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Un usuario escribiendo con su teléfono móvil. :: hoy
Un usuario escribiendo con su teléfono móvil. :: hoy

Fulanita roba y yo no

  • Culpamos siempre a los otros, pero tan culpables somos nosotros

La cadena noruega NRK, una televisión pública, antes de permitir que los lectores de sus reportajes e informaciones hagan comentarios en su edición digital, les exige que contesten a tres preguntas sobre el texto. Si las aciertan, pueden comentar. Así, se aseguran de que lo han leído y de que los comentarios son fundamentados.

«Si los periódicos hicieran eso en España, no habría tanto comentario basura», me comenta un conocido, que no sabe que yo sí sé que él es un incansable troll: con seudónimo, se dedica a atacar a los autores de cuanto escrito, tuit o publicación pilla en redes y publicaciones digitales. Y ataca diga lo que diga el autor del texto, sobre todo porque a mi conocido le da lo mismo lo que dice el autor, el caso es soltar sus malvadas ocurrencias. Su reacción es típica: Los otros son los culpables; ellos, esos otros, son quienes no entienden lo que leen, si lo leen, aunque luego lo comenten.

Los otros, siempre los otros, la alteridad como autoafirmación. Una excursión adolescente. Una muchacha roba un llavero. La pillan. La asustan un poco. Vuelve al autobús. Aviso: «No llaméis a vuestras madres para contar lo del robo porque se ponen nerviosas y solo ha sido una chiquillada». Suena un móvil justo en ese instante. Es la madre de la 'ladrona'. La riñe enérgicamente. No le importa el robo, sino que la han llamado siete madres de excursionistas para contárselo. Medio autobús ya había llamado a sus madres para acusar a la compañera y quedar bien por comparación: «¿Ves mamá?, fulanita roba, pero yo no».

En política es igual. En cuanto aparece un caso de corrupción en un partido, las demás formaciones señalan con el dedo para dejar claro quiénes son los malos y quiénes, por comparación, son los buenos. Nadie piensa que la condición humana es transversal y, por ello, las debilidades pueden aparecer en cualquier partido. La cuestión es cómo se persigue.

Por eso me hace gracia la ingenuidad de las nuevas formaciones, presumiendo de una honradez acrisolada, casi natural porque ellos practican lo que han dado en llamar nueva política. Pero exageran tanto el gesto como aquel ingenuo eslogan del PSOE de los 80: «Cien años de honradez».

Presumir de puros y señalar siempre al otro como impuro irrita al ciudadano, que está de vuelta y sabe que la tentación no descansa y el alma humana no resiste por ideología, sino por principios sólidos. La caída de quienes presumen de superioridad moral es más dura y es más celebrada que la de quienes admiten las miserias y presumen poco.

«¿No se molestan los lectores de Cáceres cuando ironizas sobre la ciudad y los ciudadanos?», me preguntan a veces. Respondo: «No, nunca, piensan siempre que me refiero a los otros, nunca a ellos». Cuando se ironiza sobre cualquier miseria, conviene incluirse en el pelotón de los miserables y los maniáticos, aunque solo sea por decencia, por previsión, por asunción de las propias debilidades.

La madre comenta en la carnicería la desgracia de la hija de fulanita. El resto de la cola calla prudente. Saben que las desgracias salpican a todo el mundo. ¿Quién es la última? La otra... Hasta que te toca a ti. Mala señal cuando necesitamos al otro para crecernos o para justificarnos. El síndrome de «el otro es culpable» es congénito al nacionalismo. Normalmente, el otro perverso y malvado suele ser un ente abstracto, colectivo y perpetuo llamado Madrid. A veces, si conviene, se cambia el punto de mira y los catalanes nos señalan: culpables por subvencionables. Y nosotros señalamos a Cataluña por haberse llevado todo y querer más aún.

Nunca nos paramos a pensar si no seremos nosotros los culpables de comentar las noticias sin leerlas, de engañar en cuanto podemos, de corrompernos ya en lo pequeño, de ser ciudadanos conformistas. No son los otros, somos nosotros... ¡Ah!, las preguntas: ¿Qué es la NRK?, ¿cuál era el eslogan del PSOE en los 80?, ¿cuál es el síndrome del nacionalismo? Ya pueden comentar.