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Amelio Retortillo, cencerrero de Montehermoso. :: hoy
Amelio Retortillo, cencerrero de Montehermoso. :: hoy

El cencerro ya es Patrimonio

  • Extremadura es rica en metalurgia tradicional, pero lo ignora

Extremadura es una potencia mundial en... cencerros. Y la capital de los campanos, las esquilas, los cascabeles y las zumbas es Montehermoso, donde la saga de los Iglesias ha surtido desde sus tres talleres a ganaderos de toda España. En la cencerrería Los Tres Golpes, compra Talavante los cencerros para sus mansos y los cabestros de Vitorino Martín también llevan cencerros montehermoseños.

Los Iglesias son los únicos cencerreros que quedan en Extremadura y desde Montehermoso surten de campanos, cada uno con su sonido singular, a ganaderos de Asturias y Cantabria, de Cataluña, Castilla y León, Andalucía y Madrid, que les piden cencerros para cabras, ovejas, vacas y bueyes. También cascabelillos para perros de compañía y para perros de rehala cazadora.

Ni en Extremadura ni en el resto de España se valora esta artesanía antigua que se considera algo a extinguir y sin glamour tecnológico, como si fuera mejor colocarle un control wi-fi a las cabras en lugar de una esquila.

Pero nada más cruzar la frontera, la cosa cambia. En Portugal, a esta destreza singular se la denomina 'a arte chocalheira' y allí, la capital del cencerro o chocalho está en el Alentejo, exactamente en Viana do Alentejo, con lo cual se cumple una vez más esa identidad compartida de la Raya, donde a ambos lados de la frontera se han encontrado cencerros o chocalhos celtíberos del siglo I antes de Cristo. Más de 2.000 años haciendo cencerros en el Montehermoso extremeño y en el triángulo alentejano de 'a arte do chocalho': Estremoz, Reguengos de Monsaraz y Viana do Alentejo, sobre todo en su freguesia de Alcáçovas.

Y decíamos que en Portugal la cosa cambia porque allí sí que valoran el arte de hacer cencerros, consideran que es un vestigio inmemorial a proteger y el 1 de diciembre de 2015 consiguieron que la Unesco considerara esta artesanía Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad con necesidad de salvaguarda urgente.

En Portugal, un equipo de antropólogos e historiadores trabaja en la protección de los talleres de cencerros y pretenden abrir en Alcáçovas, que con cuatro talleres sería el Montehermoso alentejano, un centro de interpretación de la metalurgia tradicional. En Extremadura, cuando comentas esto de los campanos y la Unesco, te suelen hacer la broma de que estás como un cencerro, que resume el concepto que tenemos de lo tradicional y rural, aunque tenga dos milenios de historia, como motivo más de vergüenza que de orgullo.

La última vez que estuve en la cencerrería Los Tres Golpes, hacían unos 4.000 cencerros al año y los hacían pequeños para perros, zumbas para vacas, de boca estrecha para ovejas, que se mueven menos y así suena a la menor agitación, y de boca ancha para la inquieta cabra. Además, como cada cencerro tiene un sonido diferente, el ganadero lo escucha y sabe dónde está su ganado, ya sea en el monte asturiano, ya sea en la dehesa extremeña.

Es una pena que la candidatura para ser Patrimonio de la Humanidad no haya sido conjunta y rayana. Claro está que aquí podríamos intentar algo semejante con la metalurgia tradicional del Alagón. Y ahí entrarían los cencerros de Montehermoso, pero también sus famosas campanas tradicionales de bronce, que funde la familia Rivera desde el siglo XIX. La empresa la fundó Gabriel Rivera en 1850 y, desde entonces, han instalado campanas, relojes y carillones artesanos en los cinco continentes. Además, manufacturan otras piezas artesanales de bronce como almireces, candelabros, velones y no faltan las esquilas ni las campanillas.

A esta artesanía metalúrgica de cencerros y campanas hay que sumar a otro artesano resistente: Juan Fernández, que forja veletas en su taller de Riolobos. El último veletero extremeño es heredero de una saga de tres generaciones. Artesanos del metal: venerados en el Alentejo, ignorados en Extremadura.