Una esperanza contra la malaria

Elena Gómez, en su laboratorio. :: fundación BBVA

Elena Gómez Díaz, investigadora en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

MARILARA GONZÁLEZ

Mis pretensiones están lejos de curar la malaria, pero con mis investigaciones quiero aportar mi granito de arena en la lucha contra esta enfermedad», afirma Elena Gómez.

Está bióloga, de origen extremeño, ha sido reconocida con una de las 50 becas Leonardo que concede la Fundación BBVA. La aportación económica de 40.000 euros que recibirá es una ayuda en su investigación sobre la epigenética de la malaria cuando esta se encuentra en el mosquito vector, y por lo tanto antes de que se haya trasmitido al ser humano.

ALGUNOS DATOS

Personal
Elena Gómez Díaz nació en Barcelona en el año 1979. Sus padres son emigrantes procedentes de Jerez de los Caballeros. Soltera.
Estudios
Cursó la carrera de Biología en la UEx en Badajoz. A su término regresó a Barcelona para hacer el doctorado.
Experiencia
Entre otros, ha trabajado en Montpellier (Francia), Atlanta (EEUU) y Barcelona. Actualmente desarrolla su labor en Sevilla, en un organismo dependiente del CSIC

La investigadora, de 37 años y cuyos padres son de Jerez de los Caballeros, estudió la carrera en Badajoz, concretamente Biología en la UEx. En 2002 terminó y se fue a su Barcelona natal a realizar la tesis doctoral sobre parasitismo. «Desde ese momento me empecé a interesar mucho por las enfermedades infecciosas transmitidas por insecto vectores como las garrapatas y los mosquitos», comenta Gómez.

Ha sido reconocida con una beca Leonardo concedida por la Fundación BBVA

Al acabar su doctorado, en 2007, viajó a Montpellier (Francia) gracias a la beca posdoctorado 'Marie Curie' para trabajar en el Centro Nacional para la Investigación Científica (CNRS en sus siglas en francés).

Después de casi tres años allí, regresó a Barcelona para desarrollar su labor en el Instituto de Biología Evolutiva, gracias a una beca 'Juan de la Cierva'. «Allí continué mis estudios con parásitos y enfermedades infecciosas, me interesé por los mecanismos moleculares que permitían a los parásitos adaptarse de forma rápida al ambiente», rememora.

Esa inquietud dirigió su interés al estudio de la epigenética como el conjunto de procesos que regulan la expresión de los genes y que son independientes de la información genética. Y para especializarse en ese área se trasladó a Atlanta (Estados Unidos), donde residió tres años, para recalar más tarde en Sevilla, donde trabaja actualmente como investigadora Ramón y Cajal, donde centra su línea de investigación en el estudio de la epigenética de la malaria.

«El ciclo del parásito causante de la malaria es muy complejo, primero se desarrolla en el mosquito que lo trasmite a un humano, donde inicia un nuevo ciclo de desarrollo».

En África

Durante su desarrollo el parásito va cambiando de forma y se adapta a su ambiente. «Esta variabilidad hace que sea muy difícil atacarlo, porque cambia muchas veces y en diferentes momentos tanto en el humano como en el mosquito»

La finalidad del proyecto en el que trabaja Gómez es intentar descifrar los mecanismos, de tipo epigenético, que le permiten al parasito cambiar y adaptarse, para encontrar su talón de aquiles.

La malaria es una enfermedad que afecta casi al 100% de la población africana en algún momento de su vida, y sobre todo a madres embarazadas y a niños. Causa casi medio millón de muertos al año. «La beca que me han dado supone un trampolín para mi carrera, de cara a obtener recursos y personal, y afianzar mi grupo y línea de investigación».

La ayuda que recibirá es un proyecto independiente como investigadora Ramón y Cajal en la Estación de Biológica de Doñana, un instituto independiente del CSIC, donde tiene un contrato de cinco años. «Antes el ministerio te aseguraba una plaza de funcionario cuando terminabas el contrato». Esto era así porque el número de plazas coincidía con el de aspirantes. «Pero con la crisis la cosa ha cambiado, no hay plazas para todos y con ello se retrasa nuestra edad de estabilización»

Elena recalca que este es uno de los principales motivos por el que hay mujeres que abandonan el mundo de la investigación. «Lo nuestro es una relación amor-odio con nuestro trabajo, no cambiaría lo que hago por nada, pero las condiciones para estabilizar nuestra situación son muy duras. Conseguirlo se convierte en una agonía vital».

La inestabilidad en el campo de la investigación es cada vez mayor y con ello se dificulta la edad de la maternidad. «Nuestro trabajo es muy demandante y requiere de dedicación completa, horas extra y disponibilidad absoluta. Implica viajar continuamente y mucha flexibilidad», remacha.

Esta situación se ve claramente reflejada en el declive progresivo en el número de mujeres a medida que avanzan en la investigación, según ella. Un porcentaje muy alto de estudiantes que acaban la carrera son mujeres (más del 60%). Alrededor del 50% de los estudiantes de Doctorado son mujeres. Esta representación se reduce progresivamente a medida que avanza la carrera de investigadora y es alrededor del 15% o menor en el caso de científicos funcionarios con plaza.

«La ausencia de mujeres en puestos de responsabilidad en el campo de la investigación tiene que cambiar. Pero para ello tiene que cambiar el sistema de valores. Dejar de primar la competitividad y la agresividad como valores de éxito, y sobre todo dar visibilidad a la labor de las mujeres. Necesitamos más mujeres que sirvan como modelo para las nuevas generaciones de científicas. Las mujeres han contribuido a la ciencia desde sus inicios, aunque no hayan sido reconocidas », asegura Gómez.

Aunque afirma que nunca ha sufrido discriminación por ser mujer, considera que la igualdad de género tiene que mejorar ya que es por supuesto una asignatura que nuestra sociedad tiene pendiente

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