María Victoria López, la doctora enamorada de África

María Victoria López, en Camerún. :: jory
EXTREMADURA EN FEMENINO

Antonio J. Armero
ANTONIO J. ARMEROCáceres

El pasado martes, cinco minutos antes de ponerse frente a las cámaras y micrófonos para informar sobre los acuerdos del último consejo de gobierno, el presidente de la Junta de Extremadura llamó por teléfono a María Victoria López (La Coronada, Badajoz, 1958) para anunciarle que era una de las elegidas para recibir la Medalla de Extremadura, o sea, la mayor distinción que concede la comunidad autónoma. «Lo primero que hice fue ponerle un WhatsApp a la familia», cuenta ella, que ahora, al recordar el momento en el que conoció la noticia, se acuerda de su madre. «Falleció este año -comenta-, le habría hecho mucha ilusión lo de la medalla».

Como Fernández Vara, María Victoria López es médico. Se licenció por la Universidad de Extremadura, amplió estudios sobre Medicina Tropical, hizo un máster y lleva años recorriendo África, el continente de la luz distinta que a ella le atrapó. «Es verdad que la luz es distinta -certifica-. A mí, África me tiene enganchada. Tiene un encanto especial. Sus paisajes, los bosques, las cataratas, la alegría de la gente, su manera de encarar la vida, su forma de enfrentar los problemas...».

Todo esto ayuda a explicar por qué ella prefirió ese camino, el de la cooperación en países necesitados, a otros más cotidianos. ¿Alguna vez en su vida se ha planteado trabajar en un centro de salud, por ejemplo? «No», responde María Victoria López sin dudar un segundo. «Al acabar la carrera -relata-, empecé a hacer sustituciones en la comarca de La Siberia. Estuve así cuatro años. Hasta que decidí que quería irme a África». Y se preparó para ello.

«Me emocioné al saber que me daban la medalla porque es sobre todo una medalla a la cooperación»

Se especializó en Medicina Tropical y dedicó dos años a hacer internados en hospitales de Barcelona, para ampliar conocimientos en diferentes áreas. Cirugía abdominal, partos, traumatología, medicina interna, tropical... En definitiva, a formarse con la vista puesta en África, el continente que siempre le llamó la atención, aunque no tenga muy claro dónde está la raíz de esa atracción.

Le pasa algo parecido cuando trata de explicar por qué estudió Medicina y no cualquier otra cosa. Quizás tiene que ver, apunta, con que sus abuelos y sus padres trabajaban en los huertos y en el molino de aceite que pertenecían a un médico. Fuera por esa o por otras influencias, María Victoria López se decantó por la Medicina, que la ha llevado a trabajar, entre otros lugares, a Camerún, Ruanda, República Democrática del Congo y Kenia.

En este último país, la extremeña ha compartido tareas con Alejandro Campón, misionero de Casar de Cáceres. Los dos conocen bien la realidad de Turkana, una de las regiones más pobres de Kenia, situada junto a la frontera entre Etiopía y Sudán. Allí ha ayudado a hacer realidad un proyecto de construcción de presas que ha contribuido a mejorar la calidad de vida de la población. «El agua está muy relacionada con la salud -explica la doctora pacense-, y esas presas han favorecido los asentamientos humanos en la zona, porque al haber riego, la gente puede tener huertos».

Además, López ejerció durante dos años como delegada de AEXCID (Agencia Extremeña de Cooperación Internacional al Desarrollo) para África, una responsabilidad que la ha llevado a Senegal, Mali, Sierra Leona o Mozambique. Desde hace años ejerce como responsable de Medicus Mundi en Extremadura. «Mi función -explica- es llevar la dirección de la oficina que está en Don Benito y localizar, seleccionar y justificar proyectos en África».

Una misión que la lleva con frecuencia a ese continente cuya realidad conoce de primera mano. En Congo contrajo paludismo, y en Camerún la filariasis. Las mismas y otras muchas enfermedades que ella ayuda a superar a los habitantes de esta zona del planeta donde casi nada material sobra. Su labor, en un sentido amplio, se resume con la palabra cooperación.

«Me emocioné cuando conocí que me daban la Medalla de Extremadura porque es sobre todo una medalla a la cooperación, un ámbito muy necesario en el que se ha recortado mucho y que ya no volverá a ser lo que fue en su mejor época, en los años ochenta». Su discurso es crítico, porque entiende que se gasta dinero en otras cuestiones -«en estas fechas, en todo lo que tiene ver con los festejos, por ejemplo», menciona- y no se le dedica la atención que merece a la cooperación o a la investigación sobre determinadas patologías que castigan a la gente con menos recursos. «Si en vez de a africanos fueran enfermedades que afectasen a la población de Estados Unidos, la realidad sería otra», reflexiona María Victoria López, que ahora está en Francia, estudiando el funcionamiento del sistema sanitario de ese país para elaborar un informe. La eligieron a ella entre 250 candidatos, entre otros motivos porque habla francés -es el idioma en la mayoría de los países de su continente favorito en los que ha trabajado y a los que sigo viajando cada poco- y por su experiencia. «Acepté el encargo -explica- con una única condición: poder seguir con mis proyectos de Medicus Mundi en África».

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