Cinco horas y media y cuatro autobuses para ir de Burguillos a Castelo Branco

El joven extremeño, en Marvão, durante su año de Erasmus. :: /HOY
El joven extremeño, en Marvão, durante su año de Erasmus. :: / HOY

Enrique Asensio hizo el último año de su carrera universitaria en Portugal, con una beca Erasmus,y recuerda los viajes como una odisea

Antonio J. Armero
ANTONIO J. ARMEROCáceres

Kike Asensio (26 años) rechazó dos universidades italianas (Salerno y Sasseri) porque tenía claro que quería hacer el Erasmus en Portugal. «De siempre me ha gustado mucho el país vecino –explica–, tenía muchas ganas de conocerlo y además, un amigo que había estado un año estudiando en Castelo Branco me recomendó que fuera sin pensármelo».

Le hizo caso y se marchó para allá. A hacer el último de los cuatro años del Grado en Administración y Dirección de Empresas que estaba cursando en la Universidad de Extremadura, en Badajoz. Y tiene claro, no duda ni un segundo, que su elección fue la mejor posible. «Portugal es un gran país, mi experiencia allí fue fabulosa, y aunque me fui sin saber ni una palabra del idioma, conseguí aprenderlo y ahora tengo el certificado de nivel B1. Además, conocí a mucha gente y tengo claro que pasé allí uno de los mejores años de mi vida», resume el joven extremeño, que tiene el mejor recuerdo posible de su experiencia en suelo luso, al margen de una única cuestión: los viajes en autobús.

«Una vez que hice el primero, tuve claro que tenía que hacer todo lo posible para evitar repetir la experiencia, pero muchas veces no podía ir en coche y me tocaba volver a coger el autobús», recuerda Asensio, que es de Burguillos del Cerro. Son 260 kilómetros por carretera desde su pueblo hasta Castelo Branco (53.000 habitantes, ubicado cerca de la frontera con Extremadura a la altura del norte cacereño), aunque la experiencia varía de forma considerable si el trayecto se hace en turismo o en transporte público. «Muchas veces no podía desplazarme en coche y me tocaba coger el autobús, que era una auténtica odisea».

La aventura comenzaba con el traslado desde Burguillos del Cerro hasta Zafra. Solía llevarle su padre. En la localidad segedana, Kike Asensio cogía un primer autobús, que le llevaba hasta Badajoz. Ese desplazamiento, recuerda, duraba en torno a una hora y cuarto. En la capital pacense cogía un segundo servicio, que de 25 a 30 minutos después le dejaba en Elvas, donde le tocaba esperar media hora en la estación. Allí tomaba un tercer autobús, que de 45 a 60 minutos más tarde, según el día, le dejaba en Estremoz. En esta localidad le tocaba volver a esperar durante una hora, aproximadamente, hasta que llegara el cuarto autobús, que cubría el trayecto de Estremoz a Castelo Branco, su destino final. En total: unas cinco horas y media repartidas entre un viaje en coche, cuatro en bus y las esperas en estaciones.

«Muchas veces a lo largo de los diez meses que pasé en Castelo Branco –rememora el joven extremeño–, no volví a casa para pasar el fin de semana por no hacer el viaje». «Cuando podía –continúa–, hacía el trayecto en coche, con compañeros de estudios que eran de Córdoba y hacían el viaje por Zafra». En su caso, regresaba a Extremadura en ocasiones para poder dar rienda suelta a una de sus aficiones: el arbitraje en partidos de fútbol sala.

Acabado el curso, Kike Asensio regresó a Extremadura, y ahora trabaja en una oficina bancaria. Lo mismo que a él le recomendaron hacer el Erasmus en Portugal, él ha aconsejado a otros seguir ese mismo camino. A pesar de los traslados que, eso sí, podían ser incluso peores. «Yo tengo un amigo –apunta el joven de Burguillos del Cerro– que se fue a Coimbra, y cada vez que tenía que ir en transporte público, tardaba nueve horas desde el pueblo». Desde que acabó su Erasmus, Kike Asensio ha vuelto a Portugal. Pero claro, haciendo el viaje en coche.

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