Cuando la crisis es una oportunidad

Los peluqueros Juan Luis Sanguino y Jaime Aldeano, en Style Ink.. :: cedida/D. Palma
Los peluqueros Juan Luis Sanguino y Jaime Aldeano, en Style Ink.. :: cedida / D. Palma

Iniciativas empresariales y oposiciones son las opciones que han elegido muchos extremeños para hacer frente a la crisis

ANA B. HERNÁNDEZ

La crisis no nos tiene que parar, porque no es un handicap; a veces, es una oportunidad para las iniciativas, «lo que se necesita para apostar por el autoempleo». Lo dice Ignacio Lozano Salamanca, conocido como Nacho Trevejo en las redes sociales. Un detective pacense de 46 años que en plena crisis, en el año 2011, sin dejar su profesión, apostó por ampliar su faceta laboral. En noviembre de ese año abrió las puertas de su alojamiento en la Sierra de Gata y colocó a Trevejo, una localidad de 16 habitantes, en el mapa del turismo rural.

«Ese primer año logramos un 15% de ocupación; ahora estamos ya casi en el 50% y con una persona contratada», afirma. «Por eso estoy contento, porque el negocio va cada vez mejor, porque no hemos dejado de trabajar, promocionarlo, invertir... de hecho poco tiene que ver el alojamiento de ahora con el de entonces». Además, asegura, «esta apuesta por Trevejo está sirviendo también para potenciar otros negocios de la zona». Por eso mantiene que «la crisis no es un handicap; no, debemos mirarla como una oportunidad».

Un pensamiento que comparten otros muchos extremeños. Es el caso también de Rosa María Marín Herrero. Hace casi dos años, un 19 de octubre de 2015, abrió las puertas de Costura Express. «Llevaba tres años parada y estaba cansada de buscar y buscar empleo, de mandar currículos a todos los lados... para nada, porque en cuanto decía la edad ya no había muchas opciones».

«Hoy me alegro de que me despidieran, para apostar por lo que de verdad quería»

Pero Rosa María tenía claro que quería trabajar. «Había compaginado durante muchos años en mi vida los estudios con el trabajo fuera, con el de casa y el cuidado de mis hijos; estaba acostumbrada a ese ritmo de vida y me gustaba», reconoce. Por eso no quería quedarse en casa y, con el apoyo incondicional de su familia, decidió poner en marcha su negocio. «Y desde el primer día comencé a invertir en él, a mejorar las máquinas, las mesas, las herramientas... y no me quejo, todo lo contrario, el negocio va tirando, cada vez tengo más clientes porque funciona el boca a boca».

Hoy, a sus 53 años, Rosa lo tiene claro: «Me quedo con mi negocio, es lo que quiero, no lo cambio por un trabajo por cuenta ajena».

Tampoco daría marcha atrás Ismael Rozalén. En el inicio de la crisis económica, en el año 2008, abrió las puertas de su imprenta. «Un año antes me di cuenta de que el sector de los medios de comunicación, en el que trabajaba, se estaba complicando; y, por eso, con mi mujer, que entonces trabajaba en el mundo de la impresión, decidimos poner en marcha Gráficas Rozalén». Asegura que fue su primera adaptación a la crisis. Porque dos años después crearon La Gran Imprenta. «Habían empezado a crearse las primeras imprentas y entendimos que la expansión llegaba con internet; fue un acierto pleno», asegura. Hoy más del 80% de sus clientes, de dentro y fuera de España, acceden a sus servicios a través de la imprenta online». Hoy, una década después de que Ismael ideara su empresa, «puedo decir que me alegro de haber dado el paso, a pesar de los años duros que hemos atravesado».

Seguir creciendo

Tampoco Manuel Mendo y su esposa, Sandra Robledo, han parado de crecer, a pesar de la manida crisis, con su gimnasio Losan. Lo pusieron en marcha hace 18 años en un local de 79 metros cuadrados. Recientemente, en Plasencia, han abierto su nueva sede en un local de 600 metros cuadrados.

