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Extremadura, ultraprotección contra desarrollo

HACE casi dos décadas que vengo advirtiendo de las frivolidades que se están cometiendo en Extremadura en cuestiones de protección ambiental, y el tiempo no para de darme la razón en todas mis predicciones. La última acaba de producirse hace unos días, cuando la Secretaría de Estado de Medio Ambiente ha publicado en el BOE la Declaración de Impacto Ambiental (DIA) mediante la que se reduce casi a la mitad la potencia de producción fotovoltaica y también de la inversión, con las consecuencias negativas para la economía y el empleo de una zona deprimida como la de Calzadilla de los Barros y Bienvenida.

Los argumentos esgrimidos por la DIA carecen de todo rigor científico y técnico, pues el área donde se pretenden instalar las plantas fotovoltaicas ni tan siquiera está delimitada como zona protegida, dado que en ese territorio los usos del suelo son el cultivo extensivo de cereales de secano y pastizales, y un poquito de viñedo, olivar y matorral.

Suena a broma que sin estar consideradas zonas ZEPA o LIC, la declaración sea negativa porque según la DIA «constituye un área especialmente relevante para las aves esteparias, muchas de ellas protegidas en el CREAE: avutarda, ganga, ortega , aguilucho pálido y aguilucho cenizo, catalogadas sensible a la alteración de su hábitat; alcaraván, catalogada vulnerable; y sisón. Otra avifauna de interés en la zona la constituyen especies como la grulla, el aguilucho lagunero y cernícalo primilla, catalogadas sensible; carraca, catalogada vulnerable, y milano real, catalogada como en peligro de extinción». Como si las plantas fotovoltaicas les impidieran a los pájaros volar de un lugar a otro cercano.

Con ese mismo y pueril argumento esgrimido ambientalmente en toda Extremadura no se pueden ubicar en adelante más plantas solares, porque en casi todo su vasto territorio surcan el vuelo todas esas especies de aves citadas en el informe y muchas más y en mayor cantidad. Por consiguiente, según ese 'criterio' de la DIA (que sentará precedente si alguien no lo impide), cualquier zona de Extremadura será susceptible de no acoger absolutamente nada en el futuro, sean actividades tradicionales o las de última generación, como es el caso de las Energías Renovables en Calzadilla. Esto es un dislate, la ultraprotección sin sentido ni rigor impide, paradójicamente, el propio desarrollo de energías limpias, que es la apuesta de la Unión Europea, máxime en una Comunidad donde nos situamos en casi las 3000 horas de insolación al año, y una de las pocas alternativas donde tenemos ventajas comparativas para explotar. O sea, el ambiente contra el ambiente, esperpéntico, si no fuese tan preocupante el tema.

Ya hemos perdido la oportunidad de que nuestros embalses sean un elemento de dinamización turística, tras la sentencia del TSJex, sobre el tema. Es paradójico que los ecologistas se opongan a la construcción de pantanos, porque son obras artificiales que interrumpen la corriente natural de un río, y al mismo tiempo los defienden (sin dejar de criticarlos por ser obras faraónicas del franquismo) por considerarlos «humedales» de gran valor ambiental (que lo son, ciertamente), todo lo cual se plasma en contradicciones que rayan en lo absurdo. Sonaría a chufla sino fuera porque todo esto deviene en la plasmación de desmanes como los del cerro-isla de Valdecañas, que va a impedir cualquier tipo de inversión turística futura en nuestros espejos de agua, por la inseguridad jurídica que ello conlleva.

Al final con informes, tan poco rigurosos e ideologizados, como el redactado por la DIA, dado que no reúne los requisitos establecidos en las Directivas Comunitarias (AVEs y LIC) como la confluencia de valores biológicos de singularidad, rareza y excepcionalidad. Olvidándose que la fisiografía y los usos del territorio en Calzadilla y Bienvenida no tienen nada de 'natural' (como la mayor parte de la geografía extremeña), además de estar atravesados desde hace años por la Autovía A-66, la N-630 y la N-432.

Creo que la sociedad extremeña debe tomar conciencia de estas veleidades que se cometen en materia ambiental, incluso fuera de las extensas áreas protegidas, pues nos jugamos el futuro de la región (nuevas plantas de energía renovables, cambios en los cultivos, repoblaciones, instalaciones de futuras industrias agroalimentarias o de otro tipo, la mina de Aguablanca, etcétera).

O los grupos políticos con representación parlamentaria toman conciencia de esta barbarie contra el desarrollo regional o seguiremos fomentando la emigración «ambiental» de los jóvenes ante la falta de oportunidades económicas en casi todo el espacio autonómico y el «anillamiento» de nuestros ancianos como «especie en vías de extinción».

Antes emigraron nuestros padres porque la dictadura franquista no puso en marcha ningún polo de desarrollo industrial en Extremadura, ahora emigran nuestros hijos porque la dictadura ecologista, con la connivencia de quienes aprobaron esas leyes fundamentalistas, impide cualquier iniciativa en este territorio. Lo dicho, un esperpento.