Aceite añil y tencas turquesa

Vino azul extremeño. :: A.T./
Vino azul extremeño. :: A.T.

Ya podemos beber dos vinos extremeños de color azul

J. R. ALONSO DE LA TORRE CÁCERES.

Mi padre está enfadado conmigo. Preciso: mi padre está muy enfadado conmigo. Y no le faltan razones de peso: dos en concreto y ambas propias de un foráneo readaptado, de un asturiano reconvertido en extremeño y que, como todo buen converso, se indigna más con los temas autóctonos que un nativo extremeño de pura cepa.

Si aquí fuéramos nacionalistas, mi padre sería un charnego-maketo dispuesto a reafirmar su falta de ocho apellidos extremeños con una defensa a ultranza de nuestras señas de identidad y nuestros hechos diferenciales. Mi padre, en fin, está enfadado conmigo por dos temas más extremeños que comerse una chanfaina el día de la Virgen de Guadalupe: los olivos y las tencas.

Ambos iconos de la extremeñidad, el pez más nuestro y el árbol que nos ha curado, alimentado y alumbrado durante siglos, son la pasión de mi padre. Hace unos años, sembró olivos en la tierra que heredó mi madre en Ceclavín. Y como mi madre también heredó una charca, pues ha echado en ella unas cuantas tencas.

Hasta la siembra y la suelta, mi padre compraba el aceite en la cooperativa ceclavinera y pescaba las tencas en la charca del Valle.

El otro día, conté algo sobre sus olivos y dije que había sembrado 80. Nunca lo hubiera escrito o, cuando menos, nunca lo debiera haber escrito sin consultarle. Porque resulta que mi asturiano padre no sembró 80 extremeños olivos, sino 300, y se ha indignado sobremanera: «¡Hijo mío, cómo me has quitado en un renglón 220 olivos! ¿No te da vergüenza?».

Yo le digo que tampoco es para rasgarse las vestiduras y que, al fin y al cabo, él no deja de ser un olivarero advenedizo que conoció el aceite de oliva en la posguerra, cuando fue a Asturias desde Cáceres en tren con una garrafa de cinco litros completamente legal y tuvo que ponerse enérgico en el expreso de Oviedo para que la Guardia Civil no se la quitara por estraperlista. Pero mi padre no atiende a razones y no me perdona la humillación de dejarle sin 220 olivos de una tacada.

El caso de las tencas es más delicado. Mi padre me había pedido que mantuviera en secreto su repoblación pesquera, pero resulta que el otro día, en un programa de televisión, se me escapó contar que había soltado alevines de tenca en su charca y ahora no tiene ni una. Yo le digo que quizás se las haya comido un cormorán o que tal vez hayan muerto de calor. Pero él no traga y, entre los olivos y las tencas, se masca más tensión en casa que si mi padre fuera un Puigdemont extremeño, abanderado de olivos nacionales y tencas patrióticas, y servidor se hubiera convertido en un hijo apátrida que desprecia lo más nuestro.

Vaya, pues, por delante, mi rectificación: mi padre ha sembrado 300 olivos, que no 80, y en cuanto a las tencas, no se me ocurre ninguna disculpa y solo me queda rezar para que estén escondidas a la espera de mejor temperatura. Y ya puestos a rectificar, debo reseñar que, tras escribir el otro día sobre el sorprendente vino azul de bodegas Ruiz Torres de Cañamero, me han escrito del gabinete de comunicación de Gik Live, el primer vino azul español, para puntualizar algunos de los datos que recogí en aquel artículo. Las precisiones son que el vino azul empezó a hacerse en 2015 y no en 2016 como yo escribí, que se produce en bodegas de Zaragoza y La Rioja, no en El Bierzo, y que no se llama vino porque así lo ha exigido una sanción administrativa tras una denuncia del sector vinícola, pero no por ninguna sentencia judicial.

Y ya que hablamos de vino azul y por ser precisos, no está de más recoger en esta página que en Extremadura ya hay dos vinos azules. Al Mar Blue de Ruiz Torres hay que sumar el vino Verano Azul de bodegas Sani, la misma que elabora el popular Primavera. En la etiqueta se refieren a él como un cóctel de vino semidulce frizzante. En cuanto se entere mi padre de esta pasión extremeña por el azul, seguro que saca un aceite añil y cría unas tencas turquesa.

Fotos

Vídeos