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Un imposible llamado ACB

Freixanet lanza a canasta el 10 de mayo de 1992, encesta y el Cáceres asciende a la ACB. :: hoy
Freixanet lanza a canasta el 10 de mayo de 1992, encesta y el Cáceres asciende a la ACB. :: hoy
  • Jugar en Leb Oro será una experiencia frustrante si no hay cambios

En estos días de junio, dos ciudades castellanas se están jugando el ascenso a la ACB. Son partidos emocionantes por el resultado incierto, la rivalidad regional, la cercanía y la facilidad para que las aficiones se trasladen. Ahí es nada, Burgos contra Palencia o Palencia contra Burgos por un puesto en la mejor liga de baloncesto de Europa.

Todo lo anterior sería precioso si fuera cierto. Pero la realidad es que, por ahora, se trata de una entelequia: Burgos y Palencia solo se juegan el honor y, en realidad, deciden cuál de las dos ciudades se frustra, una vez más, al no poder ascender a la ACB por las imposiciones económicas que esta asociación de clubes impone. En concreto, el pago de seis millones de euros, que para ciudades de tamaño medio se antoja un imposible. A veces, algunas lo han intentado pidiendo préstamos, pero luego, o bien no pagaban los créditos o bien no tenían dinero para fichajes. Al final, la Leb Oro se ha convertido en una competición frustrante que choca contra un campeonato blindado en el que es imposible entrar.

Solo los equipos que ya pagaron en su momento el canon y que lo tienen en una especie de depósito podrían ascender a la ACB. Es el caso del Breogán de Lugo, que parece el pupas de la competición pues todos los años juega los playoff y todos los años cae sin poder ascender. Es una maldición que los gallegos sobrellevan como pueden: los únicos que podrían subir siempre están a punto, pero nunca rematan la jugada.

En España, hay una decena de ciudades que fueron de ACB y que ya no lo son ni, a este paso y con este canon, lo podrán ser nunca: Huesca, León, Granollers, Cáceres... El equipo cacereño, que estuvo 11 años en la mejor liga de Europa y segunda competición de más nivel del mundo, mantiene un espíritu competitivo muy alto a pesar del férreo autocontrol económico, con un magnífico entrenador de la tierra y de la ciudad, que es capaz cada temporada de sacar lo mejor de jugadores de segunda fila que, tras pasar por Cáceres y de la mano de Ñete Bohigas, ascienden a primera fila y vuelan a equipos de superior categoría o presupuesto.

El baloncesto es el segundo deporte en España desde hace unos 40 años. Pero en Cáceres siempre ocupó ese lugar. Un colegio franciscano, San Antonio de Padua, tiene el honor de haber convertido este deporte en santo y seña cacereña. En las pistas del antiguo colegio, había cerca de 20 canastas y allí todo el mundo jugaba a baloncesto.

De esa base han salido entrenadores de primera fila como Ñete, Márquez o Piti, que como comentarista televisivo convierte los partidos en impagables y entretenidas lecciones de básquet. El movimiento prosigue y se amplía al baloncesto femenino, con colegios e institutos sumándose y un equipo cacereño en la división de honor, el Al-Qazeres, un club con un ambiente y una organización ejemplares que se palpan en cada partido en el pabellón.

Pero la competición en Leb Oro ha perdido parte de su emoción porque si no es posible ascender, a qué jugamos. Ya lo sé, jugamos a baloncesto en una ciudad que tiene bastante más nivel del que le correspondería por población, una ciudad que entiende de baloncesto y lo paladea como pocas. Pero siempre acabas pensando que para qué te pones nervioso con un empate faltando 30 segundos si al final, pase lo que pase, vas a seguir viendo partidos de Leb Oro porque es imposible encontrar seis millones de euros para ascender. El ministro de Cultura, Méndez de Vigo, diputado por Palencia, ya comentó algo sobre eliminar el canon de ascenso a la ACB. Sería la solución para que retornara la emoción.