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Criticar en Extremadura

'Los santos inocentes', una película de criados y señores. :: hoy
'Los santos inocentes', una película de criados y señores. :: hoy
  • Tantos años de pleitesía provocan que nos cueste poner pegas

¿Por qué es tan difícil ser crítico en Extremadura? Le hice esta pregunta hace 15 años a José Antonio López Fernández (Valencia de las Torres, 1947) mientras tomábamos un café en la cafetería La Marina, en Badajoz. José Antonio López era pedagogo e inspector de Educación. Antes de ocupar ese puesto en Extremadura, había sido delegado provincial de Educación en Barcelona con los gobiernos nacionalistas de Josep Tarradellas y de Jordi Pujol, además de profesor en la Universidad Autónoma de Barcelona. Pero antes de cumplir los 40 años, lo dejó todo y regresó a Extremadura, la tierra desde la que había emigrado su padre, pescadero en Fuente del Maestre.

«¿Por qué es tan difícil ser crítico en Extremadura?», le pregunté. Y José Antonio López me respondió: «Pues porque somos una sociedad poco evolucionada democráticamente. Es difícil eliminar costumbres como la del respeto y la pleitesía al cacique. Recuerdo que una vez iba con el director del colegio de Fuente del Arco, una bellísima persona, que se cruzó con un agricultor al que saludó: «¿Qué pasa, Benito?». Y Benito respondió sumiso: «Pasa lo que usted quiera que pase, don fulanito». Ese espíritu está muy metido en Extremadura. No se trata de ser de izquierdas o de derechas, se trata de mentalidades. La ideología es accidental, la mentalidad es propia del contexto social, te domina aunque no quieras y es muy difícil de cambiar».

Hace un par de semanas, conté que el alcalde de Plasencia me había regalado, al igual que a otros muchos extremeños, una litografía de Sorolla reproduciendo su cuadro 'El mercado de Plasencia', cuyo centenario se cumple en 2017. A la hora del café, se me acercó un artista al que aprecio para decirme que Sorolla no había hecho litografías y que el regalo que había recibido posiblemente fuera una copia de gran calidad. Tomé nota para tener más cuidado la próxima vez y no atribuir litografías a quien no las firmó nunca.

Pero lo curioso del caso es que mi interlocutor se acercó al poco para pedirme disculpas por haberme hecho aquella apreciación. Decía estar arrepentido por haberme dicho nada en la creencia de que su respetuosa crítica podría haberme molestado. Yo estaba encantado y así se lo hice saber. «Gracias a ti, de ahora en adelante pondré más atención cuando escriba de pintura y será más difícil que meta la pata», le dije.

A los pocos días, una señora a la que respeto mucho me criticó que hubiera puesto el siguiente titular encabezando un artículo sobre un aceite de calidad: 'Villamiel, un pueblo comunista'. Le di la razón pues era verdad que me había dejado llevar por una debilidad sensacionalista que siempre acecha y debo controlar. En aquel artículo, se recogía la anécdota de un señor de Cádiz que había dicho que Villamiel parecía comunista porque todo el mundo tenía unos cuantos olivos y un huerto. Pero, como escribía un lector en Facebook, eso era anecdótico, lo importante era el esfuerzo para conseguir un aceite maravilloso.

Sin embargo, también en este caso mi interlocutora se arrepintió al instante de la sutil y razonada crítica, me pidió disculpas y la vi verdaderamente apesadumbrada por creer que había metido la pata, cuando en realidad me había hecho un favor fortaleciendo mi capacidad para controlar mis veleidades sensacionalistas.

El halago debilita. La crítica fortalece. Pero a los extremeños nos cuesta criticar, nos sentimos mal porque quizás estemos acostumbrados a reacciones negativas de los criticados o porque, como argumentaba José Antonio López, el contexto social y la mentalidad nos dominan. Me decía en cierta ocasión el periodista Eduardo Sotillos que él detestaba el halago porque le parecía una suerte de superioridad de quien lo hacía, como cuando le decimos a un niño pequeño: «¡Qué listo y qué guapo eres!». Desde luego, es preferible la crítica respetuosa y razonada: te permite crecer y mejorar, aunque sea más cómodo y menos arriesgado halagar que criticar, en Extremadura y en la Conchinchina.