Cecilia resiste

Cecilia Quijano, referencia del té en Extremadura. :: L. cordero/
Cecilia Quijano, referencia del té en Extremadura. :: L. cordero

La chica del té vence a Amazon por tercer invierno consecutivo

J. R. ALONSO DE LA TORRE CÁCERES.

Cecilia llegó a Cáceres hace cuatro años y hace dos, en otoño de 2015, abrió una tienda de té. Su madre le decía que el té era una bebida de enfermos, pero ella, desde muy jovencita, buscaba y probaba variedades, ampliaba sus conocimientos y perfeccionaba sus gustos. Cuando abrió su tienda, los cacereños con olfato la observamos con ojo de cubero viejo y diagnosticamos: «Esta no llega al verano».

En Cáceres, ya se sabe, los negocios un poco sofisticados tienen un futuro incierto. Al principio, los alabamos, animamos al tendero valiente y presumimos de modernidad comercial, pero a los dos días ya hemos vuelto a lo de siempre, a la gran superficie o a Amazon y el emprendedor con ideas nuevas acaba estrellándose contra la dura realidad de la provincia.

El otro día, 'la chica del té' me envió un mensaje privado en el que me anunciaba que había decidido seguir echándole un pulso al sistema, a la provincia y al consumismo de costumbres fijas y que no cerraba, que resistía un invierno más. Va ya Cecilia a por su tercer invierno y eso, en Cáceres y en una tienda de té, es para el Guinness World Records.

Cecilia tiene 31 años, dos hijas y un marido, Natalio, trashumante de toda la vida. Entrar en su tienda es adentrarte en un festín de aromas extraños porque ella va abriendo cajas de té e invitándote a que huelas un té rojo prensado en bambú, otro té secado en flores de jazmín o sus tes personales de canela, de pomelo con naranja, de almendra tostada, de galleta con jengibre.

No hace mucho, estaba muy contenta porque una cafetería la había convertido en su tienda exclusiva, hasta que cogieron la dirección de sus suministradores y llamaron para que les enviaran té sin intermediarios. Los distribuidores catalanes se portaron como unos señores, la llamaron y le contaron la artimaña para asegurarle que no permitirían que nadie la puenteara.

Así son las cosas en Cáceres, donde una tienda de pastelería para celiacos ha tenido que cerrar porque, entre otras complicaciones, las mamás pedían las recetas a la pastelera-tendera, elaboraban ellas las tartas y las vendían desde sus casas, una competencia desleal que acabó con la aventura de otra joven emprendedora.

El otro día, en una reunión con gente importante, me pidieron que escribiera sobre lo mal que preparan el té en muchas cafeterías de Cáceres. Siempre la bolsita insípida y siempre el mismo aguachirle (mi madre dice aguachirri, palabra más divertida, y yo también, pero en el diccionario es aguachirle) insustancial y baladí al que se atreven a llamar té, aunque sabe a cualquier cosa y a nada. ¿Por qué no se dejan aconsejar por Cecilia o por otra profesional para componer su carta de tes como han hecho en El Goloso, la nueva cafetería-pastelería de General Ezponda?

Este puente, en Portugal, me sirvieron un té delicioso en una tetera que no se vertía. Atención a uno de los prodigios insondables de la hostelería española: ¿por qué misteriosa razón casi todas las teteras de los bares de nuestro país vierten más té fuera que dentro de la taza? Somos capaces de inventar las App más sofisticadas, pero no somos capaces de inventar una tetera que no se derrame. Aquel té portugués venía acompañado de unos bonitos relojes de arena de colores, que servían para saber cuánto tiempo se debía esperar para beber el té. Porque el té, si reposa mucho, se oxida y tiene sus ritos, sus tiempos y sus claves para que sepa rico.

En el 'Pans' cacereño vecino del Gan Teatro, sirven un té blanco de mandarina muy especial en unas teteras de cristal muy bonitas que no derraman ni una gota. Cecilia también tiene té de mandarina. Por tener, hasta compone una tisana a base de melisa, azahar, valeriana y lúpulo llamada Contando Ovejitas que es beberla y dormirse. La chica del té, sin embargo, no se duerme, resiste y me avisa: «Al final caeré, pero no se lo pondré fácil al sistema y voy a seguir».

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