Una cataplana portuguesa

Cataplana de marisco, en el 'Abstracto' de Tavira. :: E.R./
Cataplana de marisco, en el 'Abstracto' de Tavira. :: E.R.

Este guiso caldoso se prepara en la costa y también en la Raya

J. R. ALONSO DE LA TORRE CÁCERES.

Paseando por las calles céntricas de Faro, Portimão, Lagos, Olhão o Tavira, se ven en los escaparates unas curiosas cazuelas ovaladas en forma de concha. Son las cataplanas, recipientes compuestos por dos partes redondeadas que se ajustan herméticamente y permiten guisar al vapor. Las cataplanas han dado nombre a un plato típico del Algarve que se ha extendido por todo el sur de Portugal. Son guisos de bacalao, de pescado o de marisco con patatas, pudiéndose combinar estos ingredientes entre sí. También hay cataplanas de arroz y, en todos los casos, se trata de un guiso caldoso.

La cataplana original es de cobre, aunque este material, al ser arriesgado para cocinar, ha sido sustituido por el acero, el estaño o el aluminio. De todas maneras, siempre se encuentran cataplanas de cobre a la venta, aunque solo sea por su valor decorativo. La cataplana deriva del tajine árabe de barro, con el que tiene similitudes.

Del Tajo hacia el sur, la cataplana está presente en la carta de cualquier restaurante que se precie. Lo común es preparar un sofrito de ajo, cebolla, pimiento, tomate, cilantro, pimienta, pimentón y laurel en aceite de oliva. Se añade a las verduras pochadas vino blanco y después, los ingredientes capitales, ya sean gambas, almejas, langostinos, navajas, berberechos y mejillones; ya sean lomos de bacalao; ya sea arroz, caldo de pescado, sepia y gambas; ya sea rape, rodaballo, merluza etcétera. Y en todos los casos, salvo en el del arroz, unas patatas. Si piden una cataplana, llegará a la mesa cerrada, el camarero la abrirá con cuidado y les servirá suculentas raciones.

La última cataplana que he tomado es la de la foto, en el restaurante 'Abstracto' de Tavira. Era de marisco (35 euros para dos personas; la de pescado, 28; la de bacalao y la de pulpo, 35) y tenía la gracia de la tradición: en Tavira, a media hora de Ayamonte y de Faro, las calles paralelas al río están llenas de restaurantes típicos donde la cataplana es la reina. Estas del 'Abstracto' tienen renombre y justo es reconocer que estaba en su punto y que, incluso para estómagos delicados, es un plato que se puede cenar.

Alejándonos de la frontera, otra cataplana de categoría la tomé en Alcácer do Sal, camino de Troia y no lejos de Setúbal. También paralela al río, discurre una calle interior donde se suceden los restaurantes especializados en cataplanas, aunque en este caso suelen ser de arroz de mar. En Alcácer, no pidan arroz de marisco porque les dirán que eso allí no existe, que tienen arroz de mar, que, naturalmente, lleva marisco y arroz de este municipio, el mayor productor arrocero de Portugal.

En Alcácer, tomé una cataplana de arroz de mar en el restaurante 'Brazão', muy recomendable. Es el típico restaurante sólido de villa portuguesa: horrenda decoración que juega al neorruralismo y cocina honrada, de siempre, solvente y sin sobresaltos. En el 'Brazão', tenían cataplana de rape (25), un clásico, y el arroz de mar en cataplana (25), siempre para dos personas. Un detalle: las cataplanas andan por los 25-28 euros en los pueblos cercanos a la costa y por los 30-35 en los pueblos más turísticos que se asoman al mar.

En la frontera extremeña con el Alentejo, sirven cataplanas contundentes por encargo para cuatro o cinco comensales en el restaurante 'Diaz' (sin tilde, o sea, el jefe es portugués) de Puerto Roque. Ya saben, Puerto Roque es la última aldea del municipio de Valencia de Alcántara antes de entrar en Portugal por la Nacional 521. El 'Diaz' está justo enfrente del albergue juvenil y su dueño, António Diaz, trabajó en la alquería valenciana de El Pino antes de coger este restaurante de frontera y carretera donde se sirven por encargo (630751784) suculentas cataplanas de marisco (40), de pollo (30) o de bacalao (40). ¡Ah!, si se les antoja comprar una cataplana para cocinar ustedes en casa, las que venden en las tiendas del Algarve andan entre 50 y 100 euros.

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