De Ángel a Manuela

A lo mejor nos sirve para considerar que las mujeres, cuando aceptan que se ha avanzado en leyes para igualarnos, tienen razón. Pero que tienen aún más razón cuando afirman que en lo cotidiano, en lo de andar por casa, en el día tras día del trabajo, de las labores domésticas, de los puestos de responsabilidad, del trato social, de la utilización de su imagen, todavía quedan algunos tramos que recorrer y alguna que otra atadura que destrabar de ese pasado machista de nuestra cultura

JESÚS GALAVÍS REYES

Ángel (Ortiz) se va. Deja de ser director del HOY y marcha hacia el norte, a dirigir otro diario. Manuela (Martín) lo sustituye, es la nueva directora. Menos mal que se puede decir director/directora y no «el director y la director», como lo de «el portavoz y la portavoz». Ángel, creo, lo ha hecho bien. No es que yo posea ninguna capacidad para juzgar la competencia de los directores de periódicos, ni disponga de ninguna máquina especializada para medir las capacidades de estas personas. Es una especie de impresión/intuición que me atrevo a expresar porque ya son muchos años de leer este diario y de escribir en él. Cuando Ángel se hizo cargo de la dirección, ya era HOY un buen periódico. Lo he sostenido varias veces en estas mismas páginas: no tiene nada que envidiar de otros diarios regionales e, incluso, de los que llamamos nacionales, que en realidad son algunos de Madrid y si acaso un par de los de Barcelona. Y ahora que se va, HOY sigue siendo un buen periódico. Ergo… Ángel lo ha hecho bien. Por supuesto, con el concurso imprescindible de su equipo de redacción, de todos sus trabajadores. Pero algún mérito tendrá quien ha dirigido este enjambre de periodistas, técnicos, personal de administración, obreros, etc., para mantener ese nivel. Y si mi teoría es válida, también lo hicieron bien Julián Quirós, José Luis Sánchez, Teresiano Rodríguez…

Y Manuela, creo, lo va a hacer bien. Tampoco tengo dotes adivinatorias, no soy un ‘sibilo’ del periodismo, ni disfruto de ciencias ocultas e infusas que me permitan profetizar el futuro profesional de nadie. Solo es, igualmente, una impresión/intuición, en este caso con una base cierta: los artículos que he leído de esta flamante directora.

Como soy muy cumplido, a veces algo cursi en estas cosas, les envié a ambos sendos mensajes en los que venía a decirles que les deseaba a cada uno de ellos lo mejor en su nueva andadura. Luego he reflexionado, lo que hago de vez en cuando y no siempre con acierto. He reflexionado, digo, y me he dado cuenta de que lo he hecho mal. Ellos lo han hecho o lo harán bien, pero yo mal. Lo que en realidad debería haberles deseado no es lo mejor, sino lo peor. Que les vaya mal, que tengan dificultades, que surjan obstáculos.

Y antes de que me señalen con el dedo pensando que soy un grosero, un desalmado o un desagradecido, trataré de explicarme. Ya he dicho que no soy un experto en enjuiciar a directores entrantes o salientes. Pero les aseguro que algo sé de lo que es un periódico, de lo que significan los medios de comunicación, y especialmente la prensa escrita para nuestra sociedad. Aunque solo sea porque llevo leyéndola desde muy joven, afición que debo a mi padre que, aunque socialista, leía ABC y el HOY. En realidad, no deseo que fracasen, sino que tengan problemas, que cada día sea un reto: hoy porque se ha recibido cierta insinuación de alguna persona poderosa, quejándose de tal y cual información que le resulta perjudicial. Mañana, porque el político de turno deja caer que la publicidad institucional gastada merece un trato, si no de favor, al menos más amable para quien ordena gastarla. Traspasado mañana, porque dentro del equipo de redacción surgen serias desavenencias respecto a la línea editorial. En otra jornada, porque se desayunan con un cúmulo de noticias tan denso y numeroso, que les resulta difícil establecer cuál debe ser publicada y cuál marginada. Y quebraderos de cabeza porque la impresión fallaba en los últimos números y hay que poner remedio, o porque la distribución dejó sin ejemplares a dos pueblos en la sierra, o porque las feministas, o los de tal o cual sindicato le han montado un pollo a las puertas de su casa, al considerar que se les olvida y que el periódico no resalta lo suficiente sus problemas. O padecer la angustia de evitar caer en el amarillismo para vender más ejemplares (a fin de cuentas un ejemplar es un producto) y optar por mantener la dignidad de la información seria y contrastada.

Estos y otros muchos problemas evidenciarían que este diario sigue siendo un vehículo apropiado para informar, denunciar, criticar, crear opinión, innovar e, incluso, entretener. O sea, lo que la prensa, ya desde hace muchas décadas, viene suponiendo para una sociedad democrática.

De Ángel (Ortíz) a Manuela (Martín) no va nada. Uno cesa, se marcha. Otra es la persona que ahora dirige. Uno es un hombre, otra es una mujer. Es obvio y no debiera ni mencionarse esta circunstancia. Aunque hay algo que merece resaltarse. El nombramiento de Manuela Martín como nueva directora, se produce pocos días antes del pasado 8 de marzo. Es una buena noticia porque no conozco muchas directoras de periódicos en España; no estoy seguro, pero creo que son muy pocas. Y en este diario, desde que se fundó allá por 1933, es la primera vez que una mujer lo dirige.

A lo mejor nos sirve para considerar que las mujeres, cuando aceptan que se ha avanzado en leyes para igualarnos, tienen razón. Pero que tienen aún más razón cuando afirman que en lo cotidiano, en lo de andar por casa, en el día tras día del trabajo, de las labores domésticas, de los puestos de responsabilidad, del trato social, de la utilización de su imagen, todavía quedan algunos tramos que recorrer y alguna que otra atadura que destrabar de ese pasado machista de nuestra cultura.

Ojalá dentro de un tiempo podamos decir que Manuela lo está haciendo bien porque HOY sigue siendo un buen periódico. Y ojalá que a nadie se le pase por la cabeza, ni siquiera como un suspirillo de pensamiento, la coletilla del «a pesar de que es una mujer».

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