«Porque contamos con una clientela fiel que es la que nos hace crecer». Pero gracias, también, «a un esfuerzo constante, a mucho trabajo y a un trato personal que hace que el número de clientes haya ido en aumento». Y que han hecho posible no solo que el negocio no haya cerrado sus puertas, sino que haya crecido de forma notable.

«Quizás porque el desánimo que se tiene cuando uno pierde un empleo se combate en muchos casos con deporte y tal vez, también, porque cada día son más las personas que han asumido la necesidad de hacer deporte». Y ellos han aumentado las opciones de ocio para todos los gustos porque no han dejado de formarse. Por eso, para Manuel y Sandra la crisis no ha sido ningún obstáculo.

Como tampoco lo está siendo para Juan Luis Sanguino y su pareja, Jaime Aldeano. «Comencé a trabajar como peluquero en 2008; estaba en una empresa fuerte, muy contento y valorado, pero me lié la manta a la cabeza y opté por poner en marcha mi propia peluquería». Style Ink abrió sus puertas en mayo de 2015. Apenas cuatro meses después Juan Luis necesitaba ayuda para atender la peluquería. «Pero no sabía aún si me iría bien, si podría o no asumir otro contrato», reconoce.

Por eso le propuso a su pareja, Jaime Aldeano, que entonces trabajaba como cocinero, sector en el que se había formado, que se fuera con él. «Y sí, me tiré con él a la piscina; empecé a formarme como peluquero -hoy estoy a punto de terminar en la academia- mientras iba ayudando en Style Ink», explica.

«No me arrepiento para nada de esta reconversión; porque siempre me había gustado también la peluquería, que tiene mucho que ver con la cocina. Ambos son trabajos que se realizan con las manos y que requieren imaginación y sentimiento». De hecho, Jaime asegura que hoy no sabe cuál de los dos trabajos le gusta más. Pero sí tiene claro que volvería a tirarse a la piscina para apoyar a Juan Luis en la peluquería. «Para mí se ha abierto un mundo nuevo, que me gusta mucho y en el que estoy seguro que seguiré creciendo».

Posiblemente al ritmo de Style Ink, que ya cuenta con otros dos empleados más. «No nos podemos quejar, el negocio marcha bien y sigue para adelante», resume Juan Luis.

También por colocarse al frente de su negocio, por primera vez, ha optado Iván Hornero Benito. Hace tres años abrió Reparaciones y Mantenimiento. «Conocía el trabajo en el sector, porque ya había trabajado para otras empresas en la reparación de aparatos de gama fría tanto a nivel industrial como doméstico; desde aires acondicionados hasta frigoríficos», explica.

Un sector en el que recabó, no obstante, después de pasar por otros muchos oficios. «He trabajado en un bar, en empresas de jardines, ha sido pintor... pero llegó un momento en el que me decidí a montar mi propia empresa... porque lo peor es estar en casa sin hacer nada y yo he pasado por esa situación».

Hoy está contento con la decisión que tomó. «Me va bien, tengo cada día más trabajo, porque tengo cada día más clientes... por eso, continuaré trabajando para seguir adelante con mi empresa antes que volver a trabajar para otros», declara.

Sueños hechos realidad

La crisis económica también ha dado el empujón preciso a dos hermanas que hoy están al frente de su propio negocio: Flores en tu ensalada. Son Ana y Eva Hernández Esteban, de 33 y 27 años.

Ana es ingeniera forestal y licenciada en Ciencias Ambientales. Eva es arquitecta. Ambas comenzaron sus vidas laborales en los sectores para los que estaban formadas, pero la crisis les obligó a cambiar de rumbo. «Siempre habíamos tenido la ilusión por hacer algo juntas y por nuestra cuenta», asegura Ana. Y con la crisis les llegó una oportunidad en la que ya llevan más de tres años. Flores en tu ensalada es el trabajo de estas dos hermanas, una empresa de venta online de kits de cultivos para todo tipo de eventos. «En pequeñas cajas que decoramos para cada ocasión, ya sea para regalos de boda o presentes de empresas por ejemplo, introducimos todo lo que precisa una persona para cultivar», explican. «Desde productos de la huerta hasta infusiones, pasando por flores comestibles o plantas aromáticas... en definitiva, todo lo que se puede cultivar».

