendios forestales fueron uno de los asuntos tratados durante la cumbre ibérica celebrada el 29 y 30 de mayo en Vila Real. En la cita se acordó ampliar la franja de cooperación a la hora de extinguir los incendios forestales hasta los 25 kilómetros a un lado y otro de La Raya, ese espacio con virtudes y problemas compartidos donde conocen bien a los incendios convectivos.

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