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A qué saben los grillos

Postre con un alacrán que se sirve en el restaurante Los Plebes de Cáceres. :: armando
Postre con un alacrán que se sirve en el restaurante Los Plebes de Cáceres. :: armando
  • Un restaurante cacereño sirve escarabajos, gusanos y escorpiones

¿A qué saben los grillos fritos? Abraham dice que a cacahuetes; a Jesús, el camarero, le saben a palitos de pan integral; Jhonny, el fotógrafo, asegura que a él no le saben a nada y a mí me supieron a chanquetes churruscaditos y un pelín picantes. El martes probé grillos fritos. Lo hice en un restaurante cacereño-mexicano que desde hace dos semanas sirve por 30 euros un menú de insectos. A saber: de primero, grillos fritos con guacamole; segundo plato, tres quesadillas rellenas de queso fundido y de gusanos de maguey, de gusanos de la harina y de saltamontes; de postre, se puede elegir entre tarta de chocolate con escorpiones, tarta de queso con alacrán o cajeta (dulce de zumo de caña) con escarabajo.

Me resistía a probar los grillos, pero me los pusieron delante y acabé zampándome uno. Y de perdidos al río, no bien engullí el grillo, ataqué los gusanos de maguey, que dice Abraham que saben a camarones, pero yo les encontré cierto retrogusto a pipas de calabaza fritas. Sea como fuere, lo importante es que los platos con insectos han desembarcado en la hostelería extremeña, llegan desde granjas de Reino Unido y Francia y la gente se los come con ganas.

«Lo primero que se acabó fueron los alacranes, fue visto y no visto, llegó el primer pedido y ese día se acabaron las existencias. Tardan más en salir las cochinitas de agua. Los clientes no se atreven porque tienen fama de ser el bicho más venenoso junto con unas ranitas amarillas, pero a nosotros nos llegan sin veneno y deshidratadas como los demás insectos. En todo caso, el primer pedido de insectos ya está casi agotado y acabamos de hacer el segundo», explica Andrés García, 58 años, patriarca de la familia.

Andrés nació en la finca Cantillana Baja, entre Herreruela y Aliseda. Emigró con su familia a Guamuchil (Sinaloa-México) en 1971, donde trabajó como transportista con camión propio. El año 2000, regresó a Cáceres y empezó a transportar frutas y verduras a Alemania, trayendo productos congelados. La crisis complicó lo del transporte, dejó el camión y abrió con sus hijos el restaurante Los Plebes en el barrio cacereño del Perú. El local se quedó pequeño y en noviembre se mudó al número 22 de la avenida de Alemania, donde sus hijos Nahúm, Marisol, Abraham y María José llevan el negocio.

«Esto es una taquería, es decir, servimos la comida mexicana de la calle, la casera, la del pueblo, pero sentados y en un ambiente relajado. Gustan mucho nuestras tortitas de harina, nuestros chilaquiles (nachos con queso mexicano que se funde, pollo desmenuzado, salsa de tomate y pimientos secos) y nuestras arracheras (carne de ternera y de pierna de cerdo maceradas)», detalla Andrés los platos estrella de una carta donde la comida mexicana 'normal' es la regla. En esa carta, se ofrecen tacos dorados (5,50 euros), chiles rellenos (8,50), enchilados (7,50), fajitas (6,90-8,90), burritos variados (4-5,20), tortillas de trigo rellenas de queso con múltiples ingredientes (4-6,10).

Los insectos son una excepción, aunque sean la comida del futuro, pero se han convertido en algo más que curiosidad o anécdota. «El menú está saliendo mucho y hay gente que repite. No crea que solo vienen jóvenes, la media de insectívoros es de entre 30 y 50 años y hay clientes que vienen todos los sábados a comer insectos», cuenta Andrés, que reconoce que en casa de herrero, cuchillo de palo: «La verdad es que los escorpiones no los he probado. No me atrevo, me da no sé qué».

¿Y a qué saben los escorpiones? «No es un sabor desagradable, responde Abraham, el hijo, pero la carcasa es dura, algo así como si te comieras unos cacahuetes con la cáscara».