Ir de Cáceres a Badajoz

Carretera EX-100 de Cáceres a Badajoz. :: Hoy/
Carretera EX-100 de Cáceres a Badajoz. :: Hoy

Son las únicas capitales sin autovía directa a otra capital de su región

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

El viernes pasado, se presentó un libro sobre una carretera. Sobre carreteras hay novelas, películas, algún ensayo y muchos mapas, pero no sabía de ningún libro que fuera, además de literatura viajera, una especie de enciclopedia sobre la carretera más importante y olvidada de Extremadura.

El viernes pasado, en Cáceres, a la misma hora en que se celebraban otras tres conferencias y presentaciones, el público llenó hasta la bandera el salón de actos de Cajalmendralejo en el Chalet de los Málaga para asistir con verdadera expectación a la presentación de 'Ex-100. El viaje de Cáceres a Badajoz', cuyo autor es el doctor en Ciencias Biológicas por la Universidad de Extremadura y Director del Laboratorio Agroalimentario de Cáceres José Manuel López Caballero (Cáceres, 1968).

El escritor Arto Paasilinna viajaba por Finlandia, se encontró una liebre en la carretera y el hallazgo le inspiró su 'El año de la liebre', un viaje por las carreteras finlandesas en compañía de tan alegre animal. El caso de José Manuel López Caballero es diferente. La ruta de Cáceres a Badajoz y viceversa la ha hecho más de mil veces por trabajo y por estudios. Y no encontró nunca una liebre, pero sí que le tocó participar en su facultad en la autopsia a la última loba de Extremadura, que murió atropellada en una curva de la EX-100 en 1990. La liebre finesa era simpática, la loba extremeña despedía un olor tan insoportable que hubo que hacerle la autopsia en la terraza del centro universitario.

La Ex-100 es una carretera preciosa que resume Extremadura: llanos cacereños de avutardas, sierra de San Pedro con águilas, venados y elanios, llanuras adehesadas de Badajoz y campos de regadío del Guadiana. Y la historia: trincheras de la Guerra Civil en el Cerro de los Romanos, nada más salir de Cáceres, los campos de las batallas de Gévora y de Sagrajas, evocaciones de Felipe II, de los Reyes Católicos, de la nobleza medieval...

¡Qué poco viajábamos los extremeños entre las dos ciudades hasta hace nada! Si no llega a ser por la universidad, por La Gitana y por Galerías Preciados, ahora por El Corte Inglés y El Faro, la EX-100 habría sido casi una carretera residual y el símbolo preclaro de cómo se dan la espalda Cáceres y Badajoz. Recuerdo que la primera vez que pasé por esa carretera, ya con 19 años, fue porque traje a casa a un joven diplomático japonés, que perfeccionaba el castellano en Salamanca antes de ser destinado a una embajada hispanoamericana. Susumu Fukuda, así se llamaba, me propuso ir a conocer Badajoz y, ante mi resignada extrañeza, me llevó por la EX-100 en su Lancia deportivo. Fue un viaje iniciático que, nada más cumplir los 20, repetí decenas de veces en bus para ir a ver a mi novia, estudiante en Badajoz.

La EX-100 es una carretera preciosa, pero sangrante. Fíjense, Soria, Cáceres y Badajoz son las únicas capitales de provincia españolas que no están unidas en línea recta por autovía con ninguna otra capital de su región. Con el agravante de que la N-122 entre Soria y Valladolid ya tiene tramos convertidos en autovía.

Al acabar la presentación del libro, se suscitó un animado debate y salió el tema de la autovía Cáceres-Badajoz. Entre los presentes, nadie entendía que no existiera y la única explicación que se nos ocurría era la falta de sintonía y de capacidad para luchas unidos, Cáceres y Badajoz, por esta cuenta pendiente.

Más allá de reivindicaciones, se preguntó por curiosidades como que los autobuses de la empresa Caballero Quevedo tuvieran ocho paradas hasta La Roca de la Sierra y ninguna desde este pueblo hasta Badajoz. Era porque en los cortijos cacereños trabajaban empleados que iban y venían en el día y en los de Badajoz, estaban de quieto, citándose el caso de Las Carboneras a mediados del siglo pasado: 1.895 trabajadores, escuela, iglesia... un pueblo más que un cortijo. Como ven, un libro fascinante para conocer mejor Extremadura y reivindicar con razones.

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