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Acebo selecciona nuevos vecinos

Panorámica de la localidad. La rodean más de mil hectáreas de baldíos que el municipio pone a disposición de los nuevos vecinos. :: palma
Panorámica de la localidad. La rodean más de mil hectáreas de baldíos que el municipio pone a disposición de los nuevos vecinos. :: palma
  • El pueblo cacereño ofrece terreno y asesoramiento para montar un negocio a quien se empadrone en él

«Estamos muy interesados en irnos a vivir a Acebo». Lo dice Cristina, 35 años, madrileña, psicóloga clínica en Puerto de Santa María (Cádiz), madre por triplicado -sus hijos tienen seis meses, dos y cuatro años- y si todo le sale como ella quiere, nueva vecina del pueblo cacereño al que un incendio le cambió la vida en el verano del año 2015.

Ella, su marido (42 años) y sus tres críos son la familia por la que cualquier municipio de cualquier autonomía española pelearía, para darle un homenaje a su pirámide de población. Pero a todos les ha adelantado Acebo, en el corazón de la Sierra de Gata y también en el epicentro del fuego que hace dos veranos se llevó por delante 7.833 hectáreas. Su término municipal resultó el más afectado (4.436 hectáreas, o lo que es lo mismo, el 56 por ciento de la superficie quemada), pero el suceso tuvo también una 'cara b' feliz. Fue un puñetazo en la mesa cuyo eco aún perdura. Despertó conciencias, impulsó iniciativas solidarias más allá del área quemada, y seguramente no es casualidad que de los 19 pueblos integrados en la mancomunidad, Acebo sea el único junto a Torre de Don Miguel que tiene ahora más vecinos que hace un año. A 1 de enero de 2016 -última cifra oficial publicada por el Instituto Nacional de Estadística- sumaba 590, que son 21 más que doce meses antes.

«Hay que hacer algo»

«La cifra del INE está mal, porque somos más de setecientos empadronados», asegura Javier Alviz, alcalde de Acebo por el PP. Sea una u otra cifra, el hecho es que el municipio está fuera del grupo de pueblos españoles con más posibilidades de quedarse vacíos a medio plazo, que según vienen avisando los estudios demográficos desde hace años, son todos aquellos que no llegan al medio millar de habitantes. «No estamos tan mal como otros, es verdad, pero hay que hacer algo para intentar evitar que entremos en la espiral de perder población cada año», razona Alviz, que recuerda bien cómo se gestó la idea de lanzarse a buscar nuevos vecinos.

Se lo propuso Dionisio Romero, uno de esos perfiles que en la Sierra de Gata proliferan como en ninguna otra comarca de Extremadura. Es un neorrural de libro. De raíces extremeñas -su padre nació en Villar de Plasencia-, ha trabajado como realizador audiovisual, es articulista y escritor sobre temas medioambientales en publicaciones especializadas y creó y dirigió la Fundación Félix Rodríguez de la Fuente. Tras 17 años viviendo en Madrid, se instaló en Acebo hace una década. Tiene una empresa de comunicación y está contratado por el ayuntamiento para coordinar el proyecto que pretende espantar al fantasma de la despoblación atrayendo al pueblo a nuevos residentes.

El planteamiento es sencillo: quien se empadrone en el municipio podrá usar terrenos municipales para poner en marcha su propio negocio agrícola o ganadero. Además, quien dé el paso contará con asesoramiento gratuito y especializado, de manera que no hace falta tener ni experiencia ni conocimientos sobre negocios, agricultura o ganadería.

De hecho, es el caso de Cristina, la psicóloga que trabaja en Puerto de Santa María y que hace un par de semanas viajó hasta Extremadura junto a su pareja y sus hijos. «El pueblo -cuenta- me pareció muy bonito, y nos trataron muy bien». «Me encantó ver a mis hijos cogiendo naranjas en el bosque», añade la joven madrileña, que volverá a Acebo en mayo. «Iremos -anticipa- para reunirnos con la gente que nos puede ayudar a elaborar el plan económico y financiero y a perfilar qué tipo de negocio nos puede ir mejor».

