¡Qué coño un AVE! Yo quiero un tren digno para Extremadura

Yo no quiero un AVE para que privilegiados a los que ya les costeamos un chófer puedan ir a Madrid. Yo quiero un tren digno y sostenible para todos y todas las extremeñas

JARA ROMERODiputada de Podemos Extremadura

El pasado 26 de julio escuchaba con perplejidad como el señor Fernández Vara hablaba indignado de la situación ferroviaria extremeña en la reunión del Pacto por el Ferrocarril como si fuera un ciudadano más, como si su partido no hubiera gobernado durante 30 años esta región. Este esperpento se unía a las palabras del señor Ibarra durante el último Congreso regional de su partido en el que la proclama pro-AVE se resumió en una frase: «¡Qué coño un tren digno! Yo quiero un AVE para Extremadura». Que no lloren como civiles lo que no supieron defender como políticos podría ser nuestra propia versión de la leyenda granadina.

La historia, la memoria, son importantes entre otras cosas para no olvidar de dónde venimos, quiénes fuimos y qué sucedió. Solo hay que bucear un poco entre los vídeos de la Asamblea de Extremadura para escuchar discursos como el de Izquierda Unida en la última investidura del señor Ibarra: «Ya me conformaría yo con que los trenes fueran un poquito más veloces, no a 330km/h». Catorce años y nada han hecho unos u otros por tener un tren digno.

Y aun así, vuelta la burra al trigo con el AVE, como si fuera la auténtica panacea para nuestra olvidada Extremadura. ¿Alguno de esos dirigentes que siguen recibiendo privilegios pagados por los y las extremeñas se ha preguntado cuántas personas en nuestra región podrán costearse un billete? A lo mejor habría que recordarles que tenemos el salario medio más bajo de todo nuestro país, en gran parte gracias a ellos. A lo mejor habría que recordarles que mientras se han instalado centenares de kilómetros de vía AVE por todo nuestro país, se ha ido abandonando la red ferroviaria convencional –red que servía como servicio público para todo el mundo, que daba vida a muchísimas de nuestras ciudades y pueblos–. A lo mejor habría que preguntarles qué hicieron ellos mientras esto pasaba.

También podríamos explicarles que somos el primer país de la Unión Europea en kilómetros de AVE pero contamos con tan solo el 20% de pasajeras y pasajeros en alta velocidad respecto a Francia. O cómo se tuvo que cerrar el AVE Albacete-Toledo en el que viajaban nueve personas de media suponiendo un coste de 18.000 euros diarios. O instarles a preguntar en Castilla y León si el AVE ha servido para mejorar su economía y empleo o para convertir a parte de sus capitales en ciudades dormitorio de Madrid.

Lo curioso es que en Extremadura no sólo tenemos un déficit ferroviario en infraestructuras. ¿Por qué no plantear que la diferencia entre lo que cuesta tener un AVE y una Línea de Alta Velocidad se destine al desdoble de la N-430 o la N-432, o que cada municipio de Extremadura cuente con una depuradora adecuada que sirva para proteger la salud de nuestras vecinas y nuestro entorno natural?

No es muy difícil responder a esta pregunta. Nuestros dirigentes políticos no han aprendido a planificar, a establecer la lista de prioridades que necesita Extremadura y, por supuesto, no tienen ni idea del modelo de país que quieren. Mientras nos siguen azuzando con la ruptura de España por Cataluña, obvian de manera interesada cómo se desangra nuestra región, como nuestras vecinas y vecinos emigran, como nuestros pueblos se abandonan. ¿Acaso no es más grave esta ruptura?

Se fustigan hablando de despoblación o emigración pero siguen apostando por un modelo que concentra la población en las grandes ciudades, que no genera oportunidades en los pueblos y que encima paga con dinero público el transporte para unos pocos en vez de apostar por un transporte público social y sostenible.

Y mientras quienes se dicen socialistas siguen pidiendo el AVE para Extremadur como hermanos caprichosos, se olvidan que una vez Extremadura fue protagonista en la conexión norte-sur de nuestro país por el oeste; se olvidan de la importancia de apostar por una auténtica red de transporte público que no pivote tan sólo en Madrid; y se olvidan una vez más del vecino Portugal y del rico intercambio comercial y cultural que nos proporcionaría un trazado de altas prestaciones con el país luso. Queremos una red que vertebre la región, que vuelva a permitir a estudiantes de Salamanca ir en tren, sacar nuestras mercancías de norte a sur de la península, y que la movilidad desde nuestra tierra y por nuestra tierra deje de ser poco menos que un viaje épico para todo aquel que se atreva a hacerlo en tren. En definitiva, un tren que permita esa cohesión social tan necesaria.

Hoy escuchamos que la solución contra los incendios es lo que se ha venido haciendo toda la vida: gestionar el monte como lo hicieron nuestras abuelas y abuelos. Los mismos que hoy proponen retomar la gestión de antaño, son los que ayer prohibieron hacerlo con sus políticas, contribuyendo al empobrecimiento de nuestras zonas rurales y su inevitable emigración. Lo mismo está ocurriendo con el tren. ¿No se les ocurrió cuando empezaron a cerrarse trayectos y líneas que afectaría a nuestros pueblos y a nuestras empresas? ¿No pensaron qué pasaría cuando fueron cerrándose estaciones de mantenimiento y no se cubrían las tasas de reposición de las trabajadoras y trabajadores que permitían el funcionamiento de nuestros trenes? ¿Por qué no se plantaron entonces?

Firmamos el Pacto por el Ferrocarril aún conteniendo el AVE porque entendimos que teníamos que tener la suficiente altura institucional para luchar todas a una por una reivindicación, la de un Tren Digno y de Altas prestaciones, que ya no solo es histórica o de justicia sino que también lo es de urgencia. Pero no, yo no quiero un AVE para que privilegiados a los que ya les costeamos un chófer puedan ir a Madrid. Yo quiero un tren digno y sostenible para todos y todas las extremeñas.

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