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El teatro, un sector en manos públicas

Ensayo de la compañía de teatro amateur Cambaluz Ateneo, en Cáceres.
Ensayo de la compañía de teatro amateur Cambaluz Ateneo, en Cáceres. / Lorenzo Cordero
  • Las administraciones contratan más del 95 por ciento de las representaciones teatrales que se desarrollan en la región, donde apenas hay salas privadas

El Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida es el evento más conocido y reconocido dentro de las artes escénicas en la región. El espacio en el que se desarrolla, las compañías que muestran sus montajes y los actores que se enfrentan a un escenario con más de 2.000 años de historia favorecen la atención mediática y su proyección fuera de las fronteras de la comunidad autónoma.

Desde hace unos años, los productores del festival emeritense incluyen a dos compañías extremeñas entre las seleccionadas. Algo que el sector teatral agradece, al considerar que supone un impulso para las empresas porque les otorga visibilidad y las sitúa en una mejor posición a la hora de obtener contratos en otros puntos del territorio nacional. «Los programadores de otras comunidades se fijan en nuestra región, porque han descubierto que aquí se hace buen teatro», explica José Recio, presidente de Extremadura Teatral, una asociación que agrupa a 13 compañías.

La Junta y las asociaciones profesionales no se ponen de acuerdo en el censo de compañías de artes escénicas. «Tenemos identificadas 54 que estén activas», señala Toni Álvarez, directora del Centro de las Artes Escénicas y la Música de Extremadura (Cemart). «Nosotros creemos que hay alguna menos», apunta Recio. Más cercana a la treintena sitúa esa cifra Rafael Molano, presidente del Colectivo de Compañías de Teatro, Danza y Circo de Extremadura, que agrupa a 18 empresas. «Entraríamos en el debate de a qué se considera una compañía profesional», expone Molano. En cualquier caso es un número que ha crecido desde que comenzó la crisis, al mismo tiempo que se han reducido las plantillas. «Son muchas para un territorio como el nuestro», considera Recio. Esto, unido a que la demanda sigue siendo muy similar a la de hace una década, influye en la necesidad de buscar trabajo lejos de Extremadura. «Aproximadamente una cuarta parte de las compañías trabaja fuera», apostilla el presidente de Extremadura Teatral.

En la actualidad, el perfil de las compañías –y en esto sí se ponen de acuerdo todos los agentes del sector– es una microempresa en la que solo hay uno o dos trabajadores y que contrata por días concretos a personal para los diferentes trabajos. Es muy similar a lo que sucede en el resto del país y provoca la precariedad de buena parte de los profesionales. «Calculamos que en la región hay entre 700 y 1.000 personas que se dedican profesionalmente al sector de las artes escénicas», apunta Agustín Iglesias, presidente del Foro de las Artes Escénicas, asociación que agrupa a todo tipo de profesionales del sector.

Las empresas hacen por término medio unas 20 funciones al año dentro de la comunidad autónoma, con las que se sobrevive con dificultad, entienden desde los colectivos profesionales. «Una nueva producción lleva casi ocho meses de trabajo intensivo», según Ángeles Vázquez, directora de Albadulake. En ese tiempo los ensayos suelen ocupar el último mes, cuando ya hay fecha de estreno. Antes, se avanza la parte artística y la producción para adaptar el proyecto creativo al económico. «La parte más difícil es girar el espectáculo. Entrar en las redes y circuitos lleva mucho tiempo y no siempre lo encontramos para hacer la labor de difusión», reconoce Raquel Bazo, socia de Taptc? Teatro.

Promocionarse en el exterior también es una tarea complicada, ya que hay que mostrar los productos a los programadores y para ello se debe acudir a ferias y competir en mercados que, en ocasiones, están muy cerrados. «La presencia extremeña en estos eventos se ha multiplicado desde hace cinco o seis años», detalla Recio.

De esta forma, las compañías se ven en la obligación de ajustar sus montajes a unos presupuestos reducidos, los actores deben estar en varios proyectos al mismo tiempo y los técnicos no tienen un empleo estable que les garantice un determinado volumen de ingresos. Además, la mayoría diversifica sus servicios para mantenerse. «Hacer funciones ya no es la fuente de ingresos principal de las empresas», asegura Recio, que cita la formación como una de las opciones para completar los balances económicos.

Mercado

Esta situación repercute negativamente en la calidad de los espectáculos, porque los dueños de las compañías tienen que asumir múltiples tareas. «Hago labores de actriz y gerencia, de relación con los medios, producción, organización, calendario y coordinación de giras», admite Bazo, que es consciente de que la coyuntura actual no permite la incorporación de personal de oficina.

