«No creo en la pena de muerte ni para los humanos ni para los animales»

«No creo en la pena de muerte ni para los humanos ni para los animales»

'El día que dejé de comer animales' es la última obra de este placentino, que está escrita sin ningún ánimo moralista, según indica Javier Morales Periodista y escritor

ALBA BARANDA BADAJOZ.

Javier Morales es un escritor natural de Plasencia que acaba de publicar 'El día que dejé de comer animales', un libro que destapa en el título su vivencia y en el que charla con expertos en el vegetarianismo. Asegura que duerme mejor desde que no ingiere carne.

Nació en la capital del Jerte en 1968, cuando los niños jugaban en las calles y lo habitual en los pueblos era que cada familia realizase la matanza de un cerdo para subsistir durante todo el año. Morales emigró con 18 años a Salamanca pero sigue manteniendo un fuerte vínculo con Extremadura, ya que regresa habitualmente para visitar a familiares y amigos.

Actualmente imparte clases de escritura creativa en Madrid y colabora con algunos medios de comunicación, ya que se licenció en Periodismo. Es autor de las novelas 'Trabajar cansa' y 'Pequeñas biografías por encargo'. También ha escrito los libros de relatos 'Ocho cuentos y medio', 'Lisboa' y 'La despedida'. Este urbanita extremeño, apasionado de la literatura, confiesa que su vida sería mucho más aburrida si no escribiera. «Uno se conmueve cuando ha escrito algo que cree que es bello, pero también cuando es un alumno quien lo ha hecho».

«La ganadería industrial ha alejado a los animales para que no veamos que lo que nos ofrecen en una bandeja de plástico antes era un ser vivo»

Morales cuenta que Elizabeth Costello, el alter ego de John Coetzee, le cambió la vida con lo que escribió sobre los derechos de los animales. Hace poco, el Congreso apoyó por unanimidad considerar a los animales como seres vivos y este escritor placentino indica que esa es su esperanza, «que los dejemos de tratar como objetos».

-¿Cuándo pensó en escribir 'El día que dejé de comer animales'?

-Publiqué una reseña en El Caballo de Nietzsche, y poco después me pregunté: ¿por qué no contar cuál ha sido el proceso? Y a la vez despejar algunas dudas que tenía. Para ello decidí hablar con gente que llevaba mucho tiempo trabajando en estos temas.

-¿Por qué decidió hacerse vegetariano?

-Leer 'Comer animales', de Safran Foer, un escritor norteamericano al que admiro, me dio el empujón, aunque ya llevaba años dándole vueltas al asunto. Me costó más dejar el pescado, porque siempre me gustó mucho más que la carne.

-¿No limita esto su vida social?

-Sí limita un poco, pero cada vez menos. En España, aparte de carne, siempre se han comido muchas verduras, frutas y legumbres. Cada vez hay más sitios que, aunque no sean vegetarianos, ofrecen alternativas. En Extremadura la oferta aún es limitada, pero siempre hay algún recurso. En cuanto a los amigos, lejos de increpar, a veces son ellos quienes se pasan a la dieta vegetariana.

-En 'El día que dejé de comer animales' afirma que las aves son de las especies más maltratadas, ¿a qué se refiere?

-A todos los animales de granja se los maltrata para destinarlos a comida, pero quizás la tortura a la que se somete a los pollos es aún mayor si cabe, desde arrojarlos vivos a un contenedor si no sirven, cortarles el pico. La barbarie no tiene límites.

-¿Qué pasaría entonces si la población fuese mayoritariamente vegetariana?

-Pues que viviríamos en un mundo algo mejor, en el que se trataría a los animales como se merecen.

-En España, según la FAO, hay unos 3,6 millones de personas que, en mayor o menor medida, han dejado de consumir animales. ¿A qué cree que es debido?

-A pesar de que en muchos aspectos el mundo va mal, en otros mejoramos como especie y somos más sensibles al sufrimiento. La ganadería industrial ha alejado a los animales que nos comemos para que no veamos que lo que nos ofrecen en una bandeja de plástico antes era un ser vivo. Eso está cambiando. Hay organizaciones que se han atrevido a mirar y contarnos lo que ven. Y como especie no podemos tolerar esa degradación y tortura a seres que son compañeros nuestros. Y otra razón es la enorme importancia que la ganadería industrial está teniendo en el cambio climático y en la degradación ambiental. Por no hablar de las condiciones laborales de los trabajadores de las granjas y los mataderos.

-¿Qué estima más grave, la muerte de un animal de granja o el que ha convivido un tiempo con la familia?

-Siendo trágicos ambos destinos, creo que es más grave el primer caso, donde el animal ni siquiera ha tenido la oportunidad de ver el sol y qué es lo que ocurre con la ganadería industrial. El ave que ha tenido una vida en libertad y hasta con cariño, es más propio de la ganadería tradicional, pero este tipo de ganadería, por desgracia, casi ha desaparecido en las grandes ciudades.

Medio ambiente

-¿Suele ir relacionado evitar el consumo de animales con el cuidado del medio ambiente?

-Sí, porque la ganadería industrial es una de las principales responsables del cambio climático. Los animales, hacinados, consumen grano y agua, emiten metano, se les transporta de un lado a otro, se les empaqueta cuando se les mata. Todo este proceso supone una gran emisión de gases de efecto invernadero. Sin hablar de la deforestación para el pasto. O los residuos que vierten y que se filtran al subsuelo. O los antibióticos preventivos que les dan y que luego van a los seres humanos.

-¿Cree que los animales sienten?

-Sí, claro, esa es una de las razones para no comerlos. Los animales son seres sintientes, sienten el dolor que les provocamos, tienen empatía (algo tan humano) y algunas especies hasta una organización cultural y social.

-En su libro dice que tenía pavor a los felinos, ¿sigue teniendo miedo a los gatos?

-No (risas), ya no tengo miedo a los gatos. Aunque defender a los animales no quiere decir que a uno le tengan que gustar, eso es importante dejarlo claro. Hay muchos humanos que no me gustan y no por eso les condeno a la muerte. No creo en la pena de muerte ni para los humanos ni para los animales.

-¿Sabía que en Badajoz hay una colonia de más de 400 gansos? Se rumorea que se sacrificarán para que sirvan de alimento a otras aves.

-No conozco demasiado bien esta situación, pero en general no estoy de acuerdo en que se mate a las especies invasoras. Y este caso es uno de ellos.

-En su último trabajo se cuestiona por qué amamos a los cachorros de perro y nos comemos a los de vaca.

-Esa es la gran pregunta y la respuesta está en la cultura que tenemos, algo que no es inmutable, como no lo es la ablación del clítoris en ciertas sociedades, por ejemplo. Melanie Joy lo explica muy bien en un libro que se titula '¿Por qué amamos a los perros, nos comemos a los cerdos y nos vestimos con las vacas?'.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos