Cajas de Cáceres y Badajoz

Calle del Sol placentina, este sábado a mediodía. :: E.R./
Calle del Sol placentina, este sábado a mediodía. :: E.R.

Crónica de un paseo por Plasencia y de un museo «imposible»

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

En la iglesia de San Martín, hace tanto frío como cuando se construyó hace 800 años. El señor que nos atiende está enfundado en un anorak, pero combate el frío con la calidez de su explicación. En realidad, salvo la temperatura y la arquitectura, que nos llevan al siglo XIII, todo lo demás es cálido y moderno, muy moderno. La iglesia placentina de San Martín acaba de reabrir al público tras restaurar e iluminar convenientemente su retablo plateresco, realizado por el pintor manierista Luis de Morales, y hemos viajado hasta Plasencia en esta mañana de sábado para disfrutar del retablo en todo su esplendor.

Esta iglesia fue levantada al poco de ser fundada Plasencia en 1186 por el rey Alfonso VIII. Visitarla hoy y admirar el retablo cuesta 2.50 euros. Pero el recorrido es especial e introduce una novedad muy singular: a los visitantes se les entrega un iPad que se cuelga al cuello y permite conocer de manera didáctica y entretenida el retablo, la iglesia y el patrimonio religioso placentino. Pronto, al iPad se unirá una App para el móvil, que guiará al turista por el apabullante florilegio de iglesias, catedrales, palacios, conventos, ermitas y santuarios de Plasencia.

Hemos entrado en Plasencia por los mejores accesos que tiene hoy cualquier ciudad extremeña: la calzada de cuatro carriles, bien diseñada y segura, que llega desde la autovía y desde la carretera de Montehermoso. El epicentro de la ciudad, la calle del Sol, es un hervidero de gente en la mañana del sábado y, al llegar a la plaza Mayor, hemos descansado en una cafetería en la que no habíamos entrado nunca: Plaza 30, preciosa, con fotos antiguas de Plasencia y carteles de publicidad de mediados del siglo pasado. La iglesia de San Martín está a un minuto de la plaza. Y tras disfrutar convenientemente del retablo de Morales, nos dirigimos hacia el centro cultural Las Claras.

Instalado en un antiguo convento de monjas clarisas, que fue levantado en el siglo XVI, el centro cultural acoge una exposición retrospectiva del Salón de Otoño. Como saben, durante 40 años, la Caja de Ahorros de Plasencia, primero, y la Caja de Ahorros de Extremadura, después, convocaron un premio internacional de pintura, que llegó a ser el mejor dotado económicamente de toda España.

Por esta razón y por su prestigio, a este premio se presentaban las figuras más destacadas de la pintura contemporánea. En la muestra, que está abierta en Las Claras hasta el 28 de enero, se exponen obras de 25 artistas premiados en el certamen a lo largo de 40 años. No son las obras ganadoras, sino cuadros más recientes.

¿Pero qué sucede con los 40 cuadros premiados en el Salón de Otoño de pintura desde 1988? La idea del ayuntamiento placentino es que sean la base de un museo de pintura contemporánea. Por ello luchan desde el ayuntamiento, pero el tema no parece fácil. La Fundación Caja de Extremadura-Liberbank no está dispuesta a que los cuadros se queden en depósito en Plasencia, pero tampoco se hace demasiado con ellos. Es decir, arte de almacén.

Lo de esta fundación resulta a veces incomprensible, sobre todo si se compara con la actividad de la Fundación Caja Badajoz. Si repasamos la agenda de la Fundación Caja de Extremadura durante el último año, encontramos dos presentaciones, una participación en un foro, Música en la calle, la fiesta de Reyes Magos, 18 cuadros cedidos para un exposición de Narbón más la exposición en la Mercedes Calles «Del costumbrismo a la modernidad». ¡Todo eso a lo largo de un año!

Mientras tanto, la Fundación Caja Badajoz, solo este enero, organiza 7 conciertos, 6 proyecciones de cine, 3 exposiciones y dos actos literarios. ¡Solo en enero! Además, la fundación pacense participa (y pone pasta) en el consorcio del López de Ayala, mientras que la cacereña se ha ido del consorcio del Gran Teatro. Y encima, ponen trabas a que los cuadros del premio placentino se conserven en un museo. Menos mal que nos queda Luis de Morales.

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