Su idea ha funcionado y son cada vez más los encargos que reciben a través de su web. «Nosotras trabajamos con proveedores, a poder ser de la zona y que tengan productos ecológicos, y nos ocupamos del montaje y diseño de los kits... Estamos muy contentas, el negocio va mejorando poco a poco y lo cierto es que estamos satisfechas con la decisión que tomamos; emprender es algo muy atractivo y con las redes sociales es más fácil».

Su historia es parecida a la de Sergio Corchado y su novia, María José Sánchez. La crisis puso fin a los 15 años que Sergio llevaba trabajando en los Cines Conquistadores de Badajoz. «Había hecho de todo en ellos, pero en octubre de 2014 me quedé sin trabajo», recuerda. Su novia continuaba con trabajos esporádicos en el sector de la hostelería.

Y en esta situación, la crisis les empujó a emprender. «Siempre me ha gustado el mundo de la cocina y de las especias y quizás por eso nos decantamos por una tienda de venta a granel, de consumo responsable, en la que se compra la cantidad que realmente se necesita», explica Sergio.

la tienda Semilla y Grano de Badajoz es hoy su empresa, donde se venden, siempre que es posible con proveedores de la zona, legumbres nacionales y de últimas cosechas, especias, frutos secos, infusiones y tés, algas, setas... y también los conocidos como súper alimentos: chía, lino, quinoa, etcétera... Sin olvidar los cereales, los vinos y el aceite de la tierra, las cervezas artesanas, etcétera.

«Hicimos un estudio preliminar antes de poner en marcha la empresa y la verdad es que los resultados están sobrepasando lo esperado, porque quizás son cada día más las personas que están modificando sus hábitos de consumo y alimentación», argumenta Sergio.

La realidad hoy es que esta pareja ha hecho realidad su sueño y que su empresa sigue en marcha y a buen ritmo. De hecho, están estudiando la opción de abrir locales en otras ciudades como Cáceres y Mérida.

«Hoy me alegro de que me despidieran», reconoce sin más Sergio. «Porque fue el empujón que me faltaba para apostar por lo que realmente quería, para poner en marcha mi propia empresa», añade.

Un empujón que han recibido otros muchos extremeños. Porque la crisis económica ha obligado a la reinvención. De ahí que hayan proliferado no pocas iniciativas empresariales. Pero también hay otros muchos que ante la crisis han optado por tratar de alcanzar un trabajo estable en la administración. Por eso son muchas también las personas que han regresado a los estudios. Es el caso, por ejemplo, de María de las Peñas Albas Galán Lázaro.

Se formó como administrativa y como tal trabajó desde los 22 hasta los 49 años. En 2012 perdió su puesto de trabajo. «El motivo fue la crisis económica, sí; y por eso, me decidí por estudiar oposiciones». Explica que entonces «muchas empresas estaban cerrando, la experiencia no vale para nada y un trabajo en el sector privado no era posible».

María de las Peñas Albas se ha presentado ya a oposiciones de auxiliar administrativo, cocinera, subalterno, camarera-limpiadora... «Estoy ya en cinco bolsas de empleo y he empezado a tener empleo». De momento, contratos temporales de cocinera y ordenanza... Pero seguirá intentándolo y estudiando, «porque mi objetivo es lograr un empleo estable que me permita vivir».

Pero además de estudiar diversas oposiciones y aceptar los trabajos que le van saliendo, esta mujer de 54 años también está cursando el ciclo formativo de grado superior de Técnico Infantil. «Quiero esta formación, siempre me ha gustado, no sé si lograré trabajar en ella o no, pero es algo que me gusta y que voy a conseguir».

Un testimonio más, en definitiva, de hombres y mujeres a los que la crisis no ha arrugado, sino todo lo contrario. Como ellos, otros cientos han optado por plantarle cara, por buscar alternativas, por no rendirse para ser capaces de mirar al futuro con esperanza. «Nada es fácil, pero todo es posible; la crisis debemos convertirla en una oportunidad», concluye Nacho Trevejo.

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