Dormir como un jesuita

Hotel Casa do Colégio Velho, en Vila Viçosa. :: E. R./
Hotel Casa do Colégio Velho, en Vila Viçosa. :: E. R.

Casa do Colégio Velho, un bello hospedaje en Vila Viçosa

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

En Vila Viçosa, entre el Palacio Ducal y la Praça da República, hay un hotel muy especial por su historia y sus instalaciones. Se llama Casa do Colégio Velho, está situado en la Rua Doutor Couto Jardim y la gracia del lugar es que fue un antiguo convento de jesuitas. El hotel es un laberinto de escaleras (no hay ascensor), salitas con sillones, mesas hermosas para leer y trabajar y un patio lleno de flores y naranjos, impregnado por el olor a azahar y con una agradable piscina para los días de calor.

Las habitaciones tienen todas detalles inesperados como tinas de la belle époque, un peso en el baño, armarios que parecen sacados de un cuento infantil, camas altas con magníficos colchones y sábanas bordadas con flores doradas, las mismas que aparecen en toallas, albornoces o almohadones.

Paseando por el hotel, aquí y allá, surgen salas con vitrinas conteniendo colecciones diversas de la familia Portas, los propietarios. Hay rincones imprevistos, pasillos por sorpresa, un poético Rincón de las Quimeras, mucho sabor británico y la impresión de que en cualquier momento puede aparecer el espectro de un jesuita al final del pasillo, tras una celosía o en el hueco de la ventana de ojo de buey del cuarto de baño.

Inquieta y atrapa este bellísimo convento-hotel en cuya puerta no pone que sea hotel, pero lo es, y tampoco se dice que haya sido convento, pero lo fue. Los jesuitas, que en Portugal eran conocidos como Apóstoles, habían llegado al país en 1540. Enseguida, empezaron a venir a Vila Viçosa, poderosa villa ducal, en misión educadora. El Duque de Bragança, al reparar en la eficacia catequizadora jesuítica, les facilitó la adquisición del solar, donde, en 1602, se inauguró este convento, que pronto sería conocido como Colegio Viejo y del que saldrían jesuitas ilustres que llegaron a ser obispos en Japón (Diogo Valente) o provinciales de la Compañía (António d'Abreu).

Mientras escribo estas líneas, a medianoche y en uno de los rincones escondidos del viejo convento, se escuchan unos pasos misteriosos arrastrándose por las escaleras de madera. Siento una inquietud infantil, debe de ser miedo. Una cara de mujer se asoma tras el pasamanos. No la he visto antes en Recepción ni por los pasillos. Me mira. No puedo dejar de pensar en las monjas de Cádiz que se refugiaron en esta casa durante la II República. Eran Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, llegaron en 1933 y en 1940, al acabar la contienda española, prefirieron no volver y fundar colegios en Oporto y Lisboa, donde les parecía que llevarían una vida más tranquila. Los calipolenses, que así se llaman los naturales de Vila Viçosa, recuerdan aún a aquellas monjas porque enseñaron a coser y a bordar a muchas jóvenes de la ciudad.

La señora que asoma por la escalera no es una monja espectral, pero su aparición inesperada asusta un poco hasta que se presenta como la dueña del hotel y aclara que sube los dos tramos de escaleras de madera para revisar las luces y velar por sus huéspedes. Fueron sus antepasados, Leopoldo y Umbelino Portas, quienes compraron en 1946 este edificio para habitarlo, tras ser remodelado con muy buen gusto por el arquitecto Camilo Korrodi.

La señora se acerca y entabla conversación: le encanta Cáceres (en la estantería situada detrás de mí reposa un libro de Carlos Callejón sobre la ciudad monumental cacereña), habla varios idiomas con fluidez y me anima a seguir escribiendo sin miedo pues hace años que no se sabe nada de fantasmas ni de almas en pena de jesuitas ni de esclavas del Sagrado Corazón. Hace años que no se sabe... Es decir, antes sí se sabía. Desciende la aristocrática patrona las escaleras, el arrastrar de sus pisadas se va diluyendo, pero al instante bisbisea un roce, se queja una puerta, gimen dos maderas... Escribo deprisa, remato el artículo, vuelvo a la habitación, me acuesto. Mi mujer ronca tranquila. Es una valiente.

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