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Varias personas por el cacereño paseo de Cánovas. :: jorge rey
Varias personas por el cacereño paseo de Cánovas. :: jorge rey

¿Extremadura acoge?

  • Inmigrantes y refugiados se adaptan a su manera a nuestras ciudades

En la primera planta de mi edificio hay un piso de acogida para refugiados. Unos son palestinos y otros tienen diferentes países de origen. Hasta hace poco, cuando salía de casa a las ocho de la mañana, me los encontraba en el patio exterior del edificio, fumando un cigarrillo, bebiendo un café y con poco abrigo. Nos saludábamos amablemente y se notaba que agradecían cada sonrisa, pero también se notaba que no acababan de pillarle el truco al invierno extremeño porque mantenían la inercia de sus tierras cálidas y, aunque tiritaban, seguían tomando su café madrugador al aire libre, en chanclas y en camiseta, como mucho con una sudadera por encima. En estos días de temperaturas cercanas a los cero grados, ya no se les ve en el patio. Deben de tomarse el café en casa y ya parecen haber asumido que, en Cáceres y en enero, es mejor desayunar calentito y a cubierto.

Los inmigrantes y los refugiados en Extremadura se adaptan a su nueva realidad como en el resto del mundo: asumiendo las costumbres populares y los gustos sencillos. Como dice Eduardo Mendoza, se adaptan por abajo, por el fútbol y la televisión, no leyendo a Cervantes ni a Ortega y Gasset. Los del primero de mi edificio van cada mañana a clase con sus carpetas y ya hablan español con mediana soltura. En eso, se parecen a nuestros abuelos, que llegaban a Dusseldorf o a Zúrich sin saber una palabra de alemán y al mes se manejaban con cierta soltura en lo cotidiano.

En Cáceres, hay una costumbre que ejerce una sorprendente atracción sobre los extranjeros y actúa como elemento acogedor. Se trata de la subida a la Montaña, independientemente de que luego entren o no en el santuario de la patrona. Ascender a la Montaña es uno de los hábitos que enseguida practican los jóvenes erasmus. Los inmigrantes sudamericanos también descubren pronto los efectos saludables para el cuerpo y el espíritu de esta dura subida y últimamente se ven algunos inmigrantes chinos de primera y de segunda generación que suben en pareja o en soledad.

En el entorno de esa subida, hay una fuente llamada Fuente Fría de la que mana un agua buenísima para los garbanzos. Y yo no sé cómo se las ingenian para enterarse tan rápidamente, pero he llegado a conocer a una pareja de jóvenes colombianos que a la semana de estar en Cáceres ya iban a por agua para las legumbres a Fuente Fría. Su caso no es único entre los inmigrantes hispanos. Allí cerca, en unas pistas de futbito, practican este deporte los inmigrantes africanos y sudamericanos mientras las chicas ecuatorianas y colombianas juegan partidos de voleibol. Un domingo, después de comer, descubrí a una pareja de hispanos haciendo el amor en un olivar cercano. Yo hice como que no los veía, ellos, también, y cada uno a lo suyo.

Los inmigrantes van descubriendo la ciudad y sus costumbres, creando sus mundos y asimilando lo que más les atrae. En mi carnicería, les cortan la carne a su gusto y en bares por Moctezuma o Reyes Huertas les preparan platos como el ceviche o las arepas y a la hora del fútbol, potente elemento de adaptación, como dice Mendoza, estos y otros bares son los escogidos para ver los partidos agrupados por nacionalidades.

Hay un espacio en la ciudad que acoge con especial intensidad a los inmigrantes: el paseo de Cánovas, en cuyos bancos se sientan a disfrutar del sol y la vegetación. Prefieren zonas alejadas del bullicio cacereño de la zona de columpios. Pero bueno, Cánovas siempre ha sido así, muy de sectores y si antes había Catetolandia y Cursilandia, ahora hay Columpiolandia y el resto.

Y así, habituándose a los ritos ciudadanos, inmigrantes y refugiados de primera generación parece que se van haciendo cacereños o extremeños porque lo que sucede en Cáceres se repite en el resto de la región. Será la segunda generación, ya formada aquí y con muertos enterrados aquí, la que nos diga si se siente acogida o simplemente soportada.