Ana Domínguez Acevedo, entrenadora de valores

Ana Domínguez (23 años) con «sus niñas», como ella les llama, del club Don Bosco, en Badajoz. :: arnelas/
Ana Domínguez (23 años) con «sus niñas», como ella les llama, del club Don Bosco, en Badajoz. :: arnelas

Ana Domínguez Acevedo, entrenadora deportiva y estudiante de Magisterio

ANTONIO ARMERO

Ana vive rodeada de niñas. 35 tiene a su cargo este curso. Repartidas entre tres equipos (un infantil y dos cadetes) de voleibol del Club Polideportivo Don Bosco, en Badajoz. Chicas de 13 a 16 años a las que su entrenadora les enseña algo más que deporte. «Siempre les digo que lo importante es que disfruten, que se lo pasen bien, que no vale de nada ganar si lo han conseguido de manera que les quede un mal sabor o agobio, por pequeño que sea».

Ana Domínguez Acevedo (Valdelacalzada, 23 años) nada a contracorriente. Más bien, entrena a contracorriente. En un mundo, en el de los deportes para niños, en el que hay entrenadores capaces de reñir a un crío porque ha fallado un pase o de dejarle casi todo el partido en el banquillo porque no es de los mejores del equipo, escuchar a Ana reconcilia con el mundo. Esos que se creen Mourinho quedan ridiculizados por la filosofía de esta veinteañera que de niña jugaba al fútbol. «Yo intento -explica- no enseñarles solo voleibol, sino sobre todo algo más importante y que les valdrá para toda la vida: que se ayuden entre ellas, que sean buenas compañeras, que hagan piña y que se lo pasen bien».

Cambio de opinión

Estudió primero un ciclo superior de FP sobre actividades deportivas y ahora está en segundo curso de Magisterio

Entrena a tres equipos de voleibol de niñas de 13 a 16 años, a las que insiste en que «lo importante es pasarlo bien»

A conseguir todo esto le ayuda su formación. Domínguez cursó primero de TAFAD (Técnico de grado superior en animación de Actividades Físicas y Deportivas) y ahora está estudiando segundo curso de Magisterio en la Universidad de Extremadura. «Yo no pensaba en ir a la universidad, porque de pequeña no era muy buena estudiante -reconoce-, pero haciendo el grado superior saqué tan buenas notas que me animé a seguir y me di cuenta de que lo que más me gusta es la docencia».

Esa experiencia de las clases con los niños la vive de momento gracias a las prácticas. Si todo va bien, le gustaría ganarse la vida «dando clases en Primaria en algo relacionado con la Educación Física y el deporte», concreta. «Claro que también sería una experiencia muy buena entrenar a algún equipo de voleibol de élite, pero creo que lo que se me da bien, por lo menos de momento, es entrenar a mis niñas».

Habla de ellas con un cariño casi maternal. Dice, de hecho, que se interesa por sus resultados académicos. «Este año es más complicado porque no es fácil saber cómo van las 35, son muchas, pero sí que lo intento», desgrana la joven pacense. Lo hace, amplía, porque entiende que a la altura de la vida en la que están las chicas a las que entrena, los estudios son más importantes que el deporte. «Si alguna se despista y saca malas notas, ya sabe que al fin de semana siguiente no jugará, pero la verdad -cuenta Ana Domínguez-, lo de dejar a alguna sin jugar es algo que no he tenido que hacer nunca, porque son responsables, saben lo que hay y suelen ir bien con las notas».

De hecho, ella menciona con orgullo la llamada de alguna madre para darle las gracias porque su hija había dado un giro en su rendimiento escolar y estaba obteniendo buenas calificaciones, en gran modo gracias a la aportación de esta entrenadora de voleibol enamorada del deporte. Hasta tal punto que reconoce que le costó de verdad estar dos meses sin practicarlo, por culpa de una lesión.

«Una de las frases que repito a las niñas cada poco es que no permitan que nadie les diga cuáles son sus límites», plantea Domínguez, que conoce un valor crucial al colectivo, por encima del individuo. «Todo lo que hago persigue también que el equipo sea un grupo», expone. «Me parece muy importante que no haya pequeños grupos dentro del equipo, que sean todas una piña, y creo que lo vamos consiguiendo».

El valor del grupo

Para avalar el éxito de este planteamiento, cita un dato: el número de inscritas en los equipos de voleibol femenino del Don Bosco se ha disparado. «Tenemos -cuenta ella- chicas de distintos barrios de Badajoz, y para el campus que celebramos en Navidad ya se han apuntado veinte, cuando el año pasado fueron seis».

Esto sucede en gran modo gracias a una forma particular de enfocar la práctica deportiva entre menores, y también por la buena acogida que tienen las iniciativas encaminadas a reforzar lazos entre los integrantes de un equipo. «Una de las cosas que hacemos, por poner un ejemplo, es que algunas veces nos vamos a comer al McDonald's después de un partido, y eso les encanta, ahí se hace grupo muy bien», detalla Ana Domínguez, que es la mediana de cinco hermanos. Una veinteañera que dejó el fútbol y que ahora empieza a superar la lesión que le mandó al quirófano. «Estoy empezando a correr, también hago pádel y monto a caballo, la verdad es que me gusta casi cualquier deporte», cuenta la entrenadora del Don Bosco, que también tiene experiencia en el trato con personas con algún tipo de discapacidad. En el campus de la pasada Navidad, practicaron con el voleibol para discapacitados y también con el fútbol para ciegos. Y esta Navidad repetirán. Siempre teniendo un concepto bien claro, recuerda ella: lo más importante es pasárselo bien.

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