Dudan entre una explotación de cabras o una plantación de castaños. Lo primero puede ofrecer una rentabilidad suficiente al poco tiempo de empezar, mientras que con los árboles frutales hay que esperar más tiempo antes de obtener ganancias, por lo que es aconsejable tener algo ahorrado. Como no saben apenas nada sobre el asunto, se dejarán aconsejar, aunque tienen claro que su deseo es instalarse en la localidad del norte extremeño. «Llevábamos tiempo hablando de la posibilidad de irnos a vivir a un pueblo, especialmente a raíz de ser padres, y un amigo que lo sabía fue a dar con la web del proyecto (www.vivirenacebo.es) y nos lo comentó», explica Cristina, que no duda un segundo cuando se le plantea por qué quiere dar un giro a su vida. «Son muchas razones: el ritmo de vida, la naturaleza, la jornada de trabajo, el tráfico, el ocio de los niños... No quiero que mis hijos crezcan con todo eso que tiene la ciudad. Me parece que es más sano lo que nos ofrece la vida rural».

Tres condiciones previas

A ella se le acaba el contrato de trabajo en octubre. Cuando llegue ese momento dirá adiós al turno laboral de mañana y tarde, con el que tan complicado le resulta conciliar vida familiar y profesional. Y si no hay imprevistos, para entonces se trasladará a Acebo, y quizás en esos días sus niños estén ya en el colegio del pueblo, al que van cada día una treintena de alumnos. Es probable, además, que la familia de Cristina no viaje sola. Porque su cuñado también está interesado en seguir el mismo camino. «Al igual que nosotros, están verdaderamente interesados en irse a Acebo», explica la joven madrileña, que es casi un prototipo de lo que busca el programa puesto en marcha por el municipio cacereño.

«Es importante que quede claro que no se trata de que cedamos tierras a cualquiera que quiera venir», previene Dionisio Romero, que lleva semanas filtrando solicitudes. Un primer contacto por correo electrónico y si procede un segundo por teléfono le ayudan a conocer a los candidatos, y a decidir si sus intenciones casan con el espíritu de una propuesta que según cuenta, está teniendo un eco sobresaliente. «No podría precisar cuántas personas que nos han escrito pidiendo información, pero sí puedo decir que son bastantes: un día abro el correo electrónico y hay 17 mensajes, al siguiente seis, el anterior otros cuantos...».

Él lo explica todo de forma clara en la web del proyecto, donde se especifica que cualquier aspirante debe cumplir tres condiciones: tener un proyecto agrario, ganadero o de transformación, vivir en el municipio y tener ganas de trabajar. «Las tierras -se detalla acto seguido- se ofrecen para su explotación, y el que se instale en Acebo tiene garantizado el usufructo de su trabajo, nunca la propiedad del suelo». «Mientras trabaje la tierra que se le cede -continúa-, el beneficio que obtenga es suyo, y cuando deje la actividad por cualquier motivo, el terreno vuelve al ayuntamiento».

El catálogo de suelo para elegir es amplio. De las 3.200 hectáreas municipales de baldíos, en torno al 55 por ciento están cultivadas por los vecinos, que las disfrutan en régimen de usufructo. Es decir, tienen que conservarlas en buen estado y cuando dejen de trabajarlas, esas propiedades vuelven al consistorio, que es su dueño. El resto -en torno a mil doscientas hectáreas- están a disposición de los posibles nuevos residentes. Lógicamente, también las pueden solicitar quienes ya tienen su domicilio en la localidad, que de hecho gozan de preferencia sobre el resto, asegura Romero, que en Semana Santa guiará la visita al pueblo de una familia de Zaragoza que también está estudiando mudarse a Acebo.

Ese viaje de más de seiscientos kilómetros se lo pagarán ellos, no el ayuntamiento. Y les valdrá, entre otras cosas, para conocer el lugar y para hacerse una idea de dónde podrían vivir y cuánto les costaría el alquiler. «Estamos haciendo una base de datos con los vecinos que tienen casas en alquiler», detalla el coordinador del proyecto, que insiste en que cada solicitud se estudia individualmente. «Algunas de las que nos llegan -comenta- están desenfocadas, son de gente que no ha entendido bien en qué consiste la propuesta, y que por ejemplo, piensa que ofrecemos trabajo, cuando no es así, el trabajo lo tiene que poner cada uno».

Lo que hace el Consistorio es cerciorarse de que los solicitantes han entendido bien en qué consiste la iniciativa; asegurarse de que sus motivaciones para cambiar de residencia casan con lo que el pueblo puede ofrecerles. Y comprobar que detrás de su deseo de mudanza hay una idea de vida, un proyecto de negocio ligado al buen trato a la naturaleza. Cuando han certificado que es así, les ponen una alfombra roja en forma de asesoramiento. Por parte de técnicos municipales y también a través del equipo humano del proyecto Mosaico, la iniciativa que lidera la Universidad de Extremadura -a través de la Escuela de Ingeniería Forestal, con sede en Plasencia- y respalda la Junta.

