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Una discapacitada lleva todo el curso sin ir a su centro por falta de transporte

La madre y el hermano de Raquel, junto a ella en su vivienda de Tornavacas. ::
La madre y el hermano de Raquel, junto a ella en su vivienda de Tornavacas. :: / Andy Solé
  • «Lo que nos está ocurriendo es una vergüenza y nadie nos da una solución», se queja su familia

Raquel Muñoz Pérez es una chica de 22 años que sufre parálisis cerebral y que reside en la localidad de Tornavacas, en el Valle del Jerte. Tiene asignada una plaza en el centro de Placeat, en Plasencia. Sin embargo, desde el pasado septiembre, desde que comenzó el curso escolar, no ha podido ir ni un solo día porque no tiene el transporte adaptado que requiere para los traslados.

«Desde entonces, desde septiembre, estamos reclamando una solución, que alguien nos escuche y que nos facilite una fórmula para que mi hermana pueda acudir al centro», explica su hermano José Ángel.

Es él quien lleva desde septiembre en casa de sus padres atendiendo a su hermana. «No puedo trabajar como profesor en Madrid hasta que se nos dé una solución, porque mi madre se ha roto un brazo y hoy no puede ocuparse de Raquel, que requiere una atención permanente», añade.

Raquel estuvo hasta los ocho años en el colegio público de Tornavacas. Después continuó en el Ponce de León, ya en Plasencia, hasta la edad máxima posible, que son los 21. «Y el pasado curso se le asignó una plaza en Placeat», concluye José Ángel Muñoz.

El Servicio Extremeño de Promoción de la Autonomía y Atención a la Dependencia (Sepad) optó por este centro sabiendo de antemano, según recuerda el director de Placeat, «que la ruta de transporte que se nos tiene asignada no incluye Tornavacas, por lo que no podemos ocuparnos del traslado de Raquel», señala Francisco Valverde. «De hecho su familia –como también recuerda el hermano– lleva tiempo solicitando plaza en el Camp de Plasencia, que es el centro adaptado para los que sufren parálisis cerebral y están en silla de ruedas».

Lo cierto es que el pasado curso, el primero en el que Raquel estuvo en Placeat, pudo asistir a diario porque el Sepad llegó a un acuerdo con la Consejería de Educación que posibilitó que el transporte del Ponce de León, en el que la joven había viajado los años anteriores, siguiera ocupándose de ella.

«Pero este curso Placeat sigue sin tener transporte hasta Tornavacas y la nueva empresa que se encarga de la ruta del Ponce de León no tiene un vehículo adaptado que permita llevar y traer a mi hermana en su silla de ruedas». Por ello desde el pasado septiembre Raquel lleva sin acudir a Placeat. «Llevamos desde entonces reclamando una solución a la Junta y nadie nos la da; creemos que lo que nos está ocurriendo es una vergüenza absoluta que requiere que la gente la conozca», añade el hermano.

«Lo cierto es que el Sepad le asignó una plaza en un centro que sabe que no tenemos ruta hasta Tornavacas, por lo que la familia entiende que lo que está ocurriendo es una poca vergüenza y que la administración está fallando estrepitosamente», zanja Valverde.

Mientras el Sepad no dé esta solución, «mi hermana continuará cada día en casa, sin poder relacionarse, sin poder estar con otras personas como ella, aburrida en una rutina que la entristece y perjudica, porque al parecer nadie sabe cómo hacer posible que Raquel pueda ir a Placeat cada día», dice José Ángel.

Su familia ha propuesto finalmente a la Junta que sea la taxista de Tornavacas la que lleve y recoja a Raquel cada día, «porque el taxi del pueblo sí está adaptado». La propuesta fue planteada en diciembre, con el fin de que tras las vacaciones navideñas la joven pudiera iniciar por fin el curso. «Pero a día de hoy seguimos sin respuesta».

El Sepad, por su parte, asegura que se ha ofrecido en dos ocasiones a la familia de Raquel «la posibilidad de acceder de forma inmediata a una de las escasas plazas vacantes del Servicio de Residencia de Apoyo Extenso, en el que podría recibir atención integral las 24 horas del día los 365 días del año con las intervenciones terapéuticas que precisa la usuaria». Sin embargo, «la familia rechazó esta posibilidad al no estar ubicada la plaza en el Camp de Plasencia, a unos 60 kilómetros más cerca de Tornavacas que el ofrecido por el Sepad (ubicado en Las Hurdes según la familia)».

Por eso insiste en que, aunque continúa gestionando otras alternativas, «y dada la importancia de retomar la intervención con la usuaria a la mayor brevedad posible, era idóneo que aceptaran el ingreso en un servicio residencial distinto, aunque más alejado para, posterior e inmediatamente, solicitar el traslado al Camp cuando haya una vacante».

La familia insiste en que su prioridad es que, «mientras sea posible, mi hermana vaya al centro y vuelva a casa cada día; por eso solo necesitamos un transporte».