La casa y el Mercedes

Podemos ha ido creando constantes maniqueísmos sociales y manejando como jueces absolutosel termómetro de la moralidad. Esa vara de medir es la que ahorase aplica asus líderes

La casa y el Mercedes
PABLO CALVOCáceres

Hubo un tiempo en que era frecuente sacar a relucir, a modo de chascarrillo y reproche, que Santiago Carrillo viajaba en un Mercedes. Era la prueba del nueve de que los comunistas no era gente de fiar. Como toda leyenda urbana, tenía un poso de razón:era el vehículo de su amigo Teodulfo Lagunero, el mismo que le ayudaba a pasar la frontera con la peluca puesta. Lo cierto es que aquellos políticos de izquierda procuraron llevar una vida acorde a su discurso ideológico, hasta llegar al ejemplo de austeridad de los jerseys de lana que siempre vestía Marcelino Camacho, tejidos por su mujer.

Pablo Iglesias e Irene Montero han conseguido, en cambio, dejar perplejo al país, incluso a los que están en sus antípodas ideológicas, con la compra de una casa de 600.000 euros.

Puede que la operación inmobiliaria no sea más que el reflejo inconsciente de lo que en realidad comenzó siendo Podemos, un movimiento que ha tenido más éxito cuanto más transversal ha sido, promovido por profesores universitarios, que conectó con los cansados del bipartidismo, principalmente los jóvenes que no habían conocido otra cosa, y la amplia masa de afectados por la crisis o con un futuro muy incierto. Pero no necesariamente, o no solo, nutrido de lo que se conoce por clase obrera, si la expresión sigue vigente, a la que tampoco pertenecen sus dirigentes más relevantes.

Por eso, en ocasiones ha resultado tan evidente la ligereza y demagogia en la que han incurrido desde el partido de Iglesias. Desde su arrogancia intelectual han ido creando constantes maniqueísmo sociales y manejando como jueces absolutos el termómetro de la moralidad. Esa misma vara de medir utilizada como efectiva maquinaria electoral es la que ahora les castiga a ellos.

Vivir en un chalé de una zona residencial de Madrid, o en un céntrico ático, no hace a su propietario como a veces se ha dibujado con brochazos populistas, mala persona ni le desacredita para trabajar por el bien común, en la misma medida que tener muchas dificultades para llegar a fin de mes no convierte a nadie en mejor individuo.

Es cierto que los bienes materiales que se van atesorando son reflejo de la forma con la que cada uno entiende el modo de pasar por esta vida, y que la acumulación de riquezas o el disfrute de lujos innecesarios si se plantean como único objetivo a conseguir, es síntoma de determinadas carencias en la personalidad de un individuo o de una sociedad. Eso puede ser objeto de reflexión y de crítica, desde luego.

Pero otra cosa es estigmatizar a quien disfruta de una cuenta corriente desahogada, fruto de su actividad profesional o por otras circunstancias razonables. Ahí es donde Podemos ha disparado con el mismo populismo que ahora castiga a su dos máximos líderes, y que si no hubiera sido por la coincidencia con la noticia del chalé, quizás ahora estuviera fustigando a Amancio Ortega por haberse comprado un nuevo y millonario yate.

Cuando uno se siente obligado a dar explicaciones, es que algo ya ha fallado. En este asunto, además, son tus propios amigos, entiéndase votantes, los que más las necesitan, aunque me temo que el mal para Podemos ya está hecho: la casa va a estar en el pensamiento de los ciudadanos cuando les escuchen denunciar determinadas políticas.

Como suele suceder, las explicaciones pueden empeorar las cosas, pues mueve a risa el defender que se necesita una vivienda de tales características por el hecho de esperar familia. Como han comprobado tantos millones de parejas jóvenes, debe haber soluciones inmobiliarias bastantes más modestas, pero con el suficiente confort y amplitud para disfrutar de dos hijos.

El caso es que les ha gustado la casa, les ha encajado el presupuesto, se ganan todos los meses sus ingresos y se han ilusionado como tantas nuevas familias. Y ya está. No debería suponer polémica alguna, si no fuera por la falta de armonía con lo que han dicho y con la forma en que lo han dicho (imaginen la reacción 'podemita' si se la hubiera comprado algún ministro actual).

Vivir acorde con lo que se predica es tan viejo como la Biblia, y no se puede reprochar que cuando se incumple, te lo recuerden, porque al contrario de lo que sucedía con el Mercedes de Carrillo, la casa y ha hipoteca sí es de ellos.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos