«En España se han evitado decenas de atentados desde el 11-M»

Igualada es miembro del Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo. :: yago da silva/
Igualada es miembro del Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo. :: yago da silva

El experto inaugurará el curso 2017-18 de Aula HOY con una conferencia mañana en Cáceres y otra el martes en Badajoz Carlos Igualada Licenciado en Historia. Especialista en terrorismo yihadista

A. ARMERO CÁCERES.

Tiene solo 27 años y es ya una de las voces habituales cuando se trata de hablar del terrorismo yihadista en España. Carlos Igualada (Alicante, 1990) se licenció en Historia, hizo un máster en Relaciones Internacionales y se especializó en terrorismo yihadista. Ha estudiado en La Rioja, Alicante, Sevilla, Maryland (Estados Unidos), Ginebra (Suiza) y Copenhague (Dinamarca), y en la actualidad es miembro del Observatorio Internacional de Estudios sobre Terrorismo. Él abrirá el curso de conferencias 2017/18 de Aula HOY, con charlas mañana en Cáceres (a las 20.15 horas en la sede central de Caja Almendralejo, en el Palacio de los Málaga) y el martes en Badajoz (a la misma hora en el salón de actos del Colegio Oficial de Farmacéuticos, en la calle Ramón Albarrán).

-Recientemente, el Estado Islámico difundió un vídeo en el que aparecía un joven amenazando a España. Tiene 22 años y le apodan 'El Cordobés' porque procede de Pedro Abad, un municipio de esta provincia andaluza. ¿Cómo debemos interpretar el hecho de que en el Estado Islámico se integre un veinteañero de un pueblo cordobés de 2.900 habitantes?

-Realmente se debe a que España es objetivo del terrorismo yihadista y de la propaganda que lleva años haciendo desde las redes sociales. Es muy fácil que individuos que no se sienten integrados en un país o que consideran que no tienen vínculos con él caigan en este fanatismo ideológico y se sientan más vinculados con el pensamiento de los grupos yihadistas. Esto pasa especialmente en los jóvenes de las segundas generaciones procedentes de países musulmanes.

LAS CLAVES«Subir la alerta terrorista en nuestro país al nivel máximo podría ser contraproducente» «Bastan unos meses para que alguien sin vinculación con el yihadismo pueda radicalizarse y atentar»

-Con frecuencia escuchamos que España es un ejemplo en la lucha antiterrorista, hasta el punto de que nuestros agentes ayudan a formar a los de otros países europeos. ¿Hasta qué punto esto es así?

-Sí, es así. España es el máximo referente en lucha contra el terrorismo yihadista, debido a varios factores. En primer lugar, porque el nuestro es un modelo preventivo, es decir, que ante cualquier mínimo indicio de una posible actuación de individuos o células, se interviene rápidamente. Otro factor es la experiencia de la lucha contra ETA, aunque este sea un terrorismo de otra índole. Otro motivo es la creación del CITCO, el Centro de Inteligencia contra el Terrorismo y el Crimen Organizado. Otro es la cooperación internacional, sobre todo con Marruecos, con quien España mantiene una colaboración intensa en todo lo que tiene que ver con el terrorismo yihadista. Y un último factor son nuestras políticas legislativas y nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad especializados.

-Y sin embargo, seguimos sufriendo atentados. ¿Hay que asumir que es imposible acabar con el terrorismo yihadista?

-Es evidente que es imposible garantizar la seguridad al cien por cien en ningún país, por mucha seguridad que tenga y muchos medios especializados que existan. El terrorismo yihadista es una amenaza a la que es muy difícil hacer frente, porque no necesita muchas herramientas para atentar. No obstante, es cierto que en España, gracias al trabajo de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, se han evitado decenas de atentados desde el 11-M.

-Cómo evitar que un fanático se coloque un cinturón de explosivos, lo tape con su abrigo y se inmole en pleno centro de una gran ciudad... O que un fanático alquile una furgoneta y recorra una avenida atropellando gente...