El matrimonio chileno

Entre las razones de ser del proyecto Mosaico está refundar el paisaje de Sierra de Gata y Las Hurdes, de forma que el campo vuelva a ser el sustento vital de pastores, agricultores, ganaderos... Así se conseguirá reducir notablemente el riesgo de sufrir incendios que devoren miles de hectáreas, como el de hace dos veranos. Y la iniciativa que ha puesto en marcha Acebo está en línea con este planteamiento. También con la idea de vida que tiene Francisco Cornejo Soms, otro de los probables nuevos vecinos de Acebo.

Él es chileno, técnico agropecuario especialista en producción agroecológica, formado en la Escuela Agrícola de Los Andes y en la Universidad de California (Estados Unidos). Hace unos años, él y su mujer, Francisca Navarro -profesora de inglés y psicopedagoga- viajaron a España. Les gustó tanto que al año siguiente repitieron, esta vez alquilando un coche y dedicando dos meses a recorrer el país. «Después de muchos años viviendo en California -explica Cornejo por correo electrónico desde Santiago de Chile-, se incubó en nosotros la voluntad de realizar un cambio radical en el agitado estilo de vida que llevamos, e intentar establecernos en algún pueblo de España». «Para ello -sigue-, decidimos regresar a Chile a vivir en nuestra granja mientras tramitamos los permisos para emigrar».

En esta situación estaba el matrimonio cuando hace unos días conoció el proyecto extremeño, a través de una reseña en la revista El Ecomensajero Digital. «Ni siquiera sabíamos dónde quedaba el pueblo, pero la oferta nos atrajo sobremanera», cuenta Cornejo, cuya abuela Mercedes, a la que se siente ligado íntimamente, nació en Reus (Tarragona) y emigró a Chile a principios del siglo pasado. Ahora, él y su esposa están a la espera de que les concedan un permiso de larga estancia para poder vivir en Acebo durante un año. «Este visado es renovable, lo que nos permitiría tramitar luego la residencia definitiva», explica Cornejo, que durante años se dedicó junto a su mujer a producir hortalizas ecológicas y elaborar quesos artesanos de oveja. También tiene experiencia en el cultivo de nueces.

Su idea es viajar al pueblo de la Sierra de Gata en junio, a pasear por ella y a presentar al ayuntamiento su proyecto de negocio. Les acompañará su sobrino Óscar Jeldres, ingeniero civil y bioquímico especializado en producciones agropecuarias -estudió esto último en la Universidad de El Cairo (Egipto)-, y que prevé instalarse en Acebo en enero del próximo año. La idea que tienen es probar qué cultivos se adaptan mejor a las condiciones del lugar y montar una explotación de agricultura ecológica. También prevén sembrar plantas y tener su propio rebaño de ovejas. Además, Francisca, amante de la cocina, aspira a abrir una casa rural.

«En el camino para lograrlo»

«Nuestra voluntad de lograr este cambio está definida, y estamos en el proceso para lograrlo», asegura Francisco Cornejo, que desde la distancia le pide un favor al ayuntamiento de Acebo: que le solicite por escrito a la embajada de España en Santiago de Chile que agilice los trámites para la concesión de un visado de larga estancia.

«Nuestro objetivo -explica- es establecernos allí, hacer vida en una comunidad rural, y si es posible, en un futuro próximo comprar una vivienda que nos permita recibir a nuestros amigos americanos, con quienes ya hemos compartido esta iniciativa y quienes esperan poder visitarnos una vez que estemos establecidos». En su caso, además, ayuda el hecho de que la religión católica sea la mayoritaria en España. «Si Dios quiere -concluye Francisco Cornejo-, en junio estaré en Extremadura, y espero ser un buen aporte para la producción agroecológica en la región».

Antes que eso, habrá sido una ayuda para el padrón municipal de Acebo. Y quizás, él habrá abierto el camino para otros. «Creemos que puede darse un efecto dominó y que se beneficien otros pueblos de la comarca», valora Dionisio Romero, que toma distancia y enfoca el asunto con perspectiva. «El tema de la despoblación rural -reflexiona- no es ninguna broma, y nosotros creemos que ha llegado el momento de pasar de las ideas y las declaraciones a los hechos concretos».