Hoy

PSOE-Podemos

Hace falta ser cínico para estar sosteniendo a Manuela Carmena en el Ayuntamiento de Madrid y, al mismo tiempo, asegurar que «con Podemos no podemos». Me juego el bigote que no tengo a que, tras las próximas elecciones autonómicas y municipales, la alianza PSOE-Podemos va a ser moneda de uso común en todas las comunidades y municipios donde la suma de los dos supere los votos del PP y aledaños. No hace falta ser un pitoniso de la política, eso está ocurriendo ya en cientos de municipios y en varias comunidades. Aquí mismo, en Extremadura, el PSOE contó con la ayuda externa de Podemos para alcanzar una mayoría suficiente, que no tuvo en las urnas. ¿Con quién se va a entender Vara en junio de 2019?

El rechazo apriorístico de los «susanistas» es porque toca luchar por la secretaría general del partido y la mejor manera de apartar a Pedro Sánchez es demonizarlo ante la militancia por su ambición, «incluso contando con Podemos». Ahora no pueden dar un nuevo golpe de mano, apartándolo a empujones, como ya hicieron, y tienen que inventarse el frente disuasorio de la radicalidad del ex secretario general para intentar entronizar a la andaluza. Juegos malabares. Pasado el temporal de la cita congresual, con Pedro, con Susana o con Patxi en la secretaría general, PSOE-Podemos será tan familiar, pueblo a pueblo, como lo fue PSOE-IU, aunque en Extremadura, un guay y un resentido, decidieron apostar al azul todo el capital que tenía la coalición de izquierdas. El guay, –¿pies para qué os quiero?–, está en Marruecos luciendo chilaba, pero aquí dejó una IU que pasó de ser opción de poder efectivo, a pecio a la deriva. Conclusión: Los inventos con gaseosa.

«Tú apuestas por Pedro Sánchez», me ha dicho un socialista al que respeto. Apostar por el que pierde es lo normal en mí, pero lamento que así se vea porque me da lo mismo que lo mismo me da, aunque parece que la andaluza se siente victoriosa y ya anda vendiendo la piel del oso. El PSOE de Susana Díaz apuntala el continuismo de sus mentores, Felipe, Guerra, Rubalcaba, Bono… y, para bien o para mal, cambiaron el «no es no» por el «sí es sí» para que Rajoy pudiera repetir, pese a que ya era palmaria una corruptela en el PP que ahora ven insostenible. Lo de Bugs Bunny: «¿Hay algo nuevo, viejo?».

Podían replantear su estrategia para demostrar un poquito de coherencia, porque por una parte ayudan a Rajoy, al mismo tiempo que –¡bla, bla, bla!–, lo rechazan y por la otra rechazan a Podemos, al mismo tiempo que lo ayudan o se dejan ayudar por ellos. Dos preguntas tontorronas: Si gana Susana Díaz y, si como parece evidente, las mayorías absolutas han desaparecido, ¿con quién se van a coaligar, con el PP o con Podemos? ¿A quién van a ayudar, a Podemos o al PP? Son habas contadas, no tienen mucho donde elegir.

En poco menos de un mes habrán dilucidado los socialistas el espinoso tema de su Congreso y pronto se verá si tengo que afeitarme el bigote o seguir sin él. Que no se miren tanto el ombligo y analicen el retroceso espectacular del socialismo europeo, que ha pasado de gobernar en muchos países, al ostracismo testimonial de las fuerzas residuales. Torres más altas cayeron: Quevedo dixit: «Miré los muros de la patria mía / si un tiempo fuertes ya desmoronados…».