Extremadura y las orejas de la globalización

Esta globalización ‘funciona’ a base de una deuda que hace girar el mundo hasta que este se paraliza bruscamente, como ocurrió en 2008 y como volverá a ocurrir en breve, pues el escaso crecimiento es ficticio, de matriz especulativa, a golpe de disminuir salarios y arrancar más del consumo básico de la población

ÁNGEL CALLE COLLADO Profesor de Ecología Política y Agricultor en el Jerte

A la puerta de Extremadura vienen llamando las dos grandes dinámicas globalizadoras de este planeta: una económica, de mercados que miran poco por los territorios que pisan; y que a su vez está provocando otra climática. Ambas son poco favorables para Extremadura. Crecimientos económicos bajos, muy por debajo de la media española, y sobre todo no dirigidos hacia la satisfacción de necesidades básicas de la población, si no de mercados externos. Patente aumento de desigualdades entre territorios, como señalan los informes de la Fundación de las Cajas de Ahorros (Funcas): Navarra podrá navegar por debajo del 10% del llamado paro estructural, pero Extremadura deberá ‘acostumbrarse’ a estar cerca del 30% (la diferencia pasa de 10 puntos antes de la crisis a ser el doble después de la misma). Y a su vez se producirá un aumento de dichas desigualdades entre las distintas capas sociales de cada región. Lo que progresivamente se irá reflejando en una menor esperanza de vida o en un aumento crónico de problemas de salud o de enfermedades mentales entre personas con menor nivel socioeconómico y con mayores dificultades para acceder derechos sociales básicos como vivienda, renta, sistema sanitario o acceso a un entorno de vida saludable (aparte de los consabidos informes de La Caixa o BBVA, recomiendo en materia de salud la web del colectivo de médicos críticos colectivosilesia.net)

Y sin embargo todo parece que se mantiene, que puede sostenerse así. Esta globalización ‘funciona’ a base de una deuda que hace girar el mundo hasta que este se paraliza bruscamente, como ocurrió en 2008 y como volverá a ocurrir en breve, pues el escaso crecimiento es ficticio, de matriz especulativa, a golpe de disminuir salarios y arrancar más del consumo básico de la población. Los ayuntamientos son obligados a garantizar (la llamada Ley Montoro) los endeudamientos estatales que fueron destinados en parte a rescates bancarios. Los hogares extremeños dedican en torno al 22% de sus ingresos a pagar los efectos de una burbuja inmobiliaria. Fondos de inversión extranjeros controlan, a la postre, estos endeudamientos. Más endeudamiento ha traído más globalización, y viceversa. Un círculo vicioso, el de la economía financiera que se aleja de la productiva y obvia reconocer sus límites ambientales, que aboca a los de abajo y a las zonas más periféricas a hacer un mayor esfuerzo. Y sin perspectiva de cambio, más bien de entrar en sendas de exclusión social.

¿Es que no hay otra forma de hacer economía, de preocuparse por Extremadura, de defenderse de esta globalización de efectos y racionalidades suicidas? Pues volvemos a la globalización, con algún acento verde y social, parece ser la respuesta por parte de las autoridades. Sobre todo de la maquinaria engrasada de la Unión Europea que controla qué se financia, quién puede financiarse y cuáles son las partidas de gasto que pueden permitirse. Como ilustración tenemos este proyecto difuso de generar una Economía Circular. China la hizo ley en 2008 y la Comisión Europea aprobó este programa en septiembre de 2014: básicamente, una economía que aproveche sus residuos. Suena bien, y puede tener sus efectos positivos a la hora de intentar cerrar círculos materiales y energéticos. La Junta de Extremadura se ha apuntado este año al carro, prometiendo el despegue de una economía verde y sostenible. Pero tiene sus trampas y ya las iremos viendo, como afirma el reputado investigador de ecología política Joan Martínez Alier: habrá mucho de cortina de humo, como lo es el concepto de «desarrollo sostenible», que ha permitido legitimar el incremento de un metabolismo (consumo, circulación y desecho de energía y materia) realmente nocivo e insostenible a todas luces; mejor manejo de residuos no significa que se produzcan menos cosas, puede incentivar lo contrario por parecer que ya nadamos tecnológicamente en la eficiencia ecológica; los residuos son un mercado apetecible para grandes empresas de servicios, al contrario que el cambio de las reglas de la economía para que sean más locales y centradas en las necesidades básicas de la población.

La globalización viene, con sus falsas promesas y sus respuestas sin un mínimo de sentido crítico. Pero viene también la relocalización forzosa fruto del menor acceso a los combustibles fósiles que terminarán por ser marginales en un par de décadas. Podemos ser pioneros y pioneras en la lucha contra el cambio climático favoreciendo producciones con insumos ecológicos elaborados aquí, energías alternativas que no sirvan a otras economías si no a nuestros territorios, diversificaciones para favorecer mercados internos e insertos en una economía social y solidaria, hablar de necesidades y no de deseos o indicadores de crecimiento que produce y satisfacen a los mercados globales. No traigamos más globalización. No se puede, por un lado, sin que suponga más desigualdad, más incendios, agriculturas menos sostenibles. Pero, viéndole ya las orejas a esta globalización, estas distan mucho de anunciar economías de mayor bienestar para las personas extremeñas y los territorios donde viven. No parece apetecible ser devorado por ella. Y ya no son cuentos, si no realidades. Algunas, bastante inviables por cierto.

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