Hoy

Defensora de la imaginación infantil

Ana Nebreda pasa muchas horas en las bibliotecas. :: Lorenzo Cordero
Ana Nebreda pasa muchas horas en las bibliotecas. :: Lorenzo Cordero
  • Ana Nebreda Domínguez

  • Maestra especialista en literatura para niños

Es madre de dos hijos adultos, pero lee cuentos infantiles prácticamente a diario. Se puede decir que es una de las mayores especialistas en este tipo de literatura y, por su conocimiento de este género, afirma sin dudarlo que «la literatura infantil, a veces denostada porque se la considera simple, debería ser el tesoro más preciado de nuestra sociedad. De hecho, es muy complejo convertirse en un autor reconocido».

Ana Nebreda Domínguez es maestra y en la actualidad trabaja como asesora en el Centro de Profesores de Cáceres, al que se incorporó hace seis años. Antes, ejerció durante muchos cursos en el C.P. Gabriel y Galán de Cáceres y en el C.P. María Lluch de Torrecillas de la Tiesa. Además de su actividad profesional, desde su blog Biblioabrazos comparte su experiencia con la finalidad de que los más pequeños -y también los mayores- lean más.

Hay que tener en cuenta varias claves a la hora de recomendar un libro infantil, afirma. «La primera es que el adulto lo lea antes, ya que cualquier mediador de lectura debe ser lector y esto es un reto, ya que la mayoría de adultos no lee literatura infantil y juvenil».

A partir de este primer paso Nebreda sugiere tener en cuenta algunos aspectos para seleccionar. «Que después de leer el libro te haya emocionado o haya provocado cierta transformación en ti, que contenga un lenguaje literario que te haga sentir, personajes con personalidad, escenarios reconocibles, fantasía y realidad equilibradas, unas buenas ilustraciones y que se trate de una buena edición para que al libro no se le caigan las hojas al pasar muchas veces las páginas».

Esta pedagoga reconoce no obstante que hoy día los libros infantiles compiten duramente con otros dispositivos electrónicos como las 'tablets'. «Es un momento complicado porque estos dispositivos son tan atractivos para los niños, con esos dibujos y ese movimiento, que muchas veces pueden resultar adictivos. De hecho, les dedican mucho tiempo que se resta a la lectura y a la convivencia, al trato con otras personas. Sin embargo, no creo que sea una batalla perdida. Estamos viviendo cambios y yo estoy a favor de la tecnología», dice esta especialista cuya opinión es que la lectura infantil debe ir acompañada de la presencia de alguien mayor. «Además de protegerlos, alimentarlos o asearlos, a los niños hay que contarles cuentos. Esto los acerca al mundo y la cercanía de un adulto te da una fuerza para crecer interiormente tremenda».

Cuentos machistas

Según Ana Nebreda, el discurso reciente de que conviene revisar cuentos tradicionales que destilan machismo en su trama y personajes no es para alarmarse. «Aquellos cuentos son como son y reflejaban la sociedad de ese momento. En mi opinión no veo necesario que haya que modificarlos. Y si hoy día la sociedad ha cambiado, pues lo que hay que hacer es crear nuevos cuentos que reflejen que el papel de la mujer es más activo e incluso sea ella la que salve al príncipe».

Conocedora de títulos y autores desconocidos por la mayoría de la sociedad, cita a tres que quiere reivindicar por si alguien está pensando estos días en elegir algún libro. Una es española, Gloria Fuertes, en cuyo centenario de su nacimiento se está empezando a descubrir su poesía para adultos, pero sobre la que recuerda que el legado de literatura infantil que dejó es formidable. Otro es Roald Dahl, escritor británico autor de obras como 'Matilda' o 'Charlie y la fábrica de chocolate', que se hicieron populares gracias a la adaptación en películas, pero que Nebreda recuerda que mucho antes ya eran grandes obras de la literatura infantil. El tercer autor que cita la extremeña también es británico, Arnold Lobel. «Es que la literatura infantil anglosajona es muy buena porque se pone a la altura de los niños, les mira a los ojos. Además, tiene mucho sentido del humor, es muy sutil y profunda en los temas», explica.

Esta cacereña sostiene que ella no se hizo maestra en la Facultad de Magisterio sino en la escuela. Y en su caso su interés por la literatura infantil se activó con la creación de las bibliotecas escolares, un proyecto en el que se implicó muy directamente y que se resume en abrir estos espacios y dejar de tener los libros bajo llave ya que, según afirma, «la literatura es una herramienta muy potente para enseñar».