Catalanes, hace seis meses

Anuncio de la Lotería, nuestra única ostentación. :: hoy/
Anuncio de la Lotería, nuestra única ostentación. :: hoy

Sobre el farmacéutico de mi barrio y los profetas de la pobreza

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

¿Se acuerdan de cómo eran los catalanes hace seis meses? Venían desde Badalona, Santa Coloma o Canovelles a las bodas familiares y actuaban con una soltura y un desparpajo que nos acomplejaban. Se lo creían, sí, se lo creían y nosotros también acabábamos creyendo que tenían razones para creérselo. Pensábamos que eran más modernos, más cultos, más sofisticados y más europeos. No sabíamos muy bien por qué pensábamos eso. Resultaba un tanto simplista, pero lo pensábamos. Quizás se debiera a que contaban sus experiencias en espectáculos, presentaciones de libros, conferencias, viajes y exposiciones con una soltura tal que llegábamos a pensar que no dormían, trabajaban y comían como nosotros, sino que todo el día estaban enfrascados en debates fascinantes, asistiendo a 'performances' vanguardistas y montajes teatrales contemporáneos, visitando exposiciones donde los universales se sustanciaban en un cuadro, en una escultura, en una foto.

Pero caramba, ha llegado el 'procès' y hemos descubierto que su condición humana es semejante a la nuestra. Son tan obtusos como a veces nosotros; razonan con la misma dificultad que a veces nosotros; si están rodeados todo el día de delicuescencia estética, no les sirve para analizar la realidad críticamente y su pretendida cultura superior parece, en algunos, más un simple velo efímero de orgullo, ostentación y banalidad que una herramienta para profundizar en el análisis, razonar a partir de la duda y relativizar todas las verdades, incluidas las que parecen inmutables.

Antes de que estallara el 'procès', pensábamos que los catalanes independentistas lo eran por una suerte de superioridad intelectual y por un espíritu progresista y avanzado y resulta que lo son por una suerte de obcecación irracional, por un espíritu ultraconservador, reaccionario y supremacista y, en fin, lo que todos entendíamos como adelanto se ha revelado como atraso y engaño derechista con apariencia izquierdista. ¡Lástima!

Nuestro complejo de región pobre nos llevaba a bendecir la riqueza de Cataluña mientras denostábamos la riqueza creada en Extremadura. Y es en ese punto donde creo que deberíamos aprender de estos catalanes que nos tenían engañados con su pose 'cool' y su fondo reaccionario.

En Cataluña, los esfuerzos por crear riqueza, ganar dinero y repartir prosperidad están muy bien vistos. En Extremadura, es todo lo contrario. Aquí, mandan los profetas de la pobreza, que condenan cualquier esfuerzo por ganar dinero y quien lo gana es criticado sistemáticamente.

Este movimiento de los profetas de la pobreza es más fuerte en las naciones y regiones menos desarrolladas como la nuestra, Extremadura, donde nos parece un insulto que el vecino o el colega cobren mucho, cuando el verdadero insulto es que nosotros cobremos poco. Aquí, triunfa la idea de que quien menos tiene, posee más razón y es más creíble defendiendo sus ideas. Es más, la única ostentación permitida es la de los anuncios de lotería: no tenemos sueños pequeños. Es decir, el dinero y la riqueza son lícitos si los trae la suerte, pero una vergüenza y una sospecha de amoralidad si son fruto del trabajo.

El farmacéutico de mi barrio, además de su botica, ha abierto una parafarmacia, un centro de belleza y una óptica, creando 15 puestos de trabajo. ¿Piensan que lo alaban? Todo lo contrario. Los vecinos se hacen cruces: ¿Para qué se meterá en líos con lo tranquilito que viviría solo con su farmacia? Los catalanes se meten en líos y crecen. Aprendamos eso de ellos. Otra cosa es que a veces se metan en líos insensatos. Pero ese es otro tema. Es el Tema.

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