Barrancos, aislado

Vista del pueblo 'portuñol' de Barrancos. :: E.R.

Los camiones de este pueblo luso van a Portugal por Extremadura

J. R. Alonso de la Torre
J. R. ALONSO DE LA TORRE

Barrancos es el municipio menos poblado de Portugal (1.800 habitantes) y uno de los cinco del país constituidos por una sola 'freguesia'. Barrancos es conocido como el pueblo de los cien kilómetros porque esa es la distancia que, aproximadamente, lo separa de Beja, Évora, Mértola, Sevilla, Badajoz y Huelva. Aunque lo que de verdad los mantiene en una especie de limbo es que tienen a una hora el hospital más cercano y que sus estudiantes han de viajar una hora hasta el instituto de Moura.

Los habitantes de Barrancos hablan barranqueño, que es un híbrido de castellano y portugués, bailan sevillanas, ven la tele española, curan y comen jamón ibérico, son el único municipio portugués que puede matar legalmente los toros a estoque y tiene una gran tradición de pueblo de refugio y acogida de españoles huidos.

De todas estas cuestiones, hemos escrito ya mucho en esta página. Si hoy volvemos a Barrancos, es para detenernos en una circunstancia que incide aún más en el aislamiento de este pueblo luso, que fue tierra de nadie desde 1305 hasta 1715, cuando por el Tratado de Utrecht pasó a Portugal.

Desde Barrancos, se viaja fácilmente hasta Encinasola (Huelva), pero es complicado llegar a la capital comarcal portuguesa de referencia: Moura. Hay una anécdota que define perfectamente el aislamiento de Barrancos del resto de Portugal: en 1974, se enteraron con seis meses de retraso de que en Lisboa había triunfado la Revolución de los Claveles. El dato no es leyenda, lo recogía la investigadora Victoria Navas en una comunicación científica a un congreso de historia en 1991.

Este aislamiento es aún mayor desde el pasado 30 de mayo. Ese día, el puente sobre el río Ardila, en la carretera EN 386, entre Barrancos y Amareleja, fue señalizado como apto solo para vehículos de menos de diez toneladas. Ese día se colocaron las señales de aviso y prohibición en el puente y ese día Barrancos se sintió más apartada del resto de Portugal.

La decisión sorprendió a la cámara municipal de Barrancos, que no estaba informada de la medida. Lo grave del caso es que este puente y esta carretera son prácticamente el único acceso a Barrancos desde Portugal. Hay otra carretera, la EN 258 de Barrancos a Safara y Beja, pero obliga a cruzar el ruinoso puente de Murtigão y es un peligro.

Este repentino y extremado aislamiento barranqueño, que no deja de ser una constante histórica, está poniendo en peligro la principal industria del pueblo: Casa do Porco Preto-Barrancarnes. Esta empresa especializada en embutidos y jamones de cerdo ibérico, que exporta sus productos a China, Angola, España y Brasil, desplaza cada día decenas de camiones al matadero de Reguengos de Monsaraz, situado a 70 kilómetros de Barrancos. Pero con la limitación del puente, los camiones se han quedado parados porque la única manera de ir a Reguengos es a través de España, eso sí, dando una vuelta de 150 kilómetros por Extremadura, cruzando Oliva y Valencita.

Barrancos ha quedado aislada de Portugal, al menos su industria, y los camiones han de ir a Lisboa a través de España. En el ayuntamiento están que trinan. Han enviado protestas al ministro de Infraestructuras. No han obtenido respuesta. En Lisboa deben de pensar que, siendo tan pocos y tan 'españoles', tampoco les pasa nada por comunicarse con Portugal a través de Extremadura.

Mientras tanto, los portugueses solo pueden comer jamón serrano de Portalegre o de Chaves. El ibérico se queda en Barrancos hasta que arreglen el puente o hasta que los barranqueños decidan 'exportar' de Portugal a Portugal a través de España.

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