Los efectos de los recortes de la PAC

Contar con menos dinero para la PAC en Extremadura supone cortapisas al relevo generacional, tan necesario en el campo extremeño, al igual que palos en la creación de puestos de trabajo, lo que perjudica gravemente el tejido económico

JUAN METIDIERI IZQUIERDOPresidente de APAG Extremadura

Quién iba a decir que la PAC iba a dar tanto dolor de cabeza! A los continuos problemas informáticos a los que nuestros técnicos se han tenido que enfrentar durante estos meses para la gestión y tramitación de la ayuda, se suma el malestar generado por la inaceptable propuesta de la Comisión Europea (CE) para el próximo Marco Financiero Plurianual, que implica un recorte del 5% de cara al próximo presupuesto de la PAC , otro recorte del 4 % en pagos directos, y un 7% de los fondos de cohesión, sin olvidar las estimaciones para el segundo pilar de la PAC (Desarrollo Rural) que ascienden a la cifra injustificable del 15%.

Si bien se ha llegado a sentir cierto alivio en el mundo agrario tras el temor infundado por suposiciones y opiniones sin fundamento, que apuntaban a recortes de hasta un 30%, lo cierto es que la indignación por esta propuesta legislativa está servida.

Hay veces que es mejor guardar silencio que soltar bombas de relojería. El tijeretazo planteado por la CE ha levantado muchas ampollas y, sobre todo, preocupación, pues no debemos olvidar que la agricultura y ganadería es la política social más importante que hay. Es fuente generadora de riqueza y mano de obra, y constituye la herramienta perfecta para dotar de población al mundo rural.

Como consecuencia de estos recortes nuestro sector corre el riesgo de sufrir desmantelamiento. Atacar las políticas con mayor fortaleza y capacidad de acción de las instituciones comunitarias resulta cuanto menos temerario, y demuestra haber tenido poca altura de miras con esta propuesta de recortes.

Destinar menos dinero al sector agrario es restar viabilidad económica a las zonas rurales y a nuestras explotaciones agrarias, además de poner en riesgo el abastecimiento de 500 millones de consumidores y la calidad de los productos alimentarios, por no hablar de los precios, que ya de por sí están fuertemente castigados.

En 2017 Extremadura fue la quinta comunidad autónoma con mayor número de beneficiarios (más de 55.700 agricultores y ganaderos) y la cuarta en cuanto al número de hectáreas declaradas (2,67 millones de hectáreas). Son datos que impresionan, al igual que la bajada experimentada en cuanto a su presupuesto. Y es que el año pasado Extremadura contó con un montante global para la convocatoria de ayudas de la PAC de 552 millones de euros, frente a los 513 millones de este año.

Contar con menos dinero para la PAC supone igualmente poner cortapisas al relevo generacional tan necesario en el campo extremeño, al igual que palos en la creación de puestos de trabajo, lo que perjudica gravemente el tejido económico agrario.

Este tipo de plantamientos nos invita a reflexionar qué tipo de Europa queremos: una Europa que crece al mismo ritmo o con distintas velocidades. Una Europa más cohesionada y que va al unísono de los nuevos tiempos, o una liderada por la idea de aquellos países que en un primer momento renunciaron al proyecto europeo.

Nuestro sector necesita una PAC que compense la renta de los agricultores. Y es que mientras los europeos disfrutan de una alimentación segura, variada y asequible, los que lo facilitan (agricultores y ganaderos) siguen percibiendo por ello una renta que solo llega a la mitad de la del resto de los ciudadanos.

Resultaría un despropósito que se llevara a efecto la propuesta del CE, ya que el profesional del campo debe cumplir con medidas medioambientales restrictivas para hacer frente a la actual política contra el cambio climático, lo que conlleva dificultades en nuestra labor diaria, hasta el punto de perjudicar de manera significativa nuestras producciones y, por ende, nuestro bolsillo.

A pesar de la importancia que supone para la sociedad la Política Agraria Común, lo cierto es que las autoridades europeas, periodo tras periodo, han ido recortando su presupuesto. Así, todo apunta a que esto va a seguir siendo una de las constantes de la PAC. Y es que el montante dedicado a esta ayuda ha pasado de suponer el 70% de toda la Unión Europea en 1962, hasta el 37% del marco financiero negociado en 2014.

Hasta finales de este mes o principios de junio no conoceremos el veredicto del Ejecutivo comunitario para reformarla, ya que tiene que haber consenso tanto con el Consejo como con el Parlamento Europeo.

Sin embargo, el castigo generalizado de la CE por el 'Brexit' está encima de la mesa. Las velas que hayan de aguantarse han de ser proporcionadas al palo que cada cual tenga, y el de la agricultura no está ni para más vetos rusos, ni más ocurrencias sobre agricultura del Sr. Trump.

Así las cosas, aunque tengamos debate de la PAC para rato, y aún haya tiempo para que malas propuestas acerca de esta ayuda cojan otro color más esperanzador, es necesario que se haga hincapié en todas las plataformas posibles para subrayar lo que nos jugamos con esta importante decisión sobre su presupuesto, porque ahora mismo pende de un hilo lo que comemos, nada más y nada menos.

Por ello, solicitamos a nuestros mandatarios más cercanos más manos a la obra para pedir a gritos y al unísono una PAC justa, consciente, congruente y hecha por y para los agricultores, ganaderos y consumidores. ¡A César lo que es del César!

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos