Hoy

Zarza, el camino más corto

Muelle de Vega Terrón, bajo el puente internacional. :: E.R.
Muelle de Vega Terrón, bajo el puente internacional. :: E.R.
  • Madrid-Lisboa por Moraleja cambiaría las rutas del transporte

Los gobiernos de España y Portugal han celebrado su enésima cumbre ibérica y Extremadura ha puesto sus ojos en la reunión con más escepticismo que nunca. En las primeras 'cimeiras', todo eran ilusiones y esperanzas: el AVE, las autopistas, la cooperación transfronteriza. Después, llegaron las desilusiones: nada de AVE; autovías, las justas; el Lusitania, por Salamanca y la cooperación, retórica pura. Ahora, ya, ni fu ni fa. Se reúnen los gobiernos, esbozamos las peticiones y escuchamos los resultados sin creernos casi nada.

La cumbre se ha celebrado de manera original. Ha comenzado en el muelle salmantino de Vega Terrón, cerca de La Fregeneda y bajo un símbolo de la decrepitud de la Raya: el puente internacional ferroviario abandonado sobre el Duero entre La Fregeneda y Barca d'Alva y la estación cerrada de esta población portuguesa. En el muelle luso de Barca d'Alva, acaban los cruceros del Duero que vienen desde Oporto. En uno de ellos, navegaron durante cuatro horas Mariano Rajoy y António Costa celebrando diversas reuniones de trabajo.

Durante la navegación, verían en la margen derecha del río las vías abandonadas de la que fue considerada la ruta ferroviaria más bella de Europa, donde los viajeros del Sur Exprés veían amanecer sobre el Duero llegando desde París, camino de Oporto. La zona es preciosa y no queda lejos de Extremadura, justo al sur de Salamanca, donde Las Arribes (en Zamora son Los Arribes) conforman un espacio espectacular.

La frontera hispanoportuguesa es la más antigua del mundo, aunque siempre se puede discrepar de este título por media docena de enclaves que se han estado moviendo hasta el siglo XIX. Además de antigua, es pobre, la más pobre de la antigua unión Europea, y despoblada, muy despoblada a uno y otro lado.

La Raya es también una de las fronteras más permeables que existen. A lo largo de sus 1.292 kilómetros, hay 56 pasos fronterizos: 5 en Andalucía, 16 en Extremadura, 17 en Castilla y León y 18 en Galicia. Además, se puede cruzar de un país a otro a través de dos pasos ferroviarios, en dos barcas-taxi, en dos ferris, en tres cruceros, por medio de una tirolina y a través de un puente romano, un azud, un puente diseñado por Eiffel y hasta por el puente internacional más pequeño del mundo.

Pero falta la gran comunicación: el AVE soñado entre Madrid y Lisboa, que situaría a Extremadura en el epicentro de un eje europeo de primer orden. Y a falta de AVE, bien estaría que saliera adelante la otra ilusión que los extremeños han presentado en esta cumbre de Vila Real y del crucero por el Duero: la construcción de la autovía portuguesa que unirá algún día Castelo Branco con Monfortinho, empatando en Zarza la Mayor con la autovía extremeña que hoy va de Navalmoral de la Mata a Moraleja.

No es una petición baladí. Desde siempre, el camino más corto entre Madrid y Lisboa ha pasado por Zarza la Mayor. Por ahí se trazó en principio el ferrocarril Madrid-Lisboa (aún hay restos de mojones al norte de Ceclavín) y esa zona era la de más contrabando en el siglo XVIII porque los contrabandistas no entendían de política ni de caciques, sino de kilómetros.

Hoy, de Madrid a Lisboa hay 625 kilómetros por Zarza, 627 por Badajoz y 654 por Valencia de Alcántara. Si el viaje es solo hasta la frontera, Portugal queda de Madrid a 318 kilómetros por Zarza, a 399 por Valencia de Alcántara y a 401 por Badajoz. Como ven, construir el tramo Moraleja-Castelo Branco revolucionaría las comunicaciones entre España y Portugal. Seguiremos esperando.