«Es una falacia que exista mercado en nuestro sector», afirma rotundo Iglesias, que también es director artístico de Sala Guirigai y de Teatro Guirigai. Esta sentencia se apoya en que el cliente principal que tienen las compañías teatrales es la administración pública, que contrata más del 95% de las representaciones que se realizan en la región. El resto de actuaciones se efectúan en pequeñas salas, ya que no existen grandes teatros privados. «En este país se ha creado un monstruo en el que la mayor parte de la distribución es pública, pero la creación en un 90% es privada», insiste Iglesias.

La Red de Teatros de Extremadura, que tiene un presupuesto de un millón de euros, es el circuito más importante para las compañías y supone una buena parte de los contratos que obtienen durante el año. En 2015 llegó a 89.500 espectadores en sus 250 espectáculos, cifra que se incrementó hasta los 265 el pasado año. «Desde mediados de 2015 se ha ampliado en un tercio el número de municipios adscritos a la red, pasando de 29 teatros a 39», indica Álvarez. También las diputaciones de Cáceres y Badajoz tienen sus propias programaciones y la Junta promueve los Escenarios Móviles.

En la primera semana de marzo se hizo público el listado de empresas que optan a realizar representaciones en el marco de la red en 2017. El retraso en los plazos ha causado malestar en el sector. «Teníamos el compromiso de que el proceso comenzara en enero. Esto hace que se pierda casi el 50% del trabajo», relata Recio. El aumento de la documentación a gestionar es el motivo de la demora, según el Cemart, que ha recibido casi el doble de solicitudes que en años precedentes.

Otras de las quejas respecto a la red son la tardanza en los pagos y el estado de algunos espacios, ya que «no cuentan con las garantías suficientes para trabajar; carecen de medidas de seguridad, no tienen donde colgar los focos o no hay potencia de luz suficiente», dice Bazo, que añade que en ocasiones han aceptado actuar porque el público de las localidades pequeñas también tiene derecho a ver la representación y porque su objetivo es hacer llegar un mensaje al mayor número de gente posible.

Acceder a la red significa cumplir un requisito indispensable: llevar más de un año cotizando como empresa. «Esa limitación dificulta el inicio, que quizá es el momento en el que el apoyo es más necesario», indica Laura García, socia de Chameleon.

La Junta, a través del Cemart, también tiene subvenciones a la producción de espectáculos, que ascendieron a 270.000 euros en 2016 y se dirigen tanto a teatro, como a danza, espectáculos multidisciplinares y música. «No funcionan tan bien como debieran. Te financian hasta el 60%, pero es obligatorio invertir el 100% del presupuesto presentado y no recibes el dinero hasta el año siguiente, lo que te estrangula económicamente», lamenta Bazo.

Las pequeñas salas privadas también reciben ayudas públicas para poder pervivir –160.000 en total, según el Cemart– y se buscan muchos modelos de contratación para programar espectáculos, ya que no forman parte de la Red de Teatros, algo que han solicitado en más de una ocasión. «Esto sirve para que mucha gente nos diga que el teatro siempre está subvencionado, pero es que es un servicio público que debería estar mantenido, como la Sanidad y la Educación», cree Iglesias. «Hay que hacer visible el teatro como algo cultural y no solo de entretenimiento», apostilla García, que a pesar de las dificultades considera que se puede vivir de las artes escénicas, «pero hay que trabajar mucho y hacerlo muy bien».

Amateur

Una realidad diferentes viven las compañías amateur, principalmente porque no tienen que vivir de las representaciones que realizan. En Extremadura hay más de medio centenar de agrupaciones de aficionados. En Fatex (Federación de Asociaciones de Teatro de Extremadura) hay 51 asociadas. «Son casi todas la existentes, aunque puede haber alguna más», comenta José Martínez, presidente de la federación.

Cuentan con sus propios circuitos regionales apoyados por las administraciones públicas, con los que hacen dos o tres actuaciones al año, y con varios certámenes y festivales, así como una convivencia anual. «Salimos muy baratos, porque nuestra rentabilidad es social. Sin nosotros hay muchos pueblos que no tendrían ocio teatral», explica Martínez.

En estas agrupaciones se ensaya todo el año. «Solo buscamos aprender y mejorar», detalla Teyo Rodríguez, actor amateur de Cambaluz Ateneo. Lleva cuatro años en este mundo y, además de acudir a clase de interpretación en una academia, se ha embarcado en diversos proyectos. «Invertimos tiempo y dinero porque nos encanta lo que hacemos».