-Eso es. Son individuos que entran en procesos de radicalización, que además son cada vez más cortos. Antes podían durar dos años y ahora, bastan unos meses para que un individuo sin vinculación previa con el yihadismo y su ideología se radicalice y decida ponerse un cinturón de explosivos y activarlo en un centro urbano. Es algo psicológico, mental. Y es muy difícil anticiparse a eso.

-¿Puede haber un atentado yihadista en cualquier momento en cualquier sitio del mundo?

-Sí, sin duda. La sociedad debe ser consciente de ello, porque como ya hemos dicho, es imposible garantizar la seguridad al cien por cien, y debemos estar preparados para ello.

-¿El hecho de vivir en un lugar como Extremadura no hace que el riesgo de atentado se minimice?

-Así es. El riesgo en mayor o menor en función de que existan o no focos de radicalización y de influencia salafista, que es la antesala de la violencia yihadista. En lugares donde no existen estos núcleos de influencia ideológica es más complicado que se produzcan acciones terroristas, porque no hay agentes radicalizadores. En un panorama en el que todos estamos amenazados, es cierto que hay unos lugares más amenazados que otros. Por ejemplo, Cataluña está más amenazada, porque es el principal foco de radicalización que hay en España.

-¿Las cárceles son también focos de radicalización? Aquí hay dos, una en Badajoz y otra en Cáceres. ¿Este es un dato a tener en cuenta o su importancia es residual?

-Sin lugar a dudas, se está comprobando que en las cárceles se están produciendo radicalizaciones. Están saliendo últimamente estudios sobre esta cuestión. Esto es algo muy a tener en cuenta, porque afecta también a individuos que a su entrada en prisión no tienen ninguna vinculación con el yihadismo. Son presos comunes que en el interior de las prisiones contactan con agentes radicalizadores que sí tienen esa ideología yihadista y empiezan a adoptarla como propia. Y finalmente, cuando salen del centro penitenciario se han convertido en potenciales terroristas. Hay que poner más medidas de seguridad en este sentido de cara al futuro, porque se ha comprobado que algunos de los individuos que han cometido atentados en los dos últimos años en Europa han pasado antes por las prisiones.

-El otro día, usted citaba en Twitter una información que detallaba que España es el tercer país que más armas vende a Arabia Saudí. Solo nos superan Estados Unidos e Inglaterra. ¿De qué manera influye este dato a la hora de hacer la radiografía de la amenaza del terrorismo yihadista en España?

-Es una cuestión más moral. Es evidente que Arabia Saudí es la principal precursora de la ideología salafista, que es la antesala del terrorismo yihadista. Por lo tanto, en el sentido armamentístico somos uno de los principales aliados de un país que de cierta forma está vendiendo al resto de Europa una ideología que incita a cometer atentados. Es cierto que estas alianzas con estos países deberían ser revisadas. No deberíamos permitir que en las mezquitas europeas se difundan mensajes salafistas, que son de rechazo a nuestros valores occidentales, y que pueden impulsar a individuos radicalizados a dar el paso de atentar.

-Otro ingrediente en esta radiografía son las redes sociales. ¿Qué papel juegan?

-Son fundamentales. Son uno de los elementos que han permitido al Estado Islámico desarrollar estas tareas de proselitismo, reclutamiento y propaganda que han conseguido llamar la atención de muchísimos jóvenes que a partir del año 2015 decidieron ir a los territorios del Califato, en Siria e Irak, para combatir allí -son los llamados 'foreign fighters', o luchadores extranjeros-, y a los que se incita a cometer atentados en sus lugares de origen. Por tanto, hay que considerar a las redes sociales como una de las herramientas principales del yihadismo.

-¿Por qué cree que España no sube el nivel de alerta hasta el máximo?

-Porque en cierta forma, puede ser contraproducente. Es un debate que está a la orden del día. La presencia de soldados en la calle en Francia ha provocado un aumento de las acciones contra ellos. Es quizás una forma más fácil de hacer visibles a quienes son objetivos para los radicales. Que existan militares en la calle y la gente los vea no reduce las posibilidades de atentado. Es cierto que en determinadas ocasiones puede hacer que la población se sienta más segura, pero a largo plazo puede ser una medida contraproducente.

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