Al debate de la igualdad lo mata el oportunismo

Respuestas y no polémicas son las que necesitan las mujeres que temen, sufren y mueren, porque la polémica te puede reportar una relevancia instantánea, pero te aleja de la verdad y de las soluciones. Elegir este camino puede convertir a Vara en un twitstar, pero le aleja del presidente que necesita Extremadura

CRISTINA TENIENTE SÁNCHEZPortavoz del grupo Parlamentario Popular de Extremadura

Todos los analistas coincidieron. Cuando Felipe VI se refirió a la «lacra inadmisible» de la violencia género en su discurso de Navidad, sus palabras y sus gestos evidenciaban auténtica indignación. El Rey supo hacer suyo el sentimiento mayoritario de una sociedad que está convencida de que hay que terminar, de una vez por todas, con esta «violencia, criminal y cobarde, que degrada nuestra convivencia», dejando patente que su final, inexorablemente, implica el compromiso de todos, de hombres y de mujeres.

 El Rey puso el debate sobre la mesa, pero no pretendió ser el centro del mismo, y ahí radica la diferencia entre el éxito del mensaje de Felipe VI y el estrepitoso fracaso del presidente de la Junta que, pocos días después, también habló de violencia de género en su discurso de fin de año. «Las mujeres no mueren. A las mujeres las matamos los hombres por haber nacido mujeres», dijo, y cosechó de inmediato una lógica ola de indignación nacional por su desafortunado, injusto y superficial análisis. 

No es la primera vez que Fernández Vara utiliza en público frases como esta, pero ha sido su reiteración, en el marco institucional del mensaje de fin de año, lo que ha provocado que la crítica traspase los comentarios de un corrillo para elevarse a una polémica generalizada. 

En Extremadura parece que sigamos esperado resignados y pacientes una rectificación que no llega. Ni la lluvia de palos, que no escampa, es motivo suficiente para que el protagonista reconozca el error garrafal que ha cometido.

El error de reducir el gravísimo problema de la violencia de género a la clasificación injusta y manipuladora de una sociedad dividida en dos colectivos enfrentados de hombres versus mujeres, el error de marcar a los hombres con el estigma de una culpabilidad casi genética, y el error de reducir a las mujeres a un conglomerado de víctimas sin autonomía ni identidad. 

Para el presidente de la Junta, las mascotas, «que nunca maltratan a sus hembras», son un «ejemplo» en la lucha contra la violencia de género, mientras que los hombres son seres que nos matan, a priori malvados, dispuestos a oprimir, a cosificarnos, a no dejarnos ser porque su naturaleza les empuja a someternos.

Para la enorme mayoría de las mujeres ellos son nuestras parejas, nuestros padres, nuestros hijos y nuestros hermanos, nuestros amigos, nuestros compañeros, no son nuestros verdugos.

Ellos, como nosotras, están en los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado y persiguen a los violentos, en la Administración de Justicia y los juzgan. Son los psicólogos, los médicos, enfermeros que atienden a nuestras víctimas o los periodistas que escriben y sensibilizan sobre este drama terrible que a todos y a todas nos amenaza. 

La enorme mayoría de mujeres no estamos dispuestas a renunciar a la autonomía que tantos siglos y tantas batallas nos ha costado conseguir para reducir esta lucha a simplezas y generalidades. 

Señor Vara, ya basta de buscar polémica en su permanente recurso al lenguaje inconsistente y populista, deje de utilizar mensajes que solo nos perjudican. Las mujeres queremos que esta lucha no insulte ni excluya a los hombres sino que les implique, porque solamente juntos podremos renegociar los puntos en los que la diferencia se transforma en desigualdad. Solamente juntos podremos ponerle el cerco definitivo a la violencia y avanzar hacia una sociedad de hombres y de mujeres libres e iguales. 

La generalización perversa e interesada, utilizada como verdad política, no hace sino dificultar las relaciones entre hombres y mujeres. Es una limitada concepción de las relaciones humanas que sólo abunda en la división y los grandes retos no admiten la división. No hay igualdad ni justicia en la propaganda superficial que margina de la lucha a la mitad de la población. 

Señor Vara deje de enredarse en explicaciones cargadas de prejuicios y demagogia, aunque para usted sea más sencillo esto que aterrizar en las causas, analizarlas e impulsar medidas. Es más fácil la simpleza que el razonamiento, pero es más lesivo separar, dividir y promover la polémica que afrontar una realidad sin prejuicios. Y el que busca lo fácil sólo busca las apariencias, pero no las respuestas. 

Respuestas y no polémicas como estas son las que necesitan las mujeres que temen, que sufren y que mueren, porque la polémica te puede reportar el foco o una relevancia instantánea, pero te aleja de la verdad y, por supuesto, de las soluciones. Elegir este camino puede convertir a Fernández Vara en un twitstar, pero le aleja del presidente que necesita Extremadura.

 Señor Vara, haría usted bien en hablar menos y en ocuparse de resolver el bloqueo de las ayudas para la emancipación de las víctimas de violencia de género que creó el gobierno de Monago y que usted recortó al 50 por ciento, para después convertirlas en inaccesibles, al restringirlas a beneficiarias de viviendas sociales. Haría bien en abrir de una vez por todas la nueva Casa de la Mujer de Badajoz, que mantiene precintada a la espera de inaugurarla en época de boato electoral. Mientras no lo haga, será un destacado polemista, pero seguirá siendo un presidente mediocre.

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