Hoy

De Cáceres capital

Cacereños paseando por Cánovas. :: hoy
Cacereños paseando por Cánovas. :: hoy
  • En Badajoz no entienden esta expresión cacereña de orgullo urbanita

Cuando en mi ciudad preguntamos a alguien de dónde es, si responde que es de Cáceres, inmediatamente le pedimos una especificación muy importante: «¿Pero eres de pueblo o de Cáceres capital?». Si nuestro interlocutor es de pueblo, lo reconocerá con actitud contrita y culpable, como si lo hubiéramos pillado en una grave falta, parece incluso que pidiera perdón por ello: «Bueno, sí, soy de pueblo». Sin embargo, si ha nacido en la capital, se ofenderá por la solicitud de aclaraciones y negará indignado: «No, no, no...», antes de proclamar orgulloso: «Yo soy de Cáceres capital».

Lo habitual es que no haga falta llegar al interrogatorio. El cacereño de toda la vida responderá al interés por su origen con esa fórmula tradicional, que los niños cacereños aprenden al tiempo que balbucean papá y mamá: «De Cáceres capital». Expresión que no se pronuncia de cualquier manera, sino deletreándola pomposamente, haciendo una pausa dramática tras Cáceres y poniendo un énfasis declamatorio decimonónico en lo de capital. Que quede clarito el origen y el pedigrí.

Si nuestro interlocutor es de Plasencia, Coria o Navalmoral, aún tiene un pase, pero si es del resto de la provincia, se suele generalizar al hablar de él y se le ubica en un limbo rural indeterminado utilizando la expresión: «Es de un pueblo 'pahí'». Parece lógico, entonces, que de los cientos de partidos de fútbol que el Cacereño ha jugado a lo largo de su historia, el más recordado sea aquel en el que la afición placentina afrentó a la capital enarbolando en la Ciudad Deportiva José Sanz Catalán aquella famosa pancarta que rezaba así: «La ciudad de Plasencia saluda al pueblo de Cáceres».

El otro día, fui de excursión a Portugal con 70 pacenses y a la hora de la comida no entendían la fórmula: «De Cáceres capital» porque en Badajoz, cuando te preguntan de dónde eres, si respondes que de Badajoz, todo el mundo entiende que naciste en la capital, y si eres de pueblo, dejas claro desde el principio que naciste en Magacela, en Berlanga o en Carmonita. Y no pasa nada.

En Cáceres, no, aquí especificamos lo de la capital, no vaya a ser que alguien crea que somos de la provincia y llegamos al bar La Parada de la Plaza Mayor hace 40 años en una furgoneta con un maletón y nos quedamos. A Fernando Tomás Pérez González, recordado director de la Editora Regional, le hacía mucha gracia esa distinción entre los cacereños DTV (De Toda la Vida) y los cacereños DKW (la famosa furgoneta colectiva de los taxistas de los pueblos cacereños). Recuerdo una tarde, en el bar del quiosco de la música de Cánovas, tras la presentación de un libro de Álvaro Valverde, comentando Fernando y un servidor cómo los cacereños DKW llegaban a la ciudad y enseguida descubrían que para gozar de los mismos privilegios que los DTV (ser atendidos con deferencia en hospitales, bancos y el Múltiples o tener más facilidades para colocar a los hijos), tenían que meterse en política, de ahí el hegemónico poder rural en algunos partidos.

En la comida con 70 pacenses, había un matrimonio mixto de cacereño con esposa pacense en el que la señora siempre había vacilado al marido por esa tontería incomprensible del: «De Cáceres capital». Mi mujer, que proclama en cuanto puede que ella es de pueblo y lo suelta con claro afán provocador, se parte de risa cuando nos cruzamos con algún paisano de mi madre, ceclavinera de toda la vida llegada en DKW en los años 40, que me grita: «¡Eh, ceclavinero!». Yo estoy muy orgulloso de esa raíz materna, pero soy otro tonteras del Cáceres capital y, al escuchar el grito, se me demuda la cara mientras mi mujer se troncha y yo acelero escapando del trance ruralizante. ¡Qué